LOS DEBERES ESCOLARES, AMPLIAR LA MIRADA

 

Carlos Soledad

La recién llamada de atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al Estado Español mediante su encuesta “Comportamiento de la salud en niños (2014)” (goo.gl/eJbm2m) ha encendido las alarmas. El estudio señala que los deberes o tareas escolares (América Latina) generan una importante presión que se traduce en estrés y que éste: se caracteriza por un incremento de comportamientos que ponen en riesgo la salud, como dolor de cabeza, dolor abdominal, de espalda, mareos y síntomas psicológicos, como sentirse triste, tenso o nervioso. Los datos duros del estudio colocan al sistema educativo español como el noveno europeo que más estresa a sus estudiantes.

También la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (OECD) ha tomado partido en su estudio: “¿Los deberes perpetúan las desigualdades en la educación? (2014)”. Sus resultados indican que el Estado Español figura como el cuarto país de la OCDE en el que los alumnos de 15 años dedican más horas a los deberes, con más de seis horas semanales. La institución advierte que mayor cantidad de horas realizadas en deberes escolares no garantiza un aumento en el rendimiento escolar. Estas denuncias han fortalecido los argumentos del movimiento anti-deberes escolares. Pero, ¿de verdad son negativos los deberes? Muchos profesionales y expertos de todas las tendencias ideológicas señalan recurrentemente sus bondades, generando una discusión circular. ¿Quiénes tienen razón?

Argumentario a favor o en contra de los deberes

A favor de los deberes se argumenta que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y de esfuerzo personal. Para algunos aportan un valor pedagógico “incuestionable”, les enseñan a ser responsables y desarrollan su disciplina. Conectan a los padres con la educación de sus hijas/os. Refuerzan y contextualizan lo aprendido en clase, refuerzan el razonamiento y la memoria. Favorecen la formación complementaria y su contacto con el entorno. Ayudan a mejorar la lectura. Fomentan el autoaprendizaje. Promueven la creatividad y el trabajo en colectivo vía reuniones o virtuales mediante las nuevas tecnologías.

Por otro lado, en contra se argumenta que los deberes crean tensión entre padres e hijos, son generadores de conflictos y castigos. La falta de tiempo y competencia de las madres y padres reproducen la desigualdad social, algunos intentan ayudarlos, otros van a clases particulares o academias, algunos no tienen ni el dinero, ni el nivel académico. El abuso genera desmotivación y fatiga añadida a la jornada dentro de la Escuela. La sobrecarga se debe a la incapacidad para enseñar lo que se debería en el horario escolar. Los alumnos ven en los deberes una prolongación de la educación inservible, el aprendizaje repetitivo, memorístico y sin contacto con el mundo real. Restringen el tiempo para otros aprendizajes igual o más importantes: tareas domésticas, relaciones sociales intergeneracionales, con la naturaleza, basadas en el ocio, el deporte y en el juego.

El movimiento anti-deberes

Incluye a personas de todas las edades y de muy variadas disciplinas, pero por supuesto también profesoras y profesores e investigadores de la Educación y la Cultura. De hecho, las primeras críticas surgieron en el ámbito académico. En los Estados Unidos llevan más de 70 años estudiando las perversiones y bondades de los deberes escolares. Durante los años 40’s y 70’s las críticas fueron implacables. Recientemente, Alfie Kohn, un gurú de la educación americana, respaldado por multitud de investigaciones, ha criticado radicalmente los deberes escolares, sentenciando que los deberes no proporcionan ningún beneficio académico para los alumnos de primaria y existen serias dudas sobre si son recomendables para los estudiantes de secundaria. También en el Reino Unido, la figura del exprofesor y director de colegio, Richard Gerver, ha tomado relevancia “Los deberes son una pérdida de tiempo y hacen más daño que bien”, quién ha tenido un éxito sin precedentes con la venta de su libro “Crear hoy la escuela del mañana” 

En 2006, dos madres nortamericanas, Sarah Bennet and Nancy Kalish publicaron un influyente libro “La lucha contra los deberesAdemás de volver al largo argumentario en contra y de señalar que no existe evidencia científica que pruebe que más deberes implican mayor rendimiento académico, apoyándose en varios estudios científicos acusaron a los deberes escolares como los responsables de la obesidad infantil, ya que el exceso de deberes limita el tiempo de juego y ejercicio. Este libro emponderó las intuiciones de muchas madres y padres en los Estados Unidos que veían en los deberes la causa de que sus hijos perdieran su infancia sentados en un pupitre.

