Dos alumnos reabren el debate sobre la enseñanza de homeopatía y terapias alternativas en la universidad pública

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La acupuntura no ha demostrado de forma concluyente su eficacia EFE

 Y tú, ¿qué opinas?

Varios centros de enseñanza superior ofrecen cursos y posgrados de prácticas que se han demostrado ineficaces o cuya eficacia aún no ha sido demostrada

La Universidad de Barcelona ha eliminado su master en homeopatía por “falta de base científica” y su vicerrector ha asegurado a eldiario.es que “se revisarán todos los cursos que estén en esta línea”

A principios del mes de marzo la Universidad de Barcelona decidió eliminar de su oferta formativa el máster sobre homeopatía por “falta de base científica”. La decisión se tomó poco después de que un estudiante iniciara una campaña de recogida de firmas pidiendo la supresión de este curso. Varios días más tarde, otro estudiante de la Universidad de Santiago realizó una petición a través de la misma plataforma para que se eliminaran varios programas sobre terapias alternativas que se imparten en dicho centro.

Las iniciativas planteadas por estos dos estudiantes han sacudido la plácida realidad en la que viven muchas universidades públicas españolas, que continúan ofreciendo cursos de especialización y posgrados sobre prácticas que la comunidad científica ha demostrado que son ineficaces o cuya eficacia aún no ha sido demostrada.

Universidades como Pablo Olavide en Sevilla, la de Zaragoza o la de Valencia, ofrecen cursos en distintas disciplinas como homeopatía o acupuntura. Un centro adscrito a la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid organizó cursos de reiki, pero la universidad conminó a retirarlos. “Debemos garantizar que en la universidad se enseñen prácticas que estén científicamente demostradas” y eliminar aquellos cursos que ofrecen “información que básicamente es falsa, especialmente cuando va dirigida a profesionales que van a ofrecer atención sanitaria”, explica a eldiario.es Borja Merino, estudiante de medicina de la USC y principal impulsor de una de las campañas.

Se cierran algunos cursos y se reabren otros

Al igual que ha hecho la UB, durante los últimos años otros centros, como las universidades de Sevilla y Córdoba, han decidido eliminar sus programas de homeopatía. Sin embargo, muchos de estos centros vuelven a ofertar cursos similares cada cierto tiempo e incluso la propia UB sigue manteniendo otro posgrado sobre acupuntura, una práctica sobre cuya efectividad tampoco existen evidencias sólidas.

Respecto a esta situación, el vicerrector de Política Académica de la UB, Gaspar Rosselló, ha asegurado a este diario que mantendrán la “coherencia” y que “se revisarán todos los cursos que estén en esta línea, para ver la viabilidad de cada uno y decidir si se continúa o no”. Rosselló ha asegurado que “en el seno de la universidad siempre ha habido una preocupación acerca de esta formación” y que “siempre ha habido divergencias sobre su viabilidad científica”.

“Yo fui uno de los incautos”

Muchos de estos posgrados están orientados a licenciados en medicina, enfermería y fisioterapia, que buscan una formación complementaria que a menudo está avalada por colegios oficiales. Uno de ellos es el fisioterapeuta Eduardo Fontdevila, que realizó un máster de acupuntura muy similar al que hoy se imparte en la USC. “Yo fui uno de los incautos”, dice a eldiario.es, “hice el curso porque en aquel momento era una formación que estaba avalada por el Colegio Oficial de Fisioterapeutas y porque me había gustado el enfoque de una salud más integradora”.

Sin embargo, Fontdevila, que hoy es profesor asociado de la Escuela Universitaria de Fisioterapia de la Universidad de Cantabria, terminó abandonando la práctica de la acupuntura por sus escasos resultados y por tener un corpus teórico poco científico. “Yo apoyo un acercamiento racional a las prácticas médicas, así que lo mismo que le exijo al paracetamol se lo exijo a la acupuntura. No es aceptable que se coloque un producto cuya eficacia no se ha comprobado”, asegura.

La acupuntura no ha podido demostrar su eficacia

Al contrario de lo que sucede con la homeopatía o el reiki, de los que no existen estudios que justifiquen su eficacia, la acupuntura sí ha contado históricamente con estudios favorables. De hecho, la Organización Mundial de la Salud publicó en 2004 unas directrices en las que se asegura que “la eficacia de la acupuntura, tratamiento popular para aliviar el dolor, ha sido demostrada tanto en numerosos ensayos clínicos como en experimentos de laboratorio”, e incluso publicó una guía práctica de esta disciplina en 2002.

