La escuela neurótica

LA ESCUELA NECESITA UN SHOCK. UN SILENCIO QUE LE DEVUELVA SU PROPIA ESTRUCTURAL DESESPERACIÓN DE YA NO SER; DE YA NO SERVIR

POR: PABLO DOBERTI

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…explica Alonso González de Gregorio, de la consultora de educación The Gregorian Manor House:

la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada. Y aunque los colegios más famosos siguen teniendo muy buenos programas, son antiguos y les está costando renovar su sistema educativo.

Explica el experto en un artículo de título presuntuoso y que me generó interés: “Aquí fabricamos líderes” (El País, 22 de julio de 2014).

La nota habla sobre las escuelas de élite mundial, las poquísimas escuelas de élite mundial que a sus alumnos “les llevarán a ser líderes en el mundo de la política, la empresa, la banca y la cultura”.

Es –como debí prever– una nota pobrísima. No por la nota, que también, sino porque en esas escuelas, como en todas, no hay nada. O si no, lo que en ellas hay, no proviene de la escuela. Estirpe, networks, dineros, élite en general… La escuela es apenas el alojamiento.

No hay nada porque al paradigma vigente no le escapa ni la élite. Es un condicionante demasiado potente que todo lo atraviesa. Las élites griegas también eran ptolemaicas, aunque estuvieran equivocadas. La escuela que no sirve es todas las escuelas.

Y los consultores de siempre, por más reputación que ellos tengan, nos dicen otra vez las mismas obvias cosas. Como Alonso González de Gregorio. Básicamente, nos dicen que estamos equivocados y que la escuela no hace lo que debería hacer.

¿Qué pasa? ¿Tan tontos somos todos? ¿O tan difícil es todo esto?

¿Incluso yo, desde acá, estoy diciendo acaso algo diferente? No. Pero sí estoy seguro de que el proceso de cambio escolar no pasa porque escriba para mis lectores que “la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy…”.

Nuestro problema es que no tenemos bien identificado el problema. Y nos vamos con la finta de los falsos problemas. Nuestro problema (el de los sistemas educativos, quiero decir) no es cómo debería ser la otra escuela, la del futuro. Eso lo sabemos; al menos, lo sabemos decir: “Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada”, como nos dice el preclaro consultor. O, como nos lo dice otro consultor, Stephen Kosslyn:

Cuanto una persona más reflexiona sobre un asunto, cuanto más profundamente procesa una información, más fácil le resulta recordarla, porque la reflexión va a desencadenar asociaciones mentales entre aquel asunto y lo que ya está almacenado en su memoria” (…) “El profesor no puede ser más apenas un transmisor de conocimiento” (…) “ tiene que dar clases de aprendizaje activo, involucrando a los alumnos.” (…) “Las clases tradicionales son expositivas, lo que es una excelente manera de enseñar, porque el profesor alcanza al mismo tiempo muchos oyentes, pero es una manera horrible de aprender.

Y podríamos seguir citando.

El problema –me parece– es que dada la configuración simbólica actual de la institución escolar, ese paso de cambio que nos parece obvio y tiene consenso, es en realidad imposible. Imposible estructural. No lo daremos, por más clarividentes que nos bombardeen desde los medios de comunicación.

O sea, nuestro problema no es de orden conceptual, sino simbólico. Para poder ver lo que no vemos (ser lo que no somos), deberíamos cambiar de encuadre simbólico. Ser otros, constitutivamente hablando. Y eso sí que es difícil.

No difícil de dificultad; difícil de imposible. No se puede ser otro. Si se es otro, ya no se es uno. Por eso digo que es imposible.

La escuela no está entendiendo (ni los consultores, claro) que los sistemas educativos necesitan psicoanalistas y no consultores. No necesitamos gente que nos diga qué deberíamos hacer y no hacemos. No lo hacemos no porque no sepamos que lo deberíamos hacer. Nada más obvio para un maestro de cualquier escuela de cualquier ciudad del mundo, que “los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías”. No lo hacemos porque no se puede, porque nos es imposible hacerlo.

