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Fotografías de las bibliotecas más antiguas, hermosas y sorprendentes del mundo

Si se tuviera que hacer una selección de los lugares en donde la naturaleza de la humanidad se encuentra cifrada en sus cualidades más características, sin duda la biblioteca formaría parte de ese catálogo hipotético.

Y menos por criterio romántico que por uno objetivo: si bien la biblioteca reúne algunas de las mejores cualidades de nuestra especie —el amor al conocimiento, el regocijo estético, el trabajo colectivo, etc.- por otro lado no es menos cierto que las bibliotecas pueden reflejar también las características menos loables de nuestra cultura: la injerencia del poder en la búsqueda de conocimiento, la censura, la marginación de otros puntos de vista, etc. De este modo, en la biblioteca se reúnen los extremos y los matices de lo que hemos sido a lo largo de la historia.

Para celebrar la de estos recintos compartimos una selección de fotografías de las bibliotecas más hermosas del mundo, las más admirables, también algunas de las más antiguas. En todos los casos, núcleos que reúnen al tiempo que apartan, en esa dialéctica tan característica de nuestro desarrollo cultural.

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Biblioteca Oberlausitzische de Ciencia, Gorlitz, Alemania

 

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Jp Morgan Library, Nueva York

 

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La Biblioteca Olvidada

 

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Biblioteca Nacional de Latvia, Riga

 

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Trinity College Library, Dublín

 

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Monasterio de St. Florian, Austria

 

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Biblioteca Nacional, Praga, República Checa

 

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The Old Public Library Of Cincinnati, Ohio

 

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Handelingenkamer Tweede Kamer Der Staten-generaal Den Haag Iii, Holanda

 

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Bibliothèque Nationale De France, París

 

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Bibliothèque Sainte Geneviève, París

 

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Biblioteca Nacional de China

 

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Biblioteca José Vasconcelos, México

 

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Biblioteca Real Gabinete Portugues De Leitura, Rio De Janeiro

 

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Biblioteca Admont, Austria

 

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Fuente : Pijamasurf.com

 

La trampa del 3+2 y del 4+1

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Manifestación contra el 3+2 en la universidad.

 

El objetivo estaba claro desde el principio, ya en el año 1999: se acabó eso de que todo el mundo pueda estudiar en la Universidad

Hay un clamor en contra del llamado “3+2” que reducirá los grados universitarios de cuatro a tres años y aumentará a dos años los másteres a precios prohibitivos. Sin embargo, me temo que nos están tendiendo una trampa mortal y me impacienta que no se repara mucho en ella.

Y es que, el Plan Bolonia se impuso con tales niveles de mentiras de por medio que ahora es muy difícil orientarse. Desde el principio, todo fue una especie de extorsión mafiosa: no te obligamos a nada, pero te vamos a poner en unas condiciones en las que tú mismo entrarás por el aro. Bolonia son lentejas que las puedes tomar o las puedes dejar, aquí todo es voluntario. Y al final todo quedaba claro. ¿Tu Universidad no quiere proponer másteres a la evaluación de la ANECA? No pasa nada,  podéis seguir sólo con la licenciatura. ¿No queréis convertir la licenciatura en Grado? No pasa nada, podéis ser una Facultad que solo imparta postgrado. ¿No queréis ser evaluados? Es voluntario, no hay  problema, pero las otras universidades ya se están evaluando -y desde luego las privadas-, de modo que cuando haya que recortar facultades y departamentos ya veremos por dónde se empieza. ¿No os gustan las empresas? ¿No  queréis financiación “externa”? ¿Y quién os obliga? Eso sí, para obtener financiación pública es un mérito (cada vez más imprescindible) haber obtenido financiación privada. Todo este chantaje institucional se encubrió con unas dosis de propaganda grotesca. Se recordará -¡qué vergüenza ajena, por dios!- cómo nos decían que iban a cambiar el modelo de enseñanza, la cultura del aprendizaje, que las aulas tendrían que ser más pequeñas, las clases más prácticas, los alumnos sentaditos en círculos, dialogando de tú a tú con el profesor. ¿Ya nadie se acuerda de esto? ¿No se recuerdan los telediarios que hacían propaganda encubierta de una empresa llamada Educlick, que proponía que los profesores fueran sustituidos por mandos a distancia para manejar powerpoints interactivos? Ana Pastor me hizo callar en 59”, interrumpiéndome a los 23 segundos, cuando intenté denunciar que el Informe Semanal sobre Bolonia había sido un puro ejercicio de propaganda. Sé que es difícil de creer, pero, según ese programa, las clases iban a ser tan prácticas y tan alegres que, en las imágenes, salían unos alumnos de oceanografía que -supuestamente gracias a la implantación del plan Bolonia- estaban haciendo submarinismo en unos arrecifes de coral.  Algunas autoridades académicas daban conferencias explicando que se iba a intentar habilitar pequeñas cocinitas en las aulas, para que los profesores y los alumnos -a los que a veces también podía “sumarse algún artista invitado”- pudieran picotear durante las clases, charlando apaciblemente. No estoy exagerando, tengo pruebas documentales de todo esto. En algún curso de preparación para la  Convergencia Europea se nos llegó a aconsejar al profesorado técnicas de anti-estrés, proponiéndo darnos mutuamente masajes en los pies. Para todo este delirio, se movilizó -como siempre ha sido habitual en estas ocasiones- a “expertos en educación” y pedagogos que emitían terribles informes sobre lo mal que saben enseñar los profesores, que, al parecer, siempre son viejos, feos, anticuados o medio franquistas y se limitan a repetir como loros unos apuntes amarillentos que datan del pleistoceno. El papel de estos “expertos en educación” siempre es el mismo: ponerlo todo patas arribas, revolver los destrozos con un potingue de promesas delirantes y calumnias sin sentido, mezclarlo  bien con alguna que otra verdad, y servir en bandeja el resultado a las autoridades gubernamentales. Entonces, estas se ocupan  de lo que siempre se había pretendido: una reconversión económica de la enseñanza estatal.