Sin embargo, la OMS se basa en una revisión de estudios científicos realizada por la propia organización en 1996. Investigaciones más recientes indican que esta práctica no tiene un efecto significativo en la mayoría de los casos y según señala un informe sobre terapias naturales encargado en el año 2011 por el Ministerio de Sanidad, “el efecto analgésico de la acupuntura en distintas situaciones clínicas de dolor es mínimo y sin suficiente relevancia clínica”.

Un resultado similar al encontrado recientemente por el Instituto Nacional de Salud británico que, tras realizar un análisis de 30 estudios, ha concluido que el efecto de la acupuntura para mitigar el dolor de espalda no es superior al placebo. Tras este resultado, la institución va a modificar su guía de recomendaciones, en cuya versión preliminar se afirma explícitamente que “no se debe ofrecer la acupuntura para tratar el dolor de espalda no específico con o sin ciática”.

Un negocio para las universidades

La demanda social de algunas de estas terapias y el vacío legal existente han provocado que sigan apareciendo cursos en universidades y centros educativos de todo tipo. “Hay que tener en cuenta que, por una parte, las universidades ganan dinero con esto y, por otra, quieren evitar el enfrentamiento con algunos compañeros”, explica a eldiario.es Manuel Collado, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago y uno de los firmantes de la petición de la USC.

Además, Collado señala que, al crecer el número de médicos que han tenido este tipo de formación, crece la presión en los colegios médicos por hacer secciones especificas de estas prácticas. “Es una gran bola de nieve que ha ido creciendo, hasta el punto de que muchos colegios médicos ya no exigen a sus colegiados que cumplan con un principio básico de la deontología médica: nunca aplicar una terapia que no esté suficientemente comprobada”.

 Fuente : eldiario.es  http://www.eldiario.es/sociedad/pseudociencia-terapias_alternativas-universidad_0_500450875.html

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La educación como negocio y los estudiantes como consumidores (o la muerte de la Universidad)

BAJO EL PARADIGMA NEOCAPITALISTA, LA EDUCACIÓN SUPERIOR HA MARGINADO A LAS HUMANIDADES Y RENEGADO DEL ESPÍRITU ORIGINAL DE LA ACADEMIA

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El profesor Terry Eagleton ha hecho un diagnóstico de las instituciones de educación superior en Gran Bretaña en el que considera que las universidades están terminalmente enfermas, al menos si continúan abrazando un modelo clientelar de enseñanza. El sistema británico es sin duda distinto a los sistemas universitarios que se pueden encontrar en países latinoamericanos, sin embargo la tendencia de concebir la educación como un negocio, de desplazar las humanidades en favor de carreras técnicas y de fomentar el pensamiento utilitario en detrimento del pensamiento crítico se puede observar de manera global, por lo que podemos extrapolar en cierta medida el análisis de Eagleton a nuestros países particulares, aunque seguramente habrá algunas excepciones.

Eagleton, escribiendo para Chronicle, se enfrasca en una franca diatriba en contra del sistema universitario de su país, en el cual ha servido y del cual ha obtenido beneficios económicos. Si bien hay que tomar con un grano de sal su condena de “la muerte lenta de la Universidad”, también debemos reconocer sus credenciales, especialmente en defensa de las humanidades, siendo profesor emérito de inglés y autor de decenas de libros. La seriedad del diagnóstico puede parecernos exagerada, pero si recuperamos el sentido original del mundo académico (la Academia que proviene de la escuela fundada por Platón), no es del todo equivocado. Regresando al origen, la filosofía platónica concibe que el fin de la educación es abrir el ojo interior, o el ojo de la mente, una forma de percibir desde una profundidad psíquica desarrollada a través de la vida filosófica. EnLa República, Platón señala que “lo que la educación debería ser, es el arte de la orientación” y que no se debe “implantar una visión” en la mente, sino simplemente enseñar a ver puesto que, como los prisioneros en la cueva, muchas veces ni siquiera hemos desarrollado un ojo (metáfora de la mente o del alma) capaz de distinguir las sombras de la fuente de la luz. En otras palabras, esta educación está basada en un principio práctico de enseñar a pensar y no qué pensar, desarrollando la capacidad de percepción individual. Esta es también la esencia del método socrático, en el que el individuo llega a sus propias conclusiones ejercitando la dialéctica. De igual manera, siendo fiel a la filosofía platónica, la educación idealmente no sólo cultiva la razón del individuo, sino desarrolla su capacidad intuitiva, la cual es una forma superior de conocimiento según Platon, permitiéndole acceder a la noesis. Podemos ver este espíritu académico al servicio del alma humana, por ejemplo, en Erasmo de Rotterdam y en el génesis mismo del Renacimiento, ligado al surgimiento de las primeras universidades europeas y a la circulación de las ideas de Platón y Aristóteles, entre otros filósofos.