Recordemos que una buena definición de la posición del neurótico –que le aplica a la escuela– es que es quien sabe perfectamente bien, mejor que nadie, por qué no es feliz. Es decir, por qué no hace lo que debería hacer para serlo.

La única manera es transformarnos de cuajo. Y todos a la vez. Pasar al otro lado y tragarnos la llave. Girar. Reconfigurarnos. Dar un salto simbólico. Ser otros, como definición institucional. Dejar esta escuela y hacer otra. Mudarnos, en lo simbólico.

Ese proceso depende de otras variables; se mueve sobre otras guías; tiene otros roles para el tiempo y la escala; pasa –si pasa– por otras cosas. En ese tipo de procesos, casi todo lo que hacemos como corporación educativa (hablar, discutir, publicar, hacer experimentos, probar, aplaudir, justificarnos) no sirve; o peor aún, atenta contra él. En esos procesos no hay progresividad ni planificación. Allí las cosas deben suceder antes de entenderlas y ponderarlas. Allí los actos se imponen a las reflexiones y los silencios tienen más significado que las palabras.

La escuela necesita un shock. Un silencio que le devuelva su propia estructural desesperación de ya no ser; de ya no servir. Un sinceramiento esencial. Un corte. Un acto fuerte y masivo que la ponga de lleno ante lo que no es y debe ser.

Estamos cansados de que nos hablen y estoy cansándome de que nos hablemos. Estoy preocupado por la saturación de discurso justificativo que nos tiene presos. Y de tanta obviedad no realizada. ¿Cuánto más soportaremos que sea Gallup, tras una “investigación”, quien nos venga a contar ahora que “publicó una encuesta que revelaba que haber pasado por estos colegios (los de la élite mundial) o por las mejores universidades no es sinónimo de éxito y felicidad”.

Ya es hora. O no lo será.

Twitter del autor: @dobertipablo

Fuente : pijamasurf.com

15 libros que cambiaron la ciencia para siempre

15 LIBROS QUE HAN MARCADO LA EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO HUMANO DESDE LA INVENCIÓN DE LA IMPRENTA

POR: PIJAMASURF – 15/07/2014 A LAS 01:07:12

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Nature and Nature’s Laws lay hid in the Night:

God said, “Let Newton be!”, and all was light.

Alexander Pope

“Si he visto más lejos, es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”, escribió famosamente Isaac Newton en una carta a Robert Hooke. Esta frase resume de manera elegante la historia de la ciencia: una continuidad en la que, si bien existen picos rutilantes, ninguno quizás podría haberse alzado sin el trabajo previo de otras grandes mentes y el acervo colectivo que apila bloques de conocimiento. Borges solía citar a Valéry diciendo que la literatura tenía un sólo autor: el Espíritu; algo similar, aunque quizás en términos más prosaicos para estar ad hoc al método, podríamos decir de la ciencia.

Los grandes descubrimientos que han catapultado a la ciencia no siempre han surgido o han sido formulados en un libro (en los últimos años suelen venir en la forma del paper científico), pero existe una tradición bibliófila de la ciencia que vale la pena rescatar con sus grandes hitos. Esto es lo que ha hecho la revista Wired con esta lista, que si bien es discutible, parece hacer una buena labor sintetizando la titánica labor de la ciencia en los últimos 500 años. Siguiendo la edición deWired proponemos un addendum con 15 libros, especulando un poco sobre los libros más recientes que ya han cambiado la forma en la que pensamos y que en un futuro podrían convertirse en clásicos.

Sobre la revolución de las esferas celestes, Nicolás Copérnico

La obra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico literalmente revolucionó el pensamiento humano, cambiando el paradigma del conocimiento hacia el heliocentrismo. Esta fue la piedra angular del humanismo y el pensamiento crítico, al clarificar que el mundo no gira alrededor de nosotros y, simbólicamente, liberando a la inteligencia humana para explorar el cosmos.