Este diagnóstico lo repitió mil y una vez el movimiento estudiantil contra Bolonia. No hay que insistir más en ello. Lo que me interesa recordar en este artículo es algo que tiene que ver con el asunto del 3+2 que ahora Wert ha empezado a poner sobre la mesa.  Esta vez también es todo voluntario. Nadie obliga a implantar el 3+2. Las Universidades e incluso las Facultades pueden decidir lo que prefieran. Pero que conste, se nos dice, que en Europa predomina el 3+2.

En general, la reacción del movimiento estudiantil ha expresado un rotundo NO al 3+2. Sin embargo, a mí me parece que una vez más nos han metido en un callejón sin salida en el que el sí y el no conducen al mismo desastre. Se trata de una maniobra de distracción. Voy a intentar explicarme recordando otra de las vilezas con las que inicialmente nos colaron el plan Bolonia. En una de las encarnizadas negociaciones con las autoridades académicas, se nos llegó a recriminar nuestro incomprensible alarmismo apocalíptico, alegando que, si nosotros hubiéramos querido, podríamos perfectamente haber dejado las carreras como estaban, con el 3+2 que ya existía: tres años de diplomatura y dos de licenciatura. Así, se nos dijo, no habríamos tenido que tocar nada. Ni masajes en los pies, ni mesas redondas y cocinitas para alumnos, ni culturas del aprendizaje para enseñar a enseñar, ni nada. Habría bastado un mero cambio de terminología, llamando grado a la diplomatura y máster a la licenciatura. El cinismo era inaudito porque nos lo decían cuando ya habíamos hecho trizas nuestros planes de estudio para pasar por los “verificas” de la ANECA. La realidad era muy  distinta, y se podía  resumir con franqueza: se acabaron los precios públicos para cinco años de licenciatura;  provisionalmente, nos proponían conformarnos con cuatro (de grado). Y el quinto o sexto de estudios superiores que  se los pague quien pueda. Eso era todo y punto.

Luego fue mucho peor. Los alarmistas nos habíamos quedado cortos. Un año de licenciatura costaba 600 euros de media y de pronto se colocó el año de grado en unos 1.500 (1.800 si hacemos una estimación media incluyendo la brutal subida de las segundas y terceras convocatorias). Los precios públicos se multiplicaron por tres. En cuanto al 5º curso de los estudios superiores, que antes costaba 600 euros, ahora aparecía como máster a unos 3.500 euros más o menos (llegando a 4.500 con segundas convocatorias). Es una villanía pretender que esta cruda realidad económica no fue, desde el principio, el principal objetivo de tanta algarabía.

