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“La enseñanza basada en memorizar y hacer deberes es inadecuada”

vicentebermejo

Vicente Bermejo ha tenido una larga y enriquecedora trayectoria profesional en el ámbito de la psicología y la docencia.  Comenzó como profesor ayudante en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Ginebra y ha impartido clases en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad Complutense de Madrid, de la que es catedrático emérito, o la Universidad de Berkeley (California).

P: ¿Con qué trabajo ha disfrutado más?
R: He tenido cierta pasión por la investigación con niños y la enseñanza universitaria en general. Pero me resultará un tanto embarazoso concretar un trabajo que me haya suscitado especial disfrute. Mencionaré, no obstante, dos de mis obras. El primero es el libro “El niño y la aritmética”,  que recoge y analiza los resultados de las principales investigaciones realizadas hasta el momento en todo el mundo, incluidas las mías, en el ámbito del conteo y las operaciones de sumar y restar. En cambio, la segunda obra que supuso para mí también especial deleite fue“Cómo enseñar matemáticas para aprender mejor”. El objetivo primordial de este libro residía en ofrecer colaboración para mejorar el rendimiento matemático de nuestros escolares.

P: ¿Cuántos años ha estado dedicándose a la docencia?
R: He enseñado diez años en secundaria, especialmente en el bachillerato español en Ginebra para los emigrantes españoles, y treinta y ocho años en la Universidad, hasta mi jubilación. Continúo todavía impartiendo seminarios y conferencias al profesorado de Educación Infantil y Primaria y en dos Títulos Complutense (Máster y Experto).

“Ser profesor emérito de la Complutense es un honor para mí”

P: ¿Qué sintió al ser nombrado profesor emérito de la Complutense?
R: Este Título, que por otra parte es vitalicio según el B.O.E. y los Estatutos de la Universidad Complutense, constituye un gran honor para mí.  He de confesar que, al conocer los criterios para la concesión de este Título, esperaba, por tanto, recibir este nombramiento; no obstante, fue una gran satisfacción y agradecimiento a la Institución Universitaria.

“El rendimiento de los escolares españoles en matemáticas es intolerable”

P: ¿Qué quiso conseguir con su libro ‘Cómo enseñar matemáticas para aprender mejor’?
R: El objetivo principal perseguido con esta obra fue ayudar para mejorar el rendimiento matemático de los escolares españoles que, según las evaluaciones autonómicas, nacionales e internacionales, suelen ocupar las últimas posiciones en el ranking de las puntuaciones en matemáticas. Me resulta inaceptable e intolerable el bajo rendimiento de los escolares españoles en matemáticas. Este libro pretende mostrar cómo hay que enseñar las matemáticas de una manera eficaz, si conocemos primero cómo aprende el niño las matemáticas. No olvidemos que el protagonista del aula es el niño aprendiendo.

P: ¿Qué papel tiene la psicología en la educación?
R: La relación entre la psicología y la educación es sumamente importante, pero a su vez de una amplísima extensión. Por ello, continuando con lo dicho en la pregunta anterior, me limito a resaltar cómo la psicología (evolutiva y del aprendizaje) nos muestra al niño adquiriendo unos contenidos matemáticos concretos, al mismo tiempo que la educación nos aporta el modo eficaz de su enseñanza.

La relación entre el profesor y el alumno

P: ¿Cree que el rol actual de los profesores es equivocado?
R: Me gusta ver al profesor en el aula y el alumno aprendiendo, que es el único protagonista del aula. Por tanto, si partimos de que el alumno construye sus propios conocimientos matemáticos, por ejemplo, el rol del profesor resulta manifiesto, es decir, consiste fundamentalmente en ayudar y apoyar al alumno para facilitarle la construcción de sus propios conocimientos.

“El alumno es el único protagonista del aula”

P: ¿Cómo podría mejorarse la relación entre alumno y profesor?
R: El rol del profesor se ciñe fundamentalmente a apoyar el proceso constructivo de los conocimientos del alumno. En otras palabras, el alumno es un constructor de sus propios conocimientos y el profesor es un facilitador y apoyo de los alumnos en su construcción de conocimientos. La relación profesor-alumno debe basarse, en general, en el respeto mutuo y el desempeño de sus propias funciones en el aula, como acabamos de señalar.