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Teniendo esto en mente, analicemos el estado de las universidades, siguiendo el diagnóstico del doctor Eagleton. El principal problema que detecta Eagleton es que las universidades han sido cooptadas por el modelo económico neocapitalista, haciendo que su operación y valores sean casi idénticos a los de una corporación. Teniendo un puesto a nivel de dirección en Oxford, Eagleton señala que sintió la necesidad de renunciar cuando descubrió que “esperaban que me comportara como un CEO más que como un académico”. Esto es seguramente una administración en favor de los intereses políticos y económicos de la universidad y no en favor de la cultivación de las mentes de los universitarios. Este modelo, nos dice el profesor Eagleton, está siendo adoptado a lo largo del mundo anglosajón a partir de Stanford y el MIT, universidades que han creado el modelo de la universidad empresarial. La creciente “bizantina burocracia” de las universidades cree que está manejando “General Motors”; y entonces quizás podemos extender la metáfora automotriz a los estudiantes como autómatas, corriendo mecánicamente con un solo programa básico: capitalizar económicamente sus estudios.

La enorme cantidad de dinero que circula en las universidades, permite que parafraseemos al escritor de ciencia ficción y fundador de la cienciología, L. Ron Hubbard, quien famosamente dijo que si uno quería hacerse millonario debía fundar una religión. Hoy en día si uno quiere hacerse rico parece un buen plan de negocios fundar una universidad.

Eagleton nos dice que cuando “los profesores se convierten en gerentes, los estudiantes se convierten en consumidores”. La regla de la administración de que “el cliente siempre tiene la razón” reencarna en el mundo universitario en profesores que “fracasan si el estudiante reprueba” y en cursos hechos a la medida para estudiantes que responden a modas y caprichos intelectuales, por lo cual vemos cursos de “vampirismo en vez de victorianismo, sexualidad en vez de Shelley, fanzines en vez de Foucault, el mundo contemporáneo en vez del medieval”. Perdemos entonces también la memoria histórica, entendiendo que, regresando a Platón, aprender es esencialmente recordar.

El modelo económico dominante está ligado a una política tecnocrática, y por lo tanto las “humanidades son las que más están siendo orilladas”. Se distribuyen fondos y becas en las universidades para la ciencia, la medicina y la ingeniería, pero “se ha dejado de entregar recursos significativos a las artes. No es disparatado cuestionarse si departamentos enteros de humanidades desaparecerán en los años siguientes. Si los departamentos de inglés sobreviven, tal vez sea sólo para enseñarles a los estudiantes de administración de empresas cómo usar el punto y coma”, dice irónicamente Eagleton (dando una pista de algo que también podríamos perder, el humor crítico del humanista). En el Renacimiento tuvimos a la Familia Medici, quienes se convirtieron en mecenas de artistas y filósofos, especialmente bajo la influencia del gran filósofo neoplatónico Marsilio Ficino, quien era llamado “doctor del alma”. Aún no se había perdido la noción de que el hombre tenía mucho que ganar –ganancias incuantificables, capital espiritual– cultivando el arte por el arte, embelleciendo su existencia. Hoy las universidades se mueven bajo el paradigma de que es la investigación científica la que genera dinero, “no los cursos en expresionismo o la Reforma”.

Al suprimir o marginar a las humanidades también perdemos la esencia de la “universidad”, el lugar en el que se expande el conocimiento de lo particular a lo universal, lo cual sugiere un amplio abanico, un encuentro de todos los mundos, una totalidad, y no sólo un limitado espectro racionalizado y atomizado conforme a la utilidad y la preponderancia económica. La palabra “universidad” pierde su sentido, y por lo tanto cuando Eagleton ve la gradual muerte de la universidad no está del todo equivocado; las instituciones educativas superiores siguen y seguirán pero tal vez las universidades estén muriendo, porque “el espíritu” original está dejando el cuerpo o el campus.

Quizás este desplazamiento de las humanidades tenga también una agenda política más perversa o al menos una utilidad poco mencionada. Puesto que, como nos dice Eagleton, el valor de las humanidades yace en que “no se conforman a las nociones dominantes”. Esto es justo de lo que hablábamos con la referencia al origen platónico de la academia: el pensamiento crítico, reflexivo e intuitivo que no se alinea con el adoctrinamiento de la estructura de poder sin antes cuestionarlo.