Ahora nos quieren de nuevo confundir, haciéndonos morder el anzuelo y agotarnos en la lucha contra el 3+2. No, señores, el 3+2 no es el problema. Antes de Bolonia teníamos un “3+2”  magnífico (diplomatura + licenciatura) a precios sensatos. Y en Europa, es verdad, predomina el  3+2 y no pasa (relativamente) nada. ¿Saben por qué? Porque un máster en Leipzig o en Berlin cuestra 200 euros al semestre (y te dan el abono de transporte gratis). En París, cuesta 180 euros. En Dinamarca, Bulgaria, República Checa, Bélgica,  Suecia, Noruega, Eslovaquia, Islania, Finlandia y Austria los precios son inferiores a los 400 euros.

¿No se trata de converger con Europa? Pues empecemos por los precios y luego hablamos de eso del “tres más o dos” o lo que sea. Que no nos engañen. Bolonia no cortó  las carreras en dos más que con la finalidad de reducir los años que se podían estudiar a precios públicos sensatos. Ahora quieren recortar aún más. Pero que no nos vengan con cuentos sobre la racionalización europea del 3+2. Bienvenido sería un 3+2 a precios europeos. Y si no van a cambiar los precios, por supuesto, luchemos por el 4+1. Pero teniendo muy claro que esto es ya una inmensa derrota sobre la cuestión económica principal. Tengamos esto muy presente en todas las discusiones que se avecinan sobre el tipo de Universidad que se quiere proponer, por  ejemplo, desde Podemos.

Y mientras tanto, recordemos que la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, se descolgaba el otro día diciendo que el modelo actual de la universidad estatal es insostenible. Uno se pregunta: ¿Y por qué fue sostenible durante tantas décadas justo en la época más masificada del boom demográfico? ¿Cómo es entonces sostenible en Alemania, en Francia o en Finlandia? Con muchos impuestos, dijo. Pues habría que estudiar las proporciones. El PP, en todo caso, es contrario a subir los impuestos. Y mucho menos a subir su carácter progresivo y afectar a las grandes fortunas. Tampoco es partidario de aumentar el número de inspectores fiscales hasta llegar al nivel europeo. Menos aún de ponerles a investigar el fraude a gran escala. Así es que ya saben ustedes, comuníquenselo a sus familiares, a sus padres, a sus abuelos y a sus conocidos y allegados: si usted quiere suprimir la Universidad estatal en la que estudiaron las últimas generaciones y reservar la Universidad para una escogida élite adinerada, vote al PP. También existe la opción de llegar al mismo resultado votando al PSOE: al fin y al cabo, fue este último partido quien llevó la iniciativa en la implantación del Plan Bolonia. Ahora sólo hay que rematar la faena. El objetivo estaba claro desde el principio, ya en el año 1999: se acabó eso de que todo el mundo pueda estudiar en la Universidad. Nosotros fuimos universitarios, nuestros hijos y nuestros nietos no lo serán.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/trampa_6_362273792.html

 

Los errores que hacen del sistema de financiación universitario un modelo “insostenible”

  • Las principales rémoras del sistema son la disparidad de gasto según la comunidad autónoma a la que pertenezca el alumno, demasiadas universidades iguales y un sistema de becas ineficaz.
  • Los expertos coinciden en señalar que el modelo de financiación universitario debería apostar por nuevos mecanismos para captar ayudas: mecenazgos, donaciones y participación privada.

Las declaraciones realizadas hoy por la Secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, cuestionando el sistema de financiación de las universidades españolas ha iniciado el sempiterno debate de quién tiene que pagar la universidad.

España cuenta con un modelo de financiación universitaria descentralizado por Comunidades Autónomas, donde la financiación, provisión y producción de la enseñanza universitaria son esencialmente públicas, cubriendo el 75% del coste total.

Aunque en las tres últimas décadas se ha producido una financiación creciente y gradual de origen público, la crisis económica iniciada en 2007 ha revertido esa tendencia dando argumentos a quienes aseguran que el sistema actual es insostenible. La inversión pública destinada a las universidades disminuyó en España un 11% entre 2008 y 2012, lo que se tradujo en un recorte de 1.168 millones de euros.

“Creo que el riesgo para el sistema universitario español es que se mantengan los intensos recortes de estos pasados años y que no se disponga de la financiación suficiente para responder a las exigencias de calidad que se le piden y para afrontar los nuevos y complejos retos que se le plantean. No se puede pedir que las universidades españolas estén en la cúspide de los ranking y al mismo tiempo dejarlas sin los recursos necesarios para conseguirlo”, señala el Catedrático de Estructura Económica de la Universidad de Oviedo, Juan Antonio Vázquez García.