P: ¿Cree que el profesor tiene la autoridad que requiere su profesión?
R: Creo que últimamente se ha reforzado legalmente la figura del profesor en este sentido. Pero entiendo que debería darse por supuesta esta autoridad en el aula, enfocando, en cambio, todos los esfuerzos en la creación de un clima de confianza y de colaboración que facilite el aprendizaje y formación de los escolares, que es el objetivo de la educación.

P: ¿Cree que la enseñanza actual saca lo mejor de sus alumnos?
R: A tenor de los resultados obtenidos por los alumnos en las evaluaciones nacionales e internacionales tendría que responder a su pregunta negativamente.La enseñanza de tipo tradicional consistente en repetir lo que dice el profesor y memorizar los contenidos escolares resulta pobre e inadecuada para formar convenientemente a los alumnos. En consecuencia, el rol del profesor no consiste en imponer, mandar deberes consistentes en repetir la información que él ha ofrecido, copiar lo que el profesor ha escrito en el encerado, etc. El principal cometido del profesor consiste en ayudar, hacer pensar, apoyar, facilitar el proceso constructivo que está realizando el niño en su aprendizaje

Fuente : CUV3

 http://www.cuv3.com/2015/09/01/la-ensenanza-basada-memorizar-deberes-inadecuada/

Licencia de Creative Commons

Los estudiantes-soldado de José Antonio Marina

Competición dentro del entrenamiento de un cuerpo militar estadounidense. / US ARMY EUROPE

Elisa Ramírez, profesora en un centro público y miembro de Yo estudié en la pública.

¿Qué habría ocurrido si cualquier articulista más o menos desconocido hubiese sugerido que nuestro sistema educativo debe tomar ejemplo del modelo de entrenamiento del ejército estadounidense? Quizá poca gente se habría enterado y muchos de quienes sí lo hubieran hecho habrían considerado, con toda la razón, que quien firmaba el artículo tenía el juicio perturbado y un concepto de la educación más que sospechoso. Pero claro, “si lo dice Marina…” Pues si lo dice José Antonio Marina la propuesta sigue siendo igual de bárbara, y asusta mucho más aún, precisamente porque lo dice José Antonio Marina y hay a quienes el argumento de autoridad les basta para sustituir o complementar las tablas de la ley.

Ya el propio autor/ perpetrador de la propuesta parece anticiparse a la primera crítica posible, y, tras repasar los modelos pedagógicos que se ha dedicado a estudiar (ahora el del entrenamiento militar), advierte: “Me fijo solo en sus técnicas, no en el uso que después se hace de ellas”. Lo que equivale a obviar la finalidad con la que se diseñan y entrenan dichas técnicas; eso implica, si de educación se trata, eludir la pregunta fundamental de para qué educamos. En el artículo del ínclito Marina se presenta la respuesta, por si alguno todavía andaba despistado: para ser más rápidos que el enemigo. Ya tenemos ahí, una vez más, la educación concebida como lucha (cuánto recuerda a la “arena internacional” del primer preámbulo de la Lomce), la competitividad más brutal como motor educativo. Porque hablar de solidaridad o apostar por una finalidad humanista y humanitaria de la educación es de trasnochados, de perroflautas que creen que la educación debe servir para crear una sociedad más justa, más feliz y más igualitaria.

Muy en su línea, cita Marina el informe estadounidense, tan revelador para él: nada menos que el Army Learning Concept 2015; de él extrae entre otras la frase que comienza con: “En un entorno de aprendizaje global y altamente competitivo…” para a continuación ilustrarnos con cómo se debe educar en dicho entorno, sin que al parecer se plantee la posibilidad de que precisamente es ese entorno “altamente competitivo” el que urge cambiar. No vaya a ser que nos dé por educar a nuestras futuras generaciones para transformar el mundo. Considerar que este entorno y este mundo es el que hay que conservar y al que hay que adaptarse sí que es autocomplacencia, ya que la menciona, señor Marina. Pero claro, quienes tienen en sus manos de manera más efectiva el poder de cambiar el rumbo de una sociedad mediante leyes educativas más solidarias y equitativas (y Marina parece cosechar cada día un poquito más de influencia en nuestro país) no necesitan transformar en solidaridad la competitividad del mundo, tal vez porque casi siempre salen ganando. También los soldados estadounidenses son adiestrados en la obediencia ciega y empleados como carne de cañón para que se lucren unos cuantos.