En Europa, el movimiento anti-deberes emergió con fuerza en el año 2012, cuando la Federación de Padres de Alumnos de Francia convocó a una huelga de dos semanas sin deberes para protestar contra los trabajos forzosos de sus hijos fuera del horario lectivo. Además del argumentario clásico, se apoyaron en la prohibición legal desde 1956, de no poner tareas para casa a los alumnos entre 6 y 11 años.

En el Estado Español, la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de EspañaCEAPA, y la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos, CONCAPA también han mostrado con distintas intensidades su rechazo a los deberes escolares. En un Boletín Oficial de 1973, el Ministerio de Educación y Ciencia sentenció sobre los deberes en su primer punto: “la extensión y naturaleza de estas actividades no han sido, ni son, las más adecuadas para la correcta formación de los educandos”. Lamentablemente, este principio se olvidó en las sucesivas leyes españolas. Jesús Salido, presidente de CEAPA ha señalado que está “en contra de toda actividad obligatoria fuera del horario lectivo”Paralelamente, el movimiento por una racionalización de los deberes en los Colegios ha ido cobrando fuerza, poniendo énfasis en un proceso participativo que implique a toda la comunidad escolar y que desemboque en un protocolo que satisfaga las necesidades de todos los actores.

Ampliar la mirada

Es evidente que el debate no está cerrado. Es necesario hilar más fino. El problema no son los deberes en sí mismos, sino en el cómo se insertan en el proceso educativo, a qué metodología de aprendizaje sirven. Es útil ampliar la mirada, hacia el sistema escolar, hacia la sociedad, hacia el mundo.

Hemos de reconocer que los sistemas educativos parten de diferentes momentos. No es lo mismo el sistema finlandés, que el chino, mexicano o el del Estado Español. No son lo mismo, las sociedades donde se insertan estos sistemas educativos. Las metodologías dominantes, entendidas en un sentido amplio, cambian de un sitio a otro. Hay sistemas que permiten una mejor conciliación con el aprendizaje en familia y la vida al aire libre que otros. Pero hay un elemento que se repite globalmente, los sistemas oficiales de educación están controlados más o menos por las élites de los gobiernos o instituciones privadas que detentan el Poder. En todos lados del planeta, el currículum educativo (lo que se quiere enseñar) y el horario escolar se adapta a lo que el mercado laboral en una sociedad cualquiera necesita en ese momento. Aquellas/os inconformes que no tengan dinero extra, que no estén de acuerdo con el currículum oficial o con el horario impuesto desde arriba  y apuesten en formas alternativas de educación, normalmente podrían estar sujetos a la persecución de la ley.

Iván Illich revolucionó el pensamiento social del S.XX centrando sus críticas en la contraproductividad de las instituciones modernas. Importante precursor del actual movimiento ecologista por el decrecimiento, describió brillantemente la crisis sistémica por venir.  En su teoría de los umbrales, años 70’s, señaló como las instituciones modernas, después de determinado grado de desarrollo, se pervierten, generando lo contrario de su objetivo. La Escuela, entorpece, la Sanidad, enferma (iatrogénesis), el transporte (inmoviliza), por nombrar a algunas cuantas. El paso rutinario de toda mujer y hombre moderno por estas instituciones, tiende a normalizar la práctica, moldeando la visión de la realidad de cada una de nosotras.