Observando esta tendencia y colocándose un poco en la mente de Eagleton uno piensa en la alegoría de Alphaville, la película de Godard no del todo lejana a la cueva de Platón o a la posteriorThe Matrix. Una tecnocracia en la que las humanidades están virtualmente extintas y las personas no recuerdan ya su existencia lo suficiente para poder cuestionar la realidad en la que viven. La película de Godard es hiperbólica, una reimaginación de los estados totalitarios en un momento en el que Stalin y Hitler estaban frescos en la conciencia; sin embargo, también es sensible a los mecanismos de propaganda occidentales que utilizan la tecnología como herramienta fundamental de programación de las masas, literalmente implantando imágenes en nuestra mente y no enseñándola a discernir. Tal vez Eagleton exagera, al igual que Godard, y las universidades y nuestra sociedad no están en un curso decadente. Lo que preocupa, sin embargo, es que podamos llegar a un punto en el que ya ni siquiera seamos capaces de percibirlo, y que como ente social hayamos perdido la capacidad de ejercer un pensamiento crítico o que ese mismo pensamiento crítico sea tan marginal que no tenga ningún peso e influencia en las decisiones colectivas. Entre la marcha irrefrenable del materialismo, del capitalismo y del progreso cientificista, con sus poderosas máquinas siempre encendidas, es difícil escuchar y darle importancia a la voz del arte y del alma humana.

Twitter del autor: @alepholo

Tomado de : Pijamasurf.com

La trampa del 3+2 y del 4+1

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Manifestación contra el 3+2 en la universidad.

 

El objetivo estaba claro desde el principio, ya en el año 1999: se acabó eso de que todo el mundo pueda estudiar en la Universidad

Hay un clamor en contra del llamado “3+2” que reducirá los grados universitarios de cuatro a tres años y aumentará a dos años los másteres a precios prohibitivos. Sin embargo, me temo que nos están tendiendo una trampa mortal y me impacienta que no se repara mucho en ella.

Y es que, el Plan Bolonia se impuso con tales niveles de mentiras de por medio que ahora es muy difícil orientarse. Desde el principio, todo fue una especie de extorsión mafiosa: no te obligamos a nada, pero te vamos a poner en unas condiciones en las que tú mismo entrarás por el aro. Bolonia son lentejas que las puedes tomar o las puedes dejar, aquí todo es voluntario. Y al final todo quedaba claro. ¿Tu Universidad no quiere proponer másteres a la evaluación de la ANECA? No pasa nada,  podéis seguir sólo con la licenciatura. ¿No queréis convertir la licenciatura en Grado? No pasa nada, podéis ser una Facultad que solo imparta postgrado. ¿No queréis ser evaluados? Es voluntario, no hay  problema, pero las otras universidades ya se están evaluando -y desde luego las privadas-, de modo que cuando haya que recortar facultades y departamentos ya veremos por dónde se empieza. ¿No os gustan las empresas? ¿No  queréis financiación “externa”? ¿Y quién os obliga? Eso sí, para obtener financiación pública es un mérito (cada vez más imprescindible) haber obtenido financiación privada. Todo este chantaje institucional se encubrió con unas dosis de propaganda grotesca. Se recordará -¡qué vergüenza ajena, por dios!- cómo nos decían que iban a cambiar el modelo de enseñanza, la cultura del aprendizaje, que las aulas tendrían que ser más pequeñas, las clases más prácticas, los alumnos sentaditos en círculos, dialogando de tú a tú con el profesor. ¿Ya nadie se acuerda de esto? ¿No se recuerdan los telediarios que hacían propaganda encubierta de una empresa llamada Educlick, que proponía que los profesores fueran sustituidos por mandos a distancia para manejar powerpoints interactivos? Ana Pastor me hizo callar en 59”, interrumpiéndome a los 23 segundos, cuando intenté denunciar que el Informe Semanal sobre Bolonia había sido un puro ejercicio de propaganda. Sé que es difícil de creer, pero, según ese programa, las clases iban a ser tan prácticas y tan alegres que, en las imágenes, salían unos alumnos de oceanografía que -supuestamente gracias a la implantación del plan Bolonia- estaban haciendo submarinismo en unos arrecifes de coral.  Algunas autoridades académicas daban conferencias explicando que se iba a intentar habilitar pequeñas cocinitas en las aulas, para que los profesores y los alumnos -a los que a veces también podía “sumarse algún artista invitado”- pudieran picotear durante las clases, charlando apaciblemente. No estoy exagerando, tengo pruebas documentales de todo esto. En algún curso de preparación para la  Convergencia Europea se nos llegó a aconsejar al profesorado técnicas de anti-estrés, proponiéndo darnos mutuamente masajes en los pies. Para todo este delirio, se movilizó -como siempre ha sido habitual en estas ocasiones- a “expertos en educación” y pedagogos que emitían terribles informes sobre lo mal que saben enseñar los profesores, que, al parecer, siempre son viejos, feos, anticuados o medio franquistas y se limitan a repetir como loros unos apuntes amarillentos que datan del pleistoceno. El papel de estos “expertos en educación” siempre es el mismo: ponerlo todo patas arribas, revolver los destrozos con un potingue de promesas delirantes y calumnias sin sentido, mezclarlo  bien con alguna que otra verdad, y servir en bandeja el resultado a las autoridades gubernamentales. Entonces, estas se ocupan  de lo que siempre se había pretendido: una reconversión económica de la enseñanza estatal.