Siguiendo con la loa del modelo militar, afirma Marina: “Esto implica un cambio pedagógico: convertir las actividades docentes en actividades de resolución de problemas, personalizar el aprendizaje, reducir las clases magistrales con ‘power point’, y utilizar actividades de instrucción apoyadas en medios virtuales”. Quien, a estas alturas, necesite leer un documento militar estadounidense para que se le ocurra reducir las clases magistrales o educar en la resolución de problemas (por citar solo dos de sus “ideas”) es que hace mucho que no pisa un aula; ya puede apellidarse Marina y leer cientos de informes de prestigio internacional. Por no hablar de la desfachatez de referirse a la superioridad militar estadounidense sin aludir siquiera a los millones de dólares que ese país invierte en armamento.

Termina el artículo afirmando que su deseo es “suscitar el sentimiento de emergencia educativa”; parece haber llegado a esta conclusión tras las palabras de Tony Wagner referidas a la universidad y al mundo de la empresa. Como si ese sentimiento de emergencia no se hubiese suscitado hace décadas entre amplios sectores de la población, que –es verdad– no gozaban del altavoz que al señor Marina le otorga su prestigio. Lo que sí tenían y siguen teniendo es una visión más lúcida de esa emergencia, que no empieza en la universidad ni en los despachos de una multinacional, sino en las aulas de las escuelas infantiles. Y es que, aunque cada vez son más los neurocientíficos que insisten en la importancia de respetar los distintos ritmos de aprendizaje de los niños y niñas, la Lomce y sus secuaces se empeñan en acelerarlos, para que desde pequeños les quede claro que deben ser rápidos, más rápidos que el enemigo.

Si algo podemos agradecer a José Antonio Marina es que cada día nos brinde más ocasiones de cultivar el espíritu crítico: nadie, por prestigioso que sea, está libre de airear mentiras, ideas perversas ni necedades. Su último artículo es un magnífico ejemplo de ello.

Fuente : https://www.diagonalperiodico.net/saberes/29048-estudiantes-soldado-jose-antonio-marina.html

7 frases que deberíamos decir a nuestros alumnos cada día

profesora

Si os pregunto qué maestro o profesor recordáis con mayor cariño, puede que lo tengáis claro (o no) pero no tardaréis en evocar momentos entrañables de la infancia. ¿Hacemos la prueba? Porque ese docente que viene a vuestra mente debía tener cualidades humanas o vocacionales que lo hacían brillar de forma especial.

Imaginad que lográsemos reunir en una larga lista los atributos que destacamos, cada uno de nosotros, de “nuestros profesores”. Estoy segura de que coincidiríamos en muchos: ¿vivía con gran pasión su vocación?, ¿escuchaba a sus alumnos?, ¿os hacía sentir únicos?, ¿os animaba y motivaba?, ¿despertaba vuestra ilusión por aprender?, etcétera.profesora Eneko

Ilustración: Eneko

Docentes, sois esto y más para vuestros alumnos, sois sus referentes. Pero me gustaría recordaros algo en lo que a veces no reparamos y realmente tiene un peso especial en nuestra relación con ellos: Hay frases que nos llenan el corazón y el alma, que nos invitan a crecer y a confiar en nosotros mismos. Hay palabras que alimentan nuestra autoestima, que nos regalan paz y felicidad; y todavía más si vienen dichas de la boca de nuestro profesor.

En este artículo quiero reclamar ese lenguaje que, por obvio, a veces no le damos el valor que tiene. ¿Os apuntáis?

“Sé que sabrás hacerlo”

Algunas palabras tienen el poder de reconfortar y hacernos sentir capaces de cualquier cosa. Fortalecen nuestra confianza y nos animan a emprender proyectos nuevos. Este tipo de expresiones son importantísimas durante la infancia y la adolescencia, que es el momento en que se está forjando la personalidad. Necesitaréis haceros con un buen repertorio para la escuela: “Creo en ti”, “no dudo que lo conseguirás”, “lo vas a lograr”.

“¿Por qué no pruebas?”

frases motivadorasCuando hablamos desde el corazón y animamos a nuestros estudiantes a arriesgar, les llenamos de energía. Con nuestra actitud positiva y cercana; les recordamos que confiamos en ellos y, sobre todo, que tiene la capacidad para creer y crecer. Las experiencias que vivimos nos hacen ser la persona que somos y es así como se forja nuestra identidad.