Illich abogó por la “La Sociedad Desescolarizada” (1971). Muchas veces mal interpretado. Desescolarizar no quiere decir suprimir el proceso educación/aprendizaje. Contrariamente a lo que muchos analistas han expuesto sobre Illich, desescolarizar quiere decir, según su teoría de los umbrales, recuperar la proporción social adecuada para evitar que el proceso educación/aprendizaje se convierta en una imposición que limite el aprendizaje. Se trata de mantener el control del proceso educativo por las y los alumnos, de poder participar radicalmente en el proceso, de poder elegir lo que se quiere y se necesita aprender. A las instituciones que funcionan así, Illich las denominó herramientas convivenciales “La Convivencialidad” (1972).

Dicho esto, para las y los inquietos con el debate sobre los deberes escolares, es prioritario que reflexionen sobre qué tipo de herramienta de aprendizaje quieren para sus hijos. Un sistema que enseña, de forma conductista, mediante la rutina sistemática, que repetir y memorizar lo que el currículum señala es útil para obtener buenas notas, las cuáles facilitarán obtener al término de varios años graduados, un título para lograr ser empleado en un trabajo remunerado, comprar un coche y pagar una hipoteca. O, por otro lado, un sistema o herramienta convivencial, donde las niñas, niños y toda la sociedad, respetando la proporción social adecuada, participen directamente en el proceso dialógico de enseñanza/aprendizaje, logrando incidir en la creación de nuevas relaciones sociales que permitan promover la subsistencia económica de toda la sociedad y la reparación de la Madre Tierra. Es nuestra elección, es uno de los retos de nuestra generación.

Se puede luchar desde dentro del sistema educativo oficial para “forzar” metodologías más participativas o se puede intentar crear formas sin Poder desde el principio (algunas escuelas libres lo logran y otras no).  También es obvio que, entre uno y otro sistema, hay grados y cada quién debe ser libre de escoger el sistema que le apetezca. Pero, si partimos de aprender a aprender, de la interculturalidad y de la escuela inclusiva, es obvio, que prácticas como los deberes escolares abusivos, fuera del horario escolar, instruidos desde arriba, son un lastre para el aprendizaje.

 

Fuente: https://red.reevo.org/blog/view/31423/los-deberes-escolares-ampliar-la-mirada

Anuncios

Estudiar en la universidad, la última barrera educativa para los alumnos con discapacidad

 


Daniel Sánchez Caballero

Solo un 6% de las personas con discapacidad tiene una titulación universitaria en España, lejos del 40% que tiene como objetivo la Unión Europea para 2020

El escollo está en la Secundaria y el Bachillerato, dicen los expertos, de donde no pasa el 50% de estos estudiantes

La ausencia de adaptaciones curriculares para acceder a los materiales y la falta de apoyo educativo se presentan como los principales déficits

La universidad es el gran reto educativo para las personas con discapacidad. En los campus españoles hay 17.000 estudiantes que pertenecen a este colectivo (el 1,7% del millón largo que hay en total), y menos del 6% de las personas con una discapacidad tiene un título, según el III Estudio sobre el grado de inclusión del sistema universitario español respecto de la realidad de la discapacidad, de la Fundación Universia y el Cermi. El dato está lejos aún del 40% que se propone la estrategia europea para 2020. El problema, dicen los expertos, ni siquiera está ahí: la barrera está un poco más abajo, en la Secundaria y el Bachillerato.

“Se va avanzando progresivamente”, explica Isabel Martínez, comisionada de Universidades y Juventud de la Fundación ONCE, consciente sin embargo de que la estadística es pobre. “Pero hay una situación de embudo por los obstáculos que se encuentran por el camino, sobre todo en Bachillerato”, explica. Los datos confirman su teoría. La mitad de los estudiantes con discapacidad no logra ir más allá de este nivel educativo. El 50% nunca intentará siquiera pisar un campus. Con esos mimbres, difícil dar el siguiente paso y subir la tasa de graduados.