Una mención especial para la Armonía del mundo, de Johannes Kepler.

Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, Galileo Galilei

Copérnico había publicado su obra poco antes de morir, y tardó cerca de un siglo en realmente ser valorada y causar efecto. Esto se debió a la obra de Galileo que retomó en 1632 la teoría heliocéntrica en un diálogo llevado a cabo por un académico llamado Salviati, un filósofo llamado Simplicio (que defienden las posturas opuestas) y un hombre neutral, Sagredo. A la Iglesia no le gustó mucho esta visión vanguardista del sol como eje central y forzó a Galileo a vivir en arresto domiciliario y a arrepentirse de su obra.

Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, Sir Isaac Newton

La obra clásica de la física en la que se describe la gravitación universal y la mayor parte de las matemáticas clásicas, incluyendo el cálculo integral, por el cual Newton comparte crédito con Leibniz. Conocida como Principia, fue publicada en tres tomos en 1687 y aún hoy constituye la base para entender el mundo macroscópico en el que vivimos, si bien no tanto el mundo cuántico.

Sobre el origen de las especies, Charles Darwin

En 1859, Darwin publicó el libro capital que fundara como tal la biología evolucionista. Una idea simple, elegante y económica que ciertamente tenía antecedentes pero que nunca había sido formulada cabalmente: la evolución a través de la selección natural, la sobrevivencia de los más aptos en la lucha por recursos limitados, en la que aquellos que sobreviven logran heredar sus genes por generaciones, y así llegamos a un ancestro común. Una teoría que ha sido comprobada reiteradamente pero que aún así genera polémica.

Lo poderoso de la obra de Darwin fueron sus extensos ejemplos fruto de sus viajes a diferentes lugares, famosamente a bordo del Beagle, en los que trazó el arco evolutivo de distintos animales.

Micrographia

 

Micrographia, Robert Hooke

El íntimo rival y colega de Newton, Robert Hooke, escribió en 1665 el libro clásico de observaciones bajo el microscopio y el primer libro de la prestigiosa Royal Society (además de ser también el primer libro en usar el término “célula” en la biología). Micrographia fue publicado con grabados de cobre entre los que sobresalía la imagen aquí mostrada de una pulga magnificada. Lo novedoso de este libro fue aplicar las imágenes a un contexto científico en el que se podía extraer una gran cantidad de información a través de ellas. Hooke nos regala una veta poética que prefigura el concepto de fractalidad:

“Los ojos de una mosca bajo cierta luz revelan una red, cavada a lo largo de abundantes agujeros pequeños… En el Sol parecen una superficie cubierta de uñas doradas; bajo otra posición, como una superficie cubierta con pirámides: y otra con conos”.

Anatomía de Gray, Henry Gray

Más allá del show de TV, este libro escrito en 1858 es uno de los fundamentos de la medicina moderna. Por primera vez alguien compiló una especie de atlas del cuerpo humano con un enorme detalle. El texto de Gray, con ilustraciones de Henry Vandyke Carter, lleva más de 40 ediciones y sigue siendo usado por estudiantes de anatomía.

Tratado elemental de química, Antoine Lavoiser

El llamado padre de la química moderna publicó su obra clásica en 1789, una síntesis de su trabajo. La obra definió por primera vez lo que era un elemento químico y mostró el principio de conservación de masa aplicado a la química. Explicó la combustión y la respiración animal a través del oxígeno y refutó la noción de flogisto. Su obra trascendería; su suerte personal lo llevó a ser ejecutado en la revolución francesa.

Principios de la química, Dmitri Mendeléyev

El químico ruso Dmitri Mendeléyev desarrolló la tabla periódica de los elementos trabajando en su texto de dos volúmenes publicado entre 1868 y 1870, Principios de la química. Mendeléyev agrupó los 63 elementos conocidos de manera horizontal según su peso atómico y de manera vertical por familias para crear la tabla periódica, con la cual predijo propiedades de elementos que no habían sido descubiertos. La historia cuenta que la idea de la tabla le vino después de varios días sin dormir, durante un sueño.