Tomad nota de las siguientes expresiones, os serán útiles para retar a vuestros estudiantes: “¿Te atreves a probar?”, “¿y si lo intentamos juntos?”, “¿te animas a hacerlo?”

“Me encanta cómo eres, me encanta cómo haces esto”

Una parte importante en la construcción de la autoestima es la interacción con otras personas. Con el inicio de la escuela infantil, nuestros pequeños alumnos empiezan a relacionarse con otros niños de su edad y es bonito (y necesario) recordarles que cada uno de ellos es único y especial. ¡En la diferencia está el valor!

“¿Y si tratas de verlo de otra forma?”

Tendemos a ofuscarnos en nuestros propios pensamientos y nos resulta entonces difícil ver las cosas desde otro punto de vista. De tal manera que es genial disponer de alguien que nos empuje a pensar de distinta forma y que abra nuestra mente, ¿no os parece?

Creo que esta es una buena frase (en todas sus variantes) para que los alumnos se pongan en el lugar de otra persona y así conducirlos hacia un pensamiento más positivo y empático: “¿Crees que tu compañero Marcos pensaría igual?”, “¿mañana volverías a pensar lo mismo?”

“¡Cuánto te has esforzado!”

Todos necesitamos sentir que nuestros esfuerzos son reconocidos y no solo los logros que alcanzamos. Así es como la motivación recae en el camino y no únicamente en la meta final. Por eso, cuando destacamos con palabras bonitas la dedicación que nuestros alumnos han puesto en una tarea, fortalecemos esos comportamientos y actitudes positivas.

¿Queréis saber algunas expresiones que podéis emplear? “Te implicaste mucho en el trabajo de grupo”, “has trabajado duro en ello”,“puedes estar orgulloso, ¡cómo te has esforzado!”, etcétera.

“Sé que te sientes…”

Los niños necesitan aprender vocabulario emocional para entender lo que están sintiendo y poner voz a sus emociones. Solo así logran identificar sus sentimientos y compartirlos con nosotros. Desde la escuela, podemos acompañar esas emociones, es decir, podemos pronunciar en voz alta cómo creemos que se sienten para ayudarles: “Veo que estás muy feliz”, “veo que eso no te ha gustado”, “me parece que estás enfadado.”frases

“Me importa tu opinión, ¿qué piensas sobre esto?”

Cuando damos valor a las opiniones de nuestros estudiantes, estos se sienten  reconfortados y satisfechos. Advierte en que sus pensamientos son importantes y que cada uno de nosotros tiene su propia forma de pensar. Esto se traduce en unos beneficios inmediatos en la convivencia en las aulas: nuestros alumnos se muestran más receptivos y tolerantes y receptivos, y se promueve el diálogo entre ellos.

Os animo a repetir a menudo las frases que os he compartido. Aunque simples, dichas de forma consciente y en el momento adecuado; consiguen generar actitudes muy positivas en nuestras aulas y sacan a relucir lo mejor que tenemos las personas, esas cualidades humanas únicas que nos hacen especiales.

Rocío López Valdepeñas es maestra especialista en innovación educativa y emprendimiento.

Fuente : http://www.educaciontrespuntocero.com/slider/7-frases-que-deberiamos-decir-a-nuestros-alumnos-cada-dia/31238.html?utm_source=phplist1060&utm_medium=email&utm_content=HTML&utm_campaign=7+frases+que+los+docentes+deber%C3%ADamos+decir+a+nuestros+alumnos+cada+d%C3%ADa%2C+entrevista+a+Montserrat+del+Pozo+y+m%C3%A1s+noticias

Educar para crear

Imagen

   Foto : es.sott.net

En un mundo en el que impera un capitalismo salvaje y deshumanizador, se buscan nuevos paradigmas educativos para acabar con injusticias y permitir el desarrollo de personas libres e íntegras.

La llave de este cambio está en las escuelas que, como ejes vertebradores de la sociedad, pueden contribuir a formar personas más justas y felices, responsables de sus decisiones e inmunes al sistema consumista que domina nuestras vidas.

Sin embargo, la escuela  muchas veces no es sinónimo de educación porque el actual sistema educativo aún se basa en la obediencia y en la competencia.