Uno de los principales problemas que se encuentran estos estudiantes se llama adaptaciones curriculares. La falta de ellas, en concreto, según explica Martínez. Los alumnos con alguna discapacidad en ocasiones necesitan que los materiales que se presentan en clase, o los exámenes, se adapten para que puedan acceder a la información en igualdad de condiciones que sus compañeros. Sin rebajar contenidos, se trata de facilitar el acceso. Para un ciego, que no se le presenten por escrito. Para un sordo, solventar su incapacidad de escuchar al profesor. Para un TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o alguien con dislexia, que se le conceda más tiempo, por ejemplo.

Sin embargo, no siempre se hace, lamenta Martínez. Aunque se podría pensar que esto ocurre más en la Universidad, un nivel educativo no obligatorio, donde no hay que preocuparse porque todos lleguen, es sobre todo en Secundaria donde se forma el escollo. “Es mucho peor esta etapa que la Universidad. Primero por los recortes en profesores de apoyo, pero también por una falta de concienciación y responsabilidad del profesorado, que es impresentable”, explica. “Gran parte de la culpa de que los chicos no accedan a la universidad viene de aquí”, asegura.

Algo que, en teoría, demostrarían los datos respecto al desempeño de las personas ciegas en Secundaria. Estos chicos tienen una tasa de abandono escolar temprano del 8%, muy por debajo de otras personas con discapacidad y la mitad que el alumnado en general, que ronda el 16% actualmente. ¿Por qué? Según Martínez, solo tiene que ver con el apoyo que estos alumnos reciben de la Fundación ONCE. “Ahí se demuestra que, cuando se dan los recursos de apoyo necesarios los chicos llegan”, explica.

Lo corroboran cuatro estudiantes universitarios con TDAH que participaron en un estudio elaborado por la Universidad de Sevilla. En un colectivo con hasta un 95% de posibilidades de abandonar los estudios universitarios, estos alumnos, casos de éxito, consideraron que lo que les había resultado de mayor utilidad durante su tránsito por el campus fue “la implicación del profesorado”, que conocieran su situación y les ofrecieran las adaptaciones curriculares (no significativas, lo que quiere decir que no se modifican los contenidos, las competencias o los objetivos) que piden los expertos.

Varón y con discapacidad física

Como estos cuatro estudiantes, el perfil del alumno universitario con discapacidad responde a un varón (el 54,4%) con una discapacidad física (46%) que estudia Ciencias Jurídicas y Sociales. La discapacidad menos presente en la Universidad es la sordera. Quizá, como le ocurrió a Juanma, por la (ocasional) falta de apoyos que este tipo de estudiante necesita sí o sí para poder seguir las clases.

La normativa española ampara el enfoque inclusivo educativo que promulga la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, a la que España está adherida. El problema, como sucede en general con los asuntos relacionados con la discapacidad, es que no se cumple. En cosas tan básicas como garantizar el acceso, tanto físico como virtual, a todas sus instalaciones, que no siempre ocurre. Que se lo pregunten a Raquel, en silla de ruedas y que ha estado tres años llegando a su clase en el tercer piso de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense porque algún alma caritativa la subía a pulso.

Por ley, este mes de diciembre acaba el plazo por el que tendría que estar garantizado este acceso total para personas con discapacidad, sea a un edificio o a una página web. Sin embargo, este objetivo está lejos de cumplirse.

Con lo que sí cuentan las universidades es con una oficina de atención al estudiante con discapacidad, donde pueden acudir a solicitar las adaptaciones y solventar cualquier problema que les surja. Y cada vez más centros realizan convenios específicos con asociaciones pro inclusión para facilitar el acceso, según explican desde Plena Inclusión, que citan los casos de las universidades de Valencia, Burgos, Comillas o Extremadura.

La última en sumarse ha sido la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), que acaba de firmar un convenio con la Fundación ONCE para rebajar sus matrículas. Como universidad a distancia que es, con todas las ventajas que eso conlleva a la hora de facilitar el acceso, la UOC es el segundo centro con más estudiantes con discapacidad de España junto a la Universidad de Valencia y por detrás de la UNED.

 

Fuente: http://www.eldiario.es/sociedad/Universidad-quimera-estudiantes-discapacidad_0_710079287.html