Este diagnóstico lo repitió mil y una vez el movimiento estudiantil contra Bolonia. No hay que insistir más en ello. Lo que me interesa recordar en este artículo es algo que tiene que ver con el asunto del 3+2 que ahora Wert ha empezado a poner sobre la mesa.  Esta vez también es todo voluntario. Nadie obliga a implantar el 3+2. Las Universidades e incluso las Facultades pueden decidir lo que prefieran. Pero que conste, se nos dice, que en Europa predomina el 3+2.

En general, la reacción del movimiento estudiantil ha expresado un rotundo NO al 3+2. Sin embargo, a mí me parece que una vez más nos han metido en un callejón sin salida en el que el sí y el no conducen al mismo desastre. Se trata de una maniobra de distracción. Voy a intentar explicarme recordando otra de las vilezas con las que inicialmente nos colaron el plan Bolonia. En una de las encarnizadas negociaciones con las autoridades académicas, se nos llegó a recriminar nuestro incomprensible alarmismo apocalíptico, alegando que, si nosotros hubiéramos querido, podríamos perfectamente haber dejado las carreras como estaban, con el 3+2 que ya existía: tres años de diplomatura y dos de licenciatura. Así, se nos dijo, no habríamos tenido que tocar nada. Ni masajes en los pies, ni mesas redondas y cocinitas para alumnos, ni culturas del aprendizaje para enseñar a enseñar, ni nada. Habría bastado un mero cambio de terminología, llamando grado a la diplomatura y máster a la licenciatura. El cinismo era inaudito porque nos lo decían cuando ya habíamos hecho trizas nuestros planes de estudio para pasar por los “verificas” de la ANECA. La realidad era muy  distinta, y se podía  resumir con franqueza: se acabaron los precios públicos para cinco años de licenciatura;  provisionalmente, nos proponían conformarnos con cuatro (de grado). Y el quinto o sexto de estudios superiores que  se los pague quien pueda. Eso era todo y punto.

Luego fue mucho peor. Los alarmistas nos habíamos quedado cortos. Un año de licenciatura costaba 600 euros de media y de pronto se colocó el año de grado en unos 1.500 (1.800 si hacemos una estimación media incluyendo la brutal subida de las segundas y terceras convocatorias). Los precios públicos se multiplicaron por tres. En cuanto al 5º curso de los estudios superiores, que antes costaba 600 euros, ahora aparecía como máster a unos 3.500 euros más o menos (llegando a 4.500 con segundas convocatorias). Es una villanía pretender que esta cruda realidad económica no fue, desde el principio, el principal objetivo de tanta algarabía.

Ahora nos quieren de nuevo confundir, haciéndonos morder el anzuelo y agotarnos en la lucha contra el 3+2. No, señores, el 3+2 no es el problema. Antes de Bolonia teníamos un “3+2”  magnífico (diplomatura + licenciatura) a precios sensatos. Y en Europa, es verdad, predomina el  3+2 y no pasa (relativamente) nada. ¿Saben por qué? Porque un máster en Leipzig o en Berlin cuestra 200 euros al semestre (y te dan el abono de transporte gratis). En París, cuesta 180 euros. En Dinamarca, Bulgaria, República Checa, Bélgica,  Suecia, Noruega, Eslovaquia, Islania, Finlandia y Austria los precios son inferiores a los 400 euros.