Durante el siglo XIX y ante el avance de la Revolución Industrial se necesitaba una masa” de trabajadores útiles para el sistema capitalista y, por ello, comenzaron a importar la idea de la educación prusiana. Las escuelas se organizaron como fábricas con instalaciones separadas, toque de timbres, horarios estrictos y una estructura verticalista. Así, los Estados con la excusa de la igualdad que suponía una educación pública, gratuita y obligatoria, encontraron un método eficaz para controlar el parecer de su población y mantener la estructura social.

Más de un siglo después poco o nada ha cambiado. La educación sigue fragmentada en asignaturas inconexas, los niños continúan encerrados en aulas alejadas de la naturaleza y la materia sigue siendo estática y sin movimiento, únicamente formada por palabras.

Por ello, no es de extrañar que los niños se aburran en clase y pierdan la curiosidad innata que les lleva a aprender, y que la genialidad en el pensamiento divergente, que es la capacidad para buscar más de una solución a los problemas y un ingrediente básico de la creatividad, caiga a medida que los niños pasan por la escuela, desde un 98% a los tres años de edad a un 30%, tras 10 años de educación. Tampoco que, en estos últimos años, haya habido un gran aumento en la tasa de Trastornos del Déficit de Atención diagnosticados en todo mundo. No es lógico que, para poder pasar por la escuela, uno de cada diez niños tenga que ser medicado con psicofármacos que anestesian sus capacidades y duermen sus grandes potenciales.

Frente a este panorama tan desolador surgen diferentes alternativas pedagógicas que buscan desarrollar las competencias necesarias que cada niño necesita para alcanzar el éxito en su vida y ser feliz. Estas escuelas integrales, a través de la interacción con un entorno natural, consiguen que los niños desarrollen su pensamieto crítico, su capacidad de comunicación y de trabajo en equipo, además de una gran inteligencia emocional. En ellas se respetan los distintos ritmos de aprendizaje e intereses de cada niño, y se fomenta la pregunta y la indagación antes que el consumo de ideas.

Así se forman personas que mantienen la alegría y las ganas de vivir propias de la infancia y se cumple el verdadero objetivo de la educación: lograr una buena calidad de vida.

Sara Mosleh Moreno
Periodista

Fuente : http://ccs.org.es/2015/06/26/educar-para-crear/

La “educación” que aplasta nuestra creatividad y consciencia

educacionqueaplasta

Hoy en día, la formación adecuada y las prácticas de autodesarrollo son más asequibles gracias a los medios de comunicación social.
El psicólogo británico Ken Robinson, autor del libro The Element: How Finding Your Passion Changes Everything, echa toda la culpa al entorno que agota rápidamente los bien escasos recursos psicológicos de la persona haciéndola percibir de manera continua los flujos informativos sin poder analizarlos debidamente. Una de las opciones sería desconectarse temporalmente de los medios de comunicación, el teléfono e Internet para tratar de recobrar energías. Pero tenemos dependencia informativa parecida a la drogadicción. Estamos pendientes de tantas minucias, sin hacer caso a cosas realmente importantes, como, por ejemplo, los descubrimientos científicos capaces de voltear nuestra conciencia.

Se suele pensar que algunas personas son creativas y otras no. Pero esto no es del todo cierto. La creatividad es algo inherente a la naturaleza humana. Pero el sistema la oprime a través de las guarderías infantiles y escuelas. El pensamiento divergente es la capacidad de pensar de manera distinta a los clichés aprobados, lo que justamente constituye la variable creativa de la mentalidad humana. Según estudios científicos, el nivel de divergencia en los niños de edad preescolar alcanza el 98 %, pero disminuye hasta el 10 % en los de la secundaria y sigue bajando. Para los veinticinco años, la persona apenas si tiene el 2 % del nivel de divergencia. Un ejemplo muy simple. Frente a cualquier circunstancia inesperada, como un apagón eléctrico o cosas por el estilo, la población de las grandes ciudades se da al pánico. La dependencia de las altas tecnologías puede llegar a extremos críticos, cuando la persona se siente despistada e incapaz de hallar soluciones frescas.

Las tecnologías modernas nos facilitan mucho el logro del resultado, por lo que acabamos delegando parte de las funciones a los equipos mecánicos o electrónicos para nunca más volver a pensar en ellas. Así, los niños contemporáneos ya no son tan ágiles para contar mentalmente, prefieren andar con una calculadora. Por un lado, esto les permite liberar energías, mas por otro, simplemente dejan de hacer esfuerzo. Algunos psicólogos aseveran que por esta misma razón puede disminuir la capacidad imaginativa del niño, porque si antes le bastaba un palito para imaginarse montando a caballo, ahora hay formas concretas, visualizadas, del animal, lo que debilita su potencial imaginativo. – Evgueni Tatárintsev.