Tratado de electricidad y magnetismo, James Clerk Maxwell

El físico británico James Clerk Maxwell demostró en su libro de 1873, Tratado de electricidad y magnetismo, que estas dos fuerzas eran en realidad una sola gobernada por interacciones de cargas positivas y negativas. Nociones tan aceptadas hoy e incorporadas a nuestro lenguaje como el hecho de que las cargas eléctricas opuestas se atraen y las similares se repelen con una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de su distancia (una ecuación que, en popularidad, sólo se queda atrás de la constante de la velocidad de la luz de Einstein).

La interpretación de los sueños, Sigmund Freud

El libro con el que Freud saltó a la fama es sin duda La interpretación de los sueños, publicado a finales del siglo XIX, abriendo las puertas de una nueva región del conocimiento: el inconsciente. En este texto de 1899, Freud utiliza sus propias experiencias y las de sus pacientes para formular una teoría de los sueños y sentar las bases del psicoanálisis. La fama no llegó al principio, ni la aprobación de sus colegas, y siguieron muchos ataques –especialmente, a su simbolismo sexual; sin embargo, el libro perduró y es sin duda el título que marcó la obra de Freud. Él mismo escribió que “una epifanía como esa ocurre una vez en la vida”.

Cibernética, o el control y la comunicación en el animal y en la máquina, Norbert Wiener

Publicado en 1948 por el matemático Norbert Wiener, este libro es responsable de popularizar el término “cibernética” y de sentar las bases para la fundación teórica de los servomecanismos, la navegación automática, la computación análoga y, junto con el trabajo de Claude Shannon, la teoría de la comunicación moderna.

El gen egoísta, Richard Dawkins

En 1976, el biólogo ateo Richard Dawkins propuso que nuestros genes no existen para perpetuar a nuestra especie, sino que nos usan como máquinas utilitarias para perpetuarse a sí mismos. Lo más notable de este libro es la introducción del conceptos de los memes o genes culturales en los que se transmite información epigenética, cuyo significado trasciende sin duda la adopción que ha tenido el término en internet –estilo: “los memes del Mundial”– y alcanza la teoría informática moderna como una forma elegante de explicar cómo se disemina la información.

La Totalidad y el Orden implicado, David Bohm

Fruto de la convergencia entre la física y la espiritualidad –asomando a una nueva comprensión de la realidad–, en este libro de 1980 David Bohm, alumno de Einstein y amigo de Krishnamurti nos introduce a su visión de las variables ocultas para conciliar la mecánica cuántica con la relatividad desde una perspectiva holográfica, llevando conceptos que pueden encontrarse en la filosofía de Schopenhauer y en el hinduismo a una formulación matemática. Si bien es cierto que la inclusión de este libro es cuestionable en tanto que no ha sido abrazado por la ciencia mainstream, es una apuesta al futuro: una visión de la unidad o “totalidad implicada” que resuena elegantemente con la intuición más profunda.

 La geometría fractal de la naturaleza, Benoît Mandelbrot

Publicado en 1982. En este libro, Mandelbrot acaba de formular su descubrimiento de los fractales dentro de la naturaleza (la autosemejanza como un principio rector). Mandelbrot utiliza poderosas ilustraciones desarrolladas en IBM, empresa con la que trabajo muchos años, mostrando de manera cristalina el asombroso infinito fractal que constituye la materia. Un libro que además abre una ventana filosófica en la ciencia, ligando conceptos antiguos que pueden encontrarse en pensadores como Leibniz y que ha popularizado la noción de que existe un orden matemático no solamente abstracto y platónico, sino que también se manifiesta en el mundo material.

