Factores en el éxito/fracaso escolar

fracasoescolar

 

El rendimiento académico en los distintos niveles educativos es el resultado de una constelación de condicionantes. Describiremos algunos de los factores que influyen en el rendimiento académico, factores adscritos al triple ámbito psicológico, pedagógico y social.

En el ámbito personal :

* Inteligencia. Entre los distintos aspectos de la inteligencia destaca la aptitud verbal (comprensión y fluidez oral y escrita). La competencia lingüística influye considerablemente en los resultados escolares, dado que el componente verbal desempeña una relevante función en el aprendizaje.

* Personalidad. La perseverancia, en cuanto rasgo de personalidad, ayuda a obtener buenos resultados. Todo éxito requiere constancia, esfuerzo prolongado, tolerancia a la ambigüedad y a la frustración.

Los alumnos introvertidos suelen obtener mejores resultados (al menos en secundaria) que los extrovertidos.

*Afectividad. Los sentimientos positivos tienen un alto impacto sobre  el alumno, sobre todo porque pueden acrecentar su seguridad y confianza. El autoconcepto y la estima positivos y equilibrados favorecen la adaptación, el ajuste personal y el rendimiento académico.

La ansiedad elevada dificulta el rendimiento académico, interfiere en el aprendizaje porque disminuye la atención,  la concentración y la extracción de información relevante.

La inteligencia afectiva, susceptible de mejora, ayuda a los estudiantes a enfrentarse a las situaciones ansiógenas y agobiantes.

Motivación

El alumno motivado se involucra en su proceso de aprendizaje y hace lo posible por alcanzar las metas establecidas. El deseo de mejorar personalmente se suele emparejar con la necesidad de reconocimiento.

La motivación es requisito del rendimiento escolar

Hábitos y técnicas de estudio

Los hábitos (prácticas constantes de las mismas actividades) no se deben confundir con las técnicas (procedimientos y recursos). Unos y otros coadyuvan a la eficacia del del estudio. De un lado, el hábito de estudio es necesario si se quiere progresar en el aprendizaje. De otro, conviene sacar el máximo provecho a la energía que requiere la práctica intencional  e intensiva del estudio por medio de unas técnicas adecuadas.

Ámbito familiar

El clima familiar que puede ayudar a optimizar la educación y consiguientemente a neutralizar al fracaso escolar es el presidido por el afecto, la comunicación, la seguridad, el respeto, las normas, la participación y el fomento de la autonomía. En cambio, el modelo de relaciones familiares caracterizado por la falta de diálogo, la debilidad estructural o la rigidez constituye una de las causas reales de fracaso escolar y de trastornos psicopatológicos en niños y adolescentes.

Ámbito escolar-social

En general, el tipo de profesor dialogante y cercano a los alumnos es el que más contribuye al logro de resultados positivos y a la creación de un escenario de formación presidido por la cordialidad. No en vano sin comunicación no hay educación.  Por esta razón, hay que cultivar la participación a través de la interacción, el establecimiento consensuado de normas de convivencia, la implicación de los alumnos en cuanto atañe a su educación, la asunción creciente de responsabilidades, etc. ; todo lo cual permitirá a los educandos avanzar por las sendas de la maduración y la autonomía.

Extracto de : Martínez-Otero Pérez, Valentín. “Diversos condicionantes del fracaso escolar en la Educación Secundaria”. En : Revista Iberoamericana de Educación, nº 51 (2009), pp. 67-85

 

Pedagogía en la prisión

prisión

 

El centro penitenciario concentra la condición paradójica de pretender ser un espacio de castigo por la reclusión en el momento presente del interno y, además, un espacio de reeducación en el futuro del recluso. Esta contradicción obliga al saber pedagógico a matizar mejor las posibilidades educativas de los sujetos y de las instituciones penitenciarias. Tal vez sean estas dificultades, entre otras, las que den razón de que uno de los ámbitos en que la pedagogía ha entrado escasamente sea el de las prisiones. Y es extraño que no lo haya hecho cuando en algunos países, como el nuestro, el ámbito penitenciario se considera, desde la misma legislación, un proyecto de educación, no sólo de castigo, o si se prefiere de rehabilitación y reeducación.

Existen, no obstante limitaciones legales, profesionales, históricas y conceptuales a la reeducación, que no vamos a abordar aquí por su complejidad y prolijidad de razones y nos vamos a centrar en las posibilidades de la acción pedagógica en las prisiones.

Tom Ward propone un acercamiento basado no sólo en la valoración de los riesgos sino en equipar a los delincuentes con los recursos para vivir mejores estilos de vida. El modelo pretende  funcionar como un marco general para orientar el tratamiento, sin sustituir terapias y técnicas más específicas. El enfoque pedagógico tiene diferentes niveles de actuación. Uno de ellos es favorecer, precisamente, climas más humanizadores donde los sujetos se sientan reconocidos en su identidad y aspiraciones.  La herramienta privilegiada al servicio de la reinserción social es el encuentro personal con la figura real, cercana y ejemplificante de los educadores.

Desde hace unos años se han creado unos espacios diferentes dentro de algunas prisiones, los conocidos como “Módulos del Respeto”, que se alejan de los enfoques terapéuticos y clínicos. Se trata de un espacio con mirada educativa porque pretende generar una experiencia de cambio personal, basada en la libre voluntad y compromiso del interno por modificar ciertos hábitos consigo mismo, con el trato dado a los demás y a las cosas que les rodean. Son espacios con posibilidades educativas porque rompen la inercia carcelaria, las propias tendencias de la institución penitenciaria, al promover la creación de las relaciones de respeto, junto con un nivel de exigencia altísimo en el cumplimiento de numerosas normas. Hay un compromiso compartido, público y privado, hacia unas normas en el que cada interno se siente parte integrante y responsable de un espacio de confianza recíproca. El preso es, aquí, a diferencia del resto de la prisión, un agente responsable que se apropia de sus acciones, participa de los asuntos cotidianos, organiza, gestiona, en definitiva, controla la dirección positiva de su propia vida.

Estamos, pues, ante un espacio penitenciario educativo que puede contribuir al cambio porque él mismo lo es con respecto al conjunto de la prisión, y porque exige al interno que se atenga a un orden de sentido impuesto desde fuera que el mismo preso tiene que asumir, hacer suyo, para hacerse así de otro modo, con otros hábitos,  expectativas y estilos de vida.

Extracto de : Gil Cantero, Fernando. “La acción pedagógica en las prisiones. Posibilidades y límites”. En : Revista Española de Pedagogia, año LXVIII, en.-abril 2010, pp.49-64