El sistema de enseñanza parece estar concebido para matar la capacidad de reflexionar. El experto agrega que las clases de informática a nivel de primaria tienen efecto negativo, porque son demasiado profundas. En vez de dibujar y esculpir, los niños preparan presentaciones según esquemas estándar. Teóricamente, la escuela puede crear condiciones adecuadas para el desarrollo de la creatividad infantil, pero es la familia la que debe tener el papel central en este asunto.

El niño, desde que nace, comienza a estudiar el mundo que lo rodea. Es inteligente, activo y aprehensivo porque aprovecha sus tres herramientas básicas a la vez: la inteligencia, el cuerpo y las emociones. La armonía de estas tres funciones asegura su desarrollo equilibrado a partir de la curiosidad y el interés.

La mayoría de las personas no siente su cuerpo, ni sus emociones. No los analiza, ni es consciente de ellos. Es esto lo que nos convierte en robots. Los niños, en cambio, tiene muy bien desarrollada esta “inteligencia corporal”. Sienten muy bien su cuerpo y sus emociones, así como las emociones de otras personas. La crueldad del proceso educativo hace que el niño vaya perdiendo contacto con su cuerpo, y al separarse del mismo, se llene de estereotipos impuestos y obligaciones de todo tipo. – Anfisa Kalistrátova.

Los psicólogos destacan dos enfermedades del siglo XXI, o mejor dicho, dos formas de neurosis que atormentan la conciencia de la mayoría de las personas. La escasez de dinero y la falta de tiempo. Las dos cosas son fantasía pura, un autoengaño que remplaza las necesidades auténticas que solo podemos ver si nos detenemos un instante para escudriñar en el interior de nuestra mente. ¿Qué es lo que realmente necesitamos? ¿Qué queremos? ¿A dónde vamos?

Tony Fernández Reyes

Conjugando adjetivos

Visto en : es.sott.net



		

	

Niño de trece años deja la escuela y diseña su propio sistema educativo

logan

Con trece años, Logan Laplante se sube al pódium de TED y dicta una conferencia acerca de la importancia de hackear la educación tradicional. Sus padres decidieron sacarlo de la escuela a los nueve años y permitir que el niño buscara un camino más afín a él, que fomentara su creatividad en lugar de ofuscarla. Logan ahora recibe enseñanza hogareña, estudia las materias estándar (física, química, matemáticas, literatura…) en Starbucks y también forma parte, por ejemplo, de grupos de alpinismo y esquí.

Lo que Logan parece haber hackeado es que lo importante no es a qué te vas a dedicar cuando seas grande, sino qué tan sano y feliz estés. Allí, de acuerdo a Logan, reside el gran problema de la educación, y hackearlo depende absolutamente de quién lo haga. De sus tendencias e intereses, de su capacidad de hacerlo. Él parece tener una capacidad y elocuencia muy por encima del puberto común. Pero por otro lado también parece estar programado para encarnar todas las tendencias y “modas TED” de la actualidad.

Parece hablar de sí mismo como si se leyera (como un lugar común) desde la perspectiva de ojos adultos, “Soy un adolescente”, dice, “y cómo la mayoría de los chicos adolescentes, paso la mayor parte de mi tiempo preguntándome cómo se desordenó tanto mi cuarto por sí solo… o cómo consigo gustarle a las chicas”. Pero, como él mismo apunta en su conferencia, ya era hora de un adolescente hablara por los intereses de los adolescentes y su educación. En ese sentido su plática es muy relevante.

Su premisa principal es: “¿Qué pasaría si basáramos la educación en la práctica de estar felices y sanos?” Y la dirige al público adulto que toma esa gama de decisiones. Logan habla de los contrastes entre un tipo y otro de educación y cómo en el sistema usual se omite la enseñanza de ser felices y estar saludables, los dos elementos más importantes de la vida. Dicho de otra manera: no somos felices porque triunfamos, sino que triunfamos porque antes supimos ser felices.

Hackear la educación es una manera de empoderar al niño a decidir qué lo hace feliz y qué fomenta su creatividad. Propuesta que sin duda vale la pena atender.

 

Fuente : pijamasurf.com

Una visión de la educación y de la escuela