En términos de financiación, España se sitúa en niveles inferiores a los de los países desarrollados de su entorno. Tanto el gasto total como por alumno están por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).  En España se destina el 1,1% del PIB a universidades frente al 1,9% que dedica Dinamarca, modelo que siempre se ha tomado como referencia. En España se gasta 10.600 euros por alumno universitario frente a los 17.120 euros que destina el país nórdico, donde la universidad no sólo es gratuita sino que también proporciona una ayuda económica por alumno de unos 390 y 785 euros al mes. Un sistema muy garantista sostenible a cambio de un sistema impositivo muy alto.

“Es preciso un serio compromiso de optimización y reorientación, que revise viejas inercias, que oriente los esquemas presupuestarios al cambio y que responda a la necesidad de proceder a nuevos ajustes entre oferta y demanda de los servicios universitarios” apunta el profesor Juan Antonio Vázquez García.

Entre esas viejas inercias destaca la disparidad de gasto según la Comunidad Autónoma a la que pertenezca el alumno. Desde que se produjo la última fase de la descentralización de esta materia en 1996 la evolución de la financiación universitaria ha sido distinta, ya que cada una ha desarrollado sus propias políticas universitarias. Esta descentralización ha potenciado las diferencias hasta tal punto que estudiar una carrera en Madrid cuesta de media 1.820 euros frente a los 713 que cuesta en Galicia.

Otras de las deficiencias que hacen del sistema universitario español un sistema imperfecto y poco eficiente es la apuesta por el modelo de proximidad en detrimento de la especialización. Esto provoca que haya carreras ofertadas con menos de 20 alumnos nuevos.

Según datos oficiales del Ministerio de Educación, en España hay más de millón y medio de universitarios distribuidos en 83 universidades, 50 de ellas públicas, 200 campus, 2.676 grados y más de 4.000 másteres.

Aunque a primera vista pueda parecer que haya demasiadas facultades, si hacemos la media en España hay una 1,03 universidades por cada millón de habitantes, tasa muy parecida a la que hay en Italia (1,2), Alemania (1,07) o Francia (1,24). Estos datos arrojan lo que los expertos llevan denunciando desde hace tiempo, que hay demasiadas universidades iguales y todas ofrecen todas las titulaciones.

Otro de los aspectos que merman nuestro sistema universitario según los expertos es un ineficaz e insuficiente sistema de becas.

“La equidad cobra su significación más importante desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades y de la garantía de que el acceso a la educación no dependa de los niveles de renta, y de ahí la importancia de garantizar un adecuado sistema de becas que en nuestro país ha presentado simultáneamente problemas de suficiencia (por su escaso volumen), de eficiencia (por el modo en que se ha gestionado) y de equidad (por sus propios resultados) y en el que se requiere aún un impulso decidido para acercarse a los niveles medios europeos, aumentando significativamente el número de becarios”, asegura el catedrático Juan A. Vázquez.

Según un informe de la Conferencia de Rectores de las Univerdades Españolas (CRUE), en los dos últimos años, la beca anual por alumno de educación superior ha disminuido cerca del 10%, es decir, que cobran 2.838 euros al año, 336 euros menos. El número de beneficiarios ha subido un 5,4% (hasta 322.000 en 2014) pero ha bajado un 5,8% el importe total de las ayudas, 909 millones de euros.

“Es necesario, sin duda, reflexionar y reformar los mecanismos de financiación universitaria y disponer de sistemas estables de financiación que permitan despejar incertidumbres y facilitar a las universidades el desarrollo de planes a medio y largo plazo. Un sistema de financiación reformado debe contar con incentivos y “recompensas” en función de resultados y ha de orientarse fundamentalmente como mecanismo de cambio e innovación en las universidades”, destaca Vázquez.

¿El modelo de EEUU o el nórdico?

Desde el Ministerio de Educación plantean que “la ecuación imposible” de la financiación universitaria española, que cuenta con “una de las mayores tasas de acceso a la universidad, una de las tasas más bajas de matricula de toda la UE, impuestos bajos y casi ninguna selección para entrar en la Universidad” es imposible de mantener.