¿No se trata de converger con Europa? Pues empecemos por los precios y luego hablamos de eso del “tres más o dos” o lo que sea. Que no nos engañen. Bolonia no cortó  las carreras en dos más que con la finalidad de reducir los años que se podían estudiar a precios públicos sensatos. Ahora quieren recortar aún más. Pero que no nos vengan con cuentos sobre la racionalización europea del 3+2. Bienvenido sería un 3+2 a precios europeos. Y si no van a cambiar los precios, por supuesto, luchemos por el 4+1. Pero teniendo muy claro que esto es ya una inmensa derrota sobre la cuestión económica principal. Tengamos esto muy presente en todas las discusiones que se avecinan sobre el tipo de Universidad que se quiere proponer, por  ejemplo, desde Podemos.

Y mientras tanto, recordemos que la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, se descolgaba el otro día diciendo que el modelo actual de la universidad estatal es insostenible. Uno se pregunta: ¿Y por qué fue sostenible durante tantas décadas justo en la época más masificada del boom demográfico? ¿Cómo es entonces sostenible en Alemania, en Francia o en Finlandia? Con muchos impuestos, dijo. Pues habría que estudiar las proporciones. El PP, en todo caso, es contrario a subir los impuestos. Y mucho menos a subir su carácter progresivo y afectar a las grandes fortunas. Tampoco es partidario de aumentar el número de inspectores fiscales hasta llegar al nivel europeo. Menos aún de ponerles a investigar el fraude a gran escala. Así es que ya saben ustedes, comuníquenselo a sus familiares, a sus padres, a sus abuelos y a sus conocidos y allegados: si usted quiere suprimir la Universidad estatal en la que estudiaron las últimas generaciones y reservar la Universidad para una escogida élite adinerada, vote al PP. También existe la opción de llegar al mismo resultado votando al PSOE: al fin y al cabo, fue este último partido quien llevó la iniciativa en la implantación del Plan Bolonia. Ahora sólo hay que rematar la faena. El objetivo estaba claro desde el principio, ya en el año 1999: se acabó eso de que todo el mundo pueda estudiar en la Universidad. Nosotros fuimos universitarios, nuestros hijos y nuestros nietos no lo serán.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/trampa_6_362273792.html

 

Podemos Educación Madrid contra el 3+2 y en apoyo a la huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes 25 y 26 Feb

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PODEMOS EDUCACION rechaza con la mayor rotundidad el decreto aprobado el pasado viernes sobre ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales.

Constata que se trata de un paso más en la sistemática destrucción de los servicios públicos, con el único fin de que los causantes de la crisis sigan aumentando sus beneficios a costa del empobrecimiento de la mayoría. Después de años de asfixia económica en la Universidad Pública ha llegado el momento de darle el golpe de gracia, como se está intentando hacer a la Sanidad Pública.

Recuerda los recortes que ha sufrido la universidad: 1.523 millones de euros menos en cuatro años; las tasas han subido más de tres veces respecto a 2007; las becas se redujeron 300 € de media en 2014 y se ha expulsado a 45.000 estudiantes.

Informa de que un curso de máster cuesta en media más del doble que uno de grado.

Advierte de las consecuencias del decreto: encarecimiento de los estudios, desaparición de grados y disminución del número de profesores, con su consiguiente repercusión en la calidad de la enseñanza. Además producirá exclusión, porque sólo los que puedan pagar los elevados precios de los másteres podrán recibir la formación que antes recibían todos los universitarios. Los demás serán medio-universitarios.

Reitera que el decreto cumple el objetivo prioritario de incrementar el negocio de las Universidades Privadas, ya que tienen un 27% de los estudiantes de máster frente a un 13% de los de grado.

Hace notar la incoherencia de que un mismo grado pueda durar tres años en una Universidad y cuatro en otra, y que homogeneizar los títulos con otros países europeos es sólo una excusa. Para homogeneizar la Universidad Pública con la de la mayoría de los países europeos también habría que igualar las tasas de grado y máster, y reducir drásticamente los precios.

Avisa de que es un decreto tramposo. Aunque asegura que las Universidades podrán elegir voluntariamente entre el 4+1 y el 3+2 no es cierto, a partir de que una universidad opte por el 3+2 el efecto domino hará el resto.

En resumen la aplicación de este decreto a partir de Septiembre de 2015, o en 2017 como pide la CRUE beneficiará a las/los:

► Universidades privadas que aumentarán su negocio a costa de la pública.

► Élites económicas que no competirán en igualdad de condiciones con los hijos de los trabajadores

► Bancos que obtienen un nuevo área de negocio para sustituir las hipotecas: los préstamos a estudiantes.

► Multinacionales.