Una nueva ciencia de la vida, Rupert Sheldrake

De nuevo, una controversial inclusión basada en la predicción de libros que tienen un potencial de verdaderamente revolucionar el pensamiento humano. Sheldrake, némesis de Dawkins, delineó su teoría de la resonancia mórfica en este libro de 1981, sugiriendo que la evolución y las leyes de la naturaleza son solamente hábitos que están en constante mutación desde el inicio del universo. Lo radical de su teoría tiene que ver con la posibilidad de que los fenómenos ocurren simplemente a través de patrones de resonancia, siendo aquellos que han ocurrido antes los que más probabilidad tienen de ocurrir de nuevo (algo similar a la herencia en la obra de Lamarck) y añadiendo la existencia de un campo morfogenético de información, similar a lo que Teilhard de Chardin concibió como la noósfera pero de orden biológico y el cual comparten todas las formas de vida que se autoorganizan. La revista Nature pidió que este libro fuera quemado como una moderna herejía.

 

 

Estos son los 9 libros que más se abandonan antes de terminar de leerlos

POR: PIJAMASURF – 09/07/2014 A LAS 13:07:29

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Para los que se van de vacaciones en verano –sean lectores en la vida diaria, o no– es importante llevar un libro en la maleta. Optimistamente, piensan que tendrán tiempo para leer lo que no les da tiempo en la cotidianeidad. El Wall Street Journal realizó una lista de aquellos libros que más se agarran a principios de junio y se botan antes de haber leído la mitad a principios de septiembre. El clásico de este género es Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking, llamado popularmente “el libro menos leído de todos los tiempos”.

Averiguar esto es sólo cuestión de algoritmos. La lista “Popular Highlights” de Amazon proporciona una medida rápida; Kindle tiene una lista de las páginas subrayadas de los libros: si cada lector está llegando al final del libro, esos subrayados estarían dispersos a lo largo del libro. Si nadie ha pasado de la introducción, los subrayados estarán reunidos al principio.

Entonces, el Índice Hawking: Toma el número de páginas de los subrayados principales de un libro, promédialos y divídelo por el número de páginas de todo el libro; entre más alto es el número, inferimos que más personas lo leyeron. La lista, además de ser bastante entretenida, nos da una buena pista para saber qué libros venden más por su portada y reputación (entiéndase Cincuenta tonos de gris Breve historia del tiempo) que porque su contenido atrapa al lector de una u otra manera.

The Goldfinch, de Donna Tartt: 98.5%

Catching Fire, de Suzanne Collins: 43%

El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald: 28%

Cincuenta tonos de gris, de E. L. James: 25.9%

Flash Boys, de Michael Lewis: 21.7%

Lean in, de Sheryl Sandberg: 12.3%

Thinking fast and slow, de Daniel Kahneman: 6.8%

Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking: 6.6%

Capital in the Twenty-First-Century, de Thomas Piketty: 2.4%

 

 

 

Enseñar en tiempos de desesperanza

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En la vida y en la política hay que saber distinguir entre hacerse ilusiones y tener ilusiones, lo que implica partir del principio de realidad y de una actitud activa de pelear por cambiarla. Cuando acaba el curso escolar en el que se ha aprobado la LOMCE, en un año más de dura crisis, es necesario reflexionar. Porque si no lo hacemos sobre nuestra práctica y sobre la situación en general, difícilmente lograremos entender lo que pasa y, menos aún, buscar soluciones para mejorar.

Un reto de la escuela siempre ha sido conseguir la motivación del alumnado hacia el aprendizaje. Ésta no es otra cosa que encender un pequeño fuego en la curiosidad de los niños y las niñas, e ir alimentándolo con hojas secas y ramitas para que no se apague. A veces se consigue conectando con sus intereses, otras con el amor al conocimiento en sí mismo, con el sapere aude, atrévete a saber. En educación secundaria se utilizan estímulos más “prácticos” como la expectativa de conseguir un mejor futuro laboral, la retribución o el reconocimiento profesional. Es el reclamo del llamado ascensor social.