“Es muy necesaria, sin duda, una reflexión sobre la orientación y los mecanismos de la financiación universitaria. Pero lo que no me parece sostenible es que se base en argumentos como los que utiliza el ministerio y en una actitud con la que se comporta como agente externo al sistema universitario (y a veces, incluso, al propio gobierno), poniéndolo repetidamente en cuestión. Si lo considera insostenible, su responsabilidad de gobierno es decir lo que piensa hacer para que resulte sostenible y, si plantea dos modelos contrapuestos, su responsabilidad como gobierno es decir a los electores y a la sociedad por cuál se piensa decantar”, insiste Vázquez.

Tras cuestionar el sistema de financiación español, la secretaria de Estado de Educación ha puesto como ejemplos “el de Estados Unidos, donde el estudiante tiene que costearse prácticamente todos los estudios o los países nórdicos en donde no pagan prácticamente nada a cambio de unas impuestos altos”.

Si esas son las referencias en las que se va a fijar el Gobierno para buscar nuevas fórmulas de financiación, una tendencia hacia el modelo americano supondría un encarecimiento importante de las matrículas que rompería con el sistema, más o menos garantista, que impera en Europa.  “Tomar como referencia el sistema americano supone desconocer la situación bien diferente que domina en la gran mayoría de los sistemas universitarios europeos y que compone un pilar de esa gran construcción europea que es el Estado de Bienestar, que habrá que reformar para mantener pero no para proponerse su desaparición”, advierte el catedrático Juan A. Vázquez.

Si se toma como referencia el modelo nórdico, donde la universidad es plenamenta gratuita y además cuenta con un sistema de ayudas complementarias, se deberia de elevar la carga impositiva para poder implantar un sistema tan garantista. Una posibilidad que queda descartada en pleno año electoral.

“Con estas propuestas, el ministerio entra unilateralmente en unas competencias de financiación universitaria que parece haber olvidado que tienen las Comunidades Autónomas y descuida las suyas propias en la mejora de sistemas como el de becas, en el que nuestro país tiene importantes déficits comparados y en el que se han registrado significativos retrocesos en estos años”, subraya Vázquez.

Mecenazgo, donaciones y participación privada

La falta de financiación debido a los recortes en gasto público por parte de las Administraciones ha suscitado el interés de las universidades por buscar nuevos mecanismos para obtener recursos privados. En este sentido, un estudio elaborado por el Doctor José Antonio Martínez (Instituto de Estudios Fiscales) y la Doctora Carmen Pérez Esparrells (Universidad Autónoma de Madrid) hablan concretamente de “la captación de fondos privados filantrópicos (fundraising)”.

Según la definición dada por Pérez-Esparrells y Torre, el fundraising sería “la búsqueda de recursos económicos de origen privado, voluntarios y eventuales (mecenazgo y patrocinio), que respondan a motivos filantrópicos y de interés para la institución de educación superior”.

Lejos de alcanzar la cultura de filantropía universitaria que existen en otros países como EEUU, hay universidades públicas españolas que han explorado esta estrategia de financiación para mantenerse. Es el caso, por ejemplo, de la Universidad Carlos III, que haciendo honor a su lema “La pública diferencia”, lanzó hace unos años una campaña de captación de fondos entre antiguos alumnos y ha puesto en marcha la iniciativa ‘Amigos de la UC3M’, dirigida a antiguos alumnos y empresas.

Además de la financiación privada, otro de las propuestas que hacen los expertos es el incremento de los rendimientos y retornos procedentes de la investigación y la transferencia de conocimiento al sistema productivo.

“La sostenibilidad del sistema público universitario requiere el replanteamiento de la financiación. Las universidades necesitan mantener sus inversiones en las actividades académicas, pero, sobre todo, su investigación futura para continuar cumpliendo su papel de motor de cambio en la sociedad”, apuntan el Doctor José Antonio Martínez y la Doctora Carmen Pérez Esparrels en su artículo La financiación de las universidades públicas españolas: un instrumento para el cambio.

“La financiación privada ha de concebirse como complementaria y no sustitutiva de la financiación pública, que lejos de cualquier afán privatizador lo que ha de perseguir es hacer más eficiente y mejor financiada la universidad pública española”, defiende el Catedrático Juan A. Vázquez.