Y perjudicará a:

► Los alumnos que tendrán que pagar más por su educación, y en la mayoría de los casos endeudarse para poder estudiar

► La Universidad Pública que verá reducido el número de alumnos, de profesores y su financiación

► La calidad de la enseñanza que se reducirá y se moverá por criterios mercantilistas

► La sociedad que habrá perdido el mayor igualador social: la educación pública

Por todo ello PODEMOS EDUCACIÓN exige la retirada inmediata de dicho decreto y apoyará cuantas medidas de protesta (huelgas, manifestaciones, etc.) se convoquen para ese fin, como la huelga general estudiantil ya convocada por el Sindicato de Estudiantes para los próximos 25 y 26 de febrero.

Círculo Podemos Educación Madrid

La educación de las “mejores universidades” produce “borregos excelentes”

EL PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE YALE, WILLIAM DERESIEWICZ, EXPLICA POR QUÉ LAS UNIVERSIDADES CON MAYOR PRESTIGIO DEL MUNDO PRODUCEN EXITOSOS AUTÓMATAS, DE UNA INTELIGENCIA SUPERIOR PERO SUPERFICIAL, PREPARADOS PARA ENCAJAR EN LOS ROLES QUE SE HAN DISPUESTO PARA ELLOS EN LOS ALTOS ESCALAFONES DE LA SOCIEDAD PERO SIN SABER POR QUÉ ESTÁN AHÍ O QUÉ ES LO QUE EN REALIDAD QUIEREN

POR: PIJAMASURF – 02/10/2014 A LAS 11:10:58

Las universidades más prestigiosas convierten a los jóvenes en zombies o una cepa de súper-zombies exitosos, con alto IQ, que no saben lo que quieren y que hacen las cosas para estar dentro del programa, sostiene William Deresiewicz, profesor de la Universidad de Yale y autor del libro Excellent Sheep.

Universidades como las de la Ivy League son la forma que tienen los ricos de mantener el orden establecido generación tras generación y, si bien los hijos de millonarios y políticos se benefician de escalar en la sociedad de manera automática, su vida como individuos se ve perjudicada. En The New Republic,Deresiewicz escribe:

Estos envidiables jóvenes aparentan ser los ganadores de la carrera en la que hemos convertido la niñez. Pero la realidad es diferente… Nuestro sistema de educación élite manufactura jóvenes que son inteligentes, talentosos y tienen motivación, sí, pero también ansiosos, tímidos, extraviados, con poca curiosidad intelectual y sentido de propósito: atrapados en una burbuja de privilegio, marchando dócilmente en la misma dirección, excelentes en lo que hacen pero sin tener idea de por qué lo están haciendo.

La metáfora que usa es la de “borregos”, extraordinarios autómatas infatuados por el ego y el dinero:

Autoexaltación, estar al servicio nada más que de ti mismo, una buena vida pensada sólo en términos del éxito convencional (riqueza y estatus) y ningún compromiso real con el aprendizaje, el pensamiento, y con convertir el mundo en un mejor lugar.

Víctimas de una enorme presión de ser parte de la burbuja de éxito que han asumido como su prerrogativa existencial, no salen nunca de la trayectoria establecida (a menos de que revienten): “al no tener margen para el error, evitan la posibilidad de cometerlo”. Deresiewicz sigue con los símiles entre el ganado, revirtiendo la imagen de la élite: “Es casi como un experimento cruel con animales. Cada vez que ven que la luz roja se enciende, tienen que pulsar el botón”.

En su propia experiencia como profesor, descubrió “un pacto de no agresión” entre profesores y estudiantes, los cuales son “clientes” que reciben buenas calificaciones a cambio de un mínimo esfuerzo para que puedan seguir su ascenso curricular (todo se trata de llenar un currículum que debe ajustarse a la apariencia de la grandeza: buenas calificaciones, organizaciones caritativas, deportes, etc.).

Wall Street recluta a estas ovejas de alto pedigree: “Wall Street se dio cuenta de que las facultades están produciendo una gran cantidad de licenciados muy listos y completamente centrados en el trabajo, que tienen una gran resistencia mental, una buena ética de trabajo y ni idea de lo que quieren”.

Deresiewicz concluye que “las universidades de la élite no sólo tienen poca influencia en revertir el movimiento a una sociedad menos inicua; sus políticas activamente la promueven”. Este es el paradigma de la alta educación, que programa personas eficientes para que ocupen roles preestablecidos, pero no genera personas que cuestionen la sociedad y la realidad. Como sugiriera el director John Singleton en la película Higher Learning, actualmente es más importante “desaprender” que aprender; desprogramarnos y deshabituarnos para individuarnos.