En estos tiempos de crisis y de políticas conservadoras, lo malo no es solo que te quiten los derechos, e incluso las libertades; lo peor es que te roben los sueños. Son tiempos de desesperanza, las promesas de un mejor futuro tienen poca credibilidad y es más difícil que nunca motivar. Los ejemplos de personas conocidas con un alto nivel de estudios que están sin trabajo o se han tenido que ir fuera del país, tienen un efecto demoledor. Más aún en los barrios humildes y populares, donde el paro y las dificultades económicas azotan a las familias.

Contra el desánimo, lo único que podemos hacer es echar la mayor energía docente, utilizar metodologías apropiadas, mucho apoyo familiar, mucho afecto y confianza en el alumnado. En relación a esto último, quiero recordar una anécdota que refleja hasta qué punto es importante la labor del profesorado y la siembra de conocimientos, valores y confianzas.

En la celebración del veinticinco aniversario de mi antiguo instituto de Fuenlabrada, hubo una intervención memorable de una antigua alumna, hoy ciudadana de plena conciencia. Contó dos historias paralelas, la de una familia humilde, numerosa, que había emigrado allí y la de una persona: su familia y su historia personal. Habló de cómo se había roto el determinismo que, según los estudios sociológicos, la colocaban en un destino de trabajos no cualificados, embarazos adolescentes, tonteo con las drogas, botellón, etc.

Hoy esta persona es licenciada universitaria, con un máster, con el doctorado a punto de acabar, con amplia experiencia profesional, investigadora para la Universidad, conferenciante, ha recorrido medio mundo y un largo etcétera de méritos. Y las razones por las que, según ella, fracasaron estrepitosamente las estadísticas fueron: la familia, la educación pública y las políticas públicas en general (juventud, deporte…) del Ayuntamiento.

Por eso, añadía, que cuando la preguntan qué ha sido para ella la educación pública y si instituto solo podía responder: todo. Porque no es cierto que las personas solas se hagan a sí mismas: los padres y madres, los profesores, las personas en general ayudamos a desarrollar personas. Y nosotros somos como somos, porque centenares de personas han pasado por nuestra vida dejando su huella.

Esta alumna acabó su intervención pidiendo a las autoridades que mantengan las políticas públicas e inviertan más en ellas. A los profesores, que sepan que siempre siembran aunque duden y que sean un referente en momentos de pánico existencial. A las familias que les apoyen en los buenos y en los malos momentos. A los estudiantes que tengan confianza en ellos mismos, que sean constantes y pacientes, que sepan que pueden conseguir todo lo que se propongan, Y el último mensaje a todos: “que lo más bonito que se puede decir a una persona no es “te quiero”, sino “Creo en ti”. Con estas cosas el profesorado estamos más que pagados, aunque la administración educativa no nos reconozca el trabajo, nos suba la jornada y las ratios de alumnos y nos baje el salario desde hace años.

El desánimo no se combate negando una realidad incontestable de paro, precariedad, subida de tasas, reducción de becas e intento de privatizar y convertir en enseñanza de élite la universidad. Pero habrá que seguir intentando levantar el ánimo de los chicos y colocarles ante su responsabilidad individual y colectiva. Viene al caso aquella fábula que contaba que cuando la selva se quemaba entre grandes llamas, un minúsculo colibrí hacía viajes continuos del río al incendio, que sobrevolaba dejando caer cada vez una gota de agua de su pico. El resto de los animales que había logrado ponerse a salvo se reían de él. El colibrí muy serio les contestó: “Yo hago mi parte”.

Si todos y todas hiciéramos nuestra parte, las cosas nos irían mejor a cada uno y a la colectividad. Pero para ello hay que levantarse cada mañana con un afán y tener una visión global del mundo. Y saber que para mejorar la escuela hay que cambiar la sociedad, pero que no es posible mejorar la sociedad sin cambiar la escuela.

AGUSTÍN MORENO

Fuente : http://www.cuartopoder.es/