Fuente : http://www.teinteresa.es/espana/universidad-sistema_de_financiacion-modelo_insostenible-errores_0_1309070827.html

 

5 maneras de hacer que los niños odien la lectura

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El analfabetismo es un gran problema en todo el mundo, llegando a afectar a países tan paradigmáticos como los Estados Unidos. De acuerdo con un estudio publicado el año pasado por el Department of Education de EEUU., 32 millones de adultos (o sea, el 14% de la población) de este país no sabe leer. 21% de adultos lee por debajo del nivel de 5º grado. Y 19% de los graduados con título secundario. Sí, personas graduadas. Esta gente realmente tiene un diploma, que generalmente se considera un símbolo de la más básica de las educaciones, pero no saben leer.

Y las cifras de analfabetismo no han mejorado en 10 años, a pesar de todos las pruebas e incentivos que se han puesto en marcha para la efectividad del profesor y del “No Child Left Behind” o el “Now Common Core”.

Pero aún más escalofriante que el número de adultos de este país que intentan la lectura es el número de gente que sabe leer pero elige no hacerlo.

Esta es la tragedia real del sistema educativo de este país. En palabras de Mark Twain : “El hombre que no lee buenos libros no tiene ventaja sobre el hombre que no sabe leerlos”.  Con todas las innovaciones modernas en la enseñanza y el rígido control que el gobierno tiene sobre lo que se enseña y cómo se enseña y cuándo se enseña…y las pruebas…, y a pesar de la cantidad de gente que el sistema produce en masa cada año con niveles de lectura “por debajo del básico”, el fallo real del sistema es el número de gente que no  quieren tener absolutamente nada que ver con la lectura…el número de personas que nunca cogerá otro libro después de la graduación en secundaria.

“Alliteracy” (algo así como no-alfabetización) es la etiqueta que se da a la epidemia creciente de desinterés general por la lectura. A diferencia del analfabetismo, la no-alfabetización afecta a los que tienen la habilidad para leer pero están completamente desinteresados en la lectura.

Pero la gente no nace con un desdén por la palabra escrita. Muchos niños están fascinados por los libros. Pero en algún momento a lo largo del crecimiento a estos niños se les expulsó del placer de leer.

¿Cómo haces para que una persona odie la lectura? He aquí algunos modos probados para eliminar cualquier rastro de placer de la experiencia lectora.

1. Libro de texto aburridos y enseñanza programada de la lectura. Lea el párrafo y responda a las preguntas. Enjuagar y repetir ad nauseam. Es una gran práctica para hacer bien los exámenes. Mantiene los balances de los editores. Y hace que las escuelas se sientan serias con respecto a la mejora de los niveles de lectura…y se crean graduados en serie listos para trabajar…que no lo están en realidad.Y hace la lectura horriblemente aburrida. Limita las materias y no inspira formas de pensar más profundas o creativas.

2. Pruebas estandarizadas. Alimenta a un niño con una firme dieta de pasajes de comprensión aburridos, precisamente como práctica para pasar “el examen”…porque eso es lo importante, ¿verdad?¿Notas de exámenes? De hecho asegurémonos de que estamos “enseñando en función del examen” siempre, dejando aparte cualquier cosa que pudiera interesar al estudiante. Nada de aprendizaje superfluo. Nada de aprender sólo porque estás interesado en ello…o, el cielo nos perdone, porque lo disfrutas. Eso no es importante. ¡Las notas del examen son importantes! La clase de ser humano en que se convierta al estudiante es irrelevante. Sólo interesa que  puedan pasar los exámenes,  y por tanto probar la efectividad de la educación de “calidad” que están ofreciendo.

De hecho, pasemos periodos completos de clases dedicados a enseñar estrategias para pasar los exámenes. Los estudiantes sólo necesitan saber pasar el examen. No hay que hacer conexiones reales al contenido del texto. Sin tiempo para compartir ideas. Sin tiempo para la reflexión. Sin tiempo para aplicar nuevos conocimientos. Sin tiempo para la reflexión o la absorción. Sólo rodea de un círculo A, B o C y pasa a la siguiente tarea sin sentido. Una vez que la lectura llega a ser una habilidad que tiene que ser evaluada y cuantificada y planificada y analizada, pierde sus cualidades personales y humanas…y especialmente la naturaleza mágica que la lectura  tiene cuando se lee por simple placer. El sistema está más preocupado por que los niños sepan leer, que por que el niño lea realmente. (Posiblemente porque eso es más difícil de evaluar, planificar y analizar).