Fuente : http://pijamasurf.com/2014/10/la-educacion-de-las-mejores-universidades-produce-borregos-excelentes/

La macdonalización de la Universidad

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Macdonalización es un término muy utilizado por diversos sectores cuando pretenden denunciar la conversión de un ámbito determinado al neoliberalismo más crudo. Es el término que utiliza Enrique Javier Díez Gutiérrez en su acertado artículo : “La macdonalización de la educación superior”, publicado en la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 72 (25,3) (2011), pp.59-76. Enrique Javier Díez presenta su artículo a través del resumen que aparece en primer lugar y que, por ser muy completo y sintético, reproducimos aquí, como entrada de lo que puede ser la lectura completa del artículo mencionado, que,  creemos, no decepcionará o dejará indiferentes a sus lectores:

El neoliberalismo se ha convertido en el “telón de fondo” de los ajustes de la política en la educación superior a nivel mundial, que no se limitan ya al recorte en la asignación de recursos o a su privatización, sino que afectan básicamente a los núcleos centrales del ideario educativo y a las políticas pedagógica. Los conflictos que se dirimen en la educación superior no son más que una parte de la crisis más general de la política y de la ciudadanía en el capitalismo global. Con el argumento de que la educación superior debe atender a las demandas sociales, se hace una interpretación claramente reduccionista de qué sea la sociedad, poniendo a la universidad al exclusivo servicio de las empresas y se centra la formación en preparar exclusivamente el tipo de trabajadores y trabajadoras solicitados por éstas. Las inversiones en la educación superior y los currículos deben ser pensados de acuerdo con las exigencias del mercado y como preparación al mercado de trabajo. El papel público de la educación superior como campo de entrenamiento para la democracia y para la ciudadanía democrática se ha pasado a considerar como un despilfarro del gasto público, siendo reemplazado por el punto de vista que la empresa privada tiene de la función de la enseñanza superior: un campo de entrenamiento para atender las necesidades de las empresas.  La persona trabajadora “flexible” y “polivalente” constituye así la referencia del nuevo ideal pedagógico.

El problema de fondo es el marco global en el que se inscribe y la filosofía que orienta esta reforma que parece desplegar un funcionamiento mercantil de la educación en Europa. Porque esta reforma no parece tratar de poner la universidad al servicio de la sociedad para hacerla más justa, más sabia, más universal, más equitativa, más comprensiva, sino de adaptar la universidad al mercado, una parte muy concreta de la sociedad, cuyas finalidades no se orientan precisamente hacia la justicia, la comprensividad o la equidad.

¿Qué está fallando? ¿La ciudadanía o la democracia?

Gert Biesta, profesor de Educación y Director de  Investigación en la Escuela de Educación de la University of Stirling responde a  esta pregunta en el último número de  Adults Learning :  Necesitamos una democracia mejor, no mejores ciudadanos, título del interesante artículo que publica en la mencionada revista.

En él se cuestiona si el buen ciudadano es el que encaja, el que va con la marea y es parte indiferenciable del todo, o bien si el buen ciudadano no es más bien el que se diferencia de la multitud, el que va contracorriente y se resiste a la tendencia, aquel que está, en cierto modo,  “fuera de lugar”.

Por otra parte, las discusiones sobre ciudadanía se centran intensamente en la cohesión social y la integración y en la calidad y la fuerza del tejido social.

El aumento en la atención política que se da a la ciudadanía puede verse como una respuesta a una crisis social y a una crisis de la democracia. Pero los conceptos sociales o políticos de ciudadanía no son iguales y no deberían confundirse.

Para Biesta, la atención no debería concentrarse en decir a los ciudadanos que lo que necesitan es aprender a ser mejores ciudadanos, sino que debería centrarse  en mantener lugares y espacios donde puede tener lugar la experiencia de la democracia.

Como colofón, Biesta afirma recordando que la universidad es una de las grandes instituciones públicas de la época actual, uno de los lugares importantes de nuestra sociedad en los que la experiencia de la democracia puede llevarse a cabo y, por tanto, uno de los más importantes bastiones de la democracia.  Si la democracia comienza en casa, deberíamos, en consecuencia, preocuparnos por nuestra casa académica y defender el carácter público de la universidad contra incursiones del mercado – contra los continuos y actuales intentos de conducir la universidad de acuerdo a la lógica del mercado- y contra las incursiones de la esfera privada- contra los intentos de redefinir la universidad en términos de ganancias y beneficios privados.

Para seguir leyendo : Biesta, Gert. “We need better democracy, not better citizens”. En : Adults Learning, winter 2011, vol. 23, nº 2, pp.26-33