3. Asignar tareas lectoras y pruebas y trabajos diseñados para resaltar los puntos que crees que el estudiante debería conocer. Asegúrate de que ven la literatura a través de tus valores y experiencia vital, en lugar de filtrarla a través de sus propios pensamientos y valores y realidad. Asegúrate de que hay sólo una respuesta correcta a esas preguntas y trabajos. Y asegúrate de nunca vas a dar al lector la oportunidad de decir lo que piensa realmente sobre el libro.

4. Haz de la lectura una tarea rutinaria. Una manera estupenda es a través de los diarios de lectura. Hazles escribir cuánto tiempo pasaron leyendo, con una sinopsis desprovista de significado, de lo que han leído.

Otra forma estupenda de hacer de la lectura una lata es a través de listas de vocabulario. Llena sus días con trabajo relacionado con palabras que no tengan significado fuera de su contexto. Es una práctica corriente hacer que un estudiante pare de leer si se encuentran con una palabra que no entienden. Anímales a abrir un diccionario para mirarla (Quizás incluso a copiarla e identificar la parte de la oración y el origen lingüístico y luego escribir una oración original usando esa palabra). ¡Eso es estúpido! Como adulta que ama la lectura y tiene un vocabulario bastante impresionante (a causa de la lectura, podría añadir), NUNCA suelto lo que estoy leyendo para mirar una palabra…y no estoy segura de que no me hayan forzado a hacerlo en clase. Fastidia! Interrumpe el flujo de la trama y hace de la lectura una carga y una competición. Yo desarrollé (y sigo desarrollando) mi vocabulario a partir de la lectura. Mucho. Y encontrándome las palabras una vez y otra y otra en su contexto…tienen sentido. No se necesita diccionario.

5. Hazles leer en voz alta delante de otras personas.Nada puede hacer más que un niño odie la lectura que la vergüenza, así que haz de la lectura una fuente constante de posibles fallos y de humillación pública. Haz que los niños lean en voz alta los unos delante de los otros, incluso aunque los niveles de lectura puedan ser enormemente diferentes. Y sigue adelante y haz que los lectores lentos o los cohibidos o los introvertidos lean públicamente mientras los lectores seguros y avanzados escuchan. Adelante. Haz que esos niños balbuceen las palabras o lean lentamente mientras los otros niños se ríen o pierden interés o hacen gestos. Adelante y haz que esos lectores inseguros se sientan tontos y estúpidos y avergonzados.

Para citar a Mark Twain otra vez “Si un gato se sienta en una estufa caliente, ese gato no se sentará en una estufa caliente de nuevo. A ese gato no le gustan las estufas”. Haz de la lectura una experiencia dolorosa y molesta para alguien, y esa persona va a evitarla durante el resto de su vida.

Si dejo suelta la conspiranoica que hay en mí, sugeriría que el sistema ni siquiera quiere crear lectores. De hecho, esa conspiranoica interior podría incluso postular que el sistema quiere DESANIMAR a la gente para que no lea. Quizás porque los lectores ávidos están expuestos a una fuente pensamientos y opiniones diferentes, y son más empáticos y mejores pensadores críticos. Ponderan y cuestionan y van a lo más profundo. ¿Qué mayor amenaza para “el sistema” que la gente que piensa realmente…y no sólo regurgita los patrones de pensamiento que el sistema prescribe?

Aunque pienso firmemente que la gran mayoría de los profesores son gente maravillosa y que hicieron carreras en educación por todo tipo de razones nobles y honorables, la verdad es que son subalternos en un sistema muy resquebrajado. El sistema educativo estadounidense  se ha convertido en un torrente de estrés y resultados de exámenes…un lugar donde el verdadero aprendizaje (las valiosas lecciones de vida como aprendizaje útil y poderoso) está devaluado.

Así que, ¿cuál es la respuesta? Probablemente no es fácil, pero podríamos empezar sólo con dejarles leer…lo que ellos quieran. Sin un solo pensamiento sobre cómo afecta a las notas de los exámenes o de la  graduación o cualquier otra cosa que pueda medirse.

Porque el verdadero valor de las cosas no puede ser planificado y analizado y evaluado. Así es la vida y el aprendizaje, también.

Porque…bien…la vida es aprendizaje.

Traducción libre del artículo de Alice Jones Webb en http://themindunleashed.org/2015/02/5-ways-make-children-hate-reading.html