La ¿verdad? de la escuela

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La clave única de una escuela mejor

LA ESCUELA SÓLO TRABAJA EN LOS APRENDIZAJES DIRECTOS; POR ESO ES INÚTIL. Y ADEMÁS, RENIEGA DE LOS APRENDIZAJES INDIRECTOS, COMO SI NO LOS VIERA O NO LOS QUISIERA VER
POR: PABLO DOBERTI – 22/09/2015 A LAS 09:09:43

Imagen: www.torange-es.com

Tal vez todo se reduzca a una sola cuestión: los aprendizajes directos son inútiles y los indirectos son inevitables.

Llamo “directos” a una típica clase de historia o de geografía o de matemáticas en la que el profesor reza su contenido a un grupo de alumnos que intenta asimilarlo. Eso no sirve para nada; para nada que valga la pena –quiero decir, porque suele ser útil para aprobar exámenes, satisfacer maestros y padres y madres, ganar olimpíadas académicas escolares y esa serie de futilidades. Y llamo “indirecto” a lo que impacta en los niños aunque no queramos, simplemente porque son y están, como por ejemplo el hábito lector en casas lectoras o el hábito corrupto en ambientes donde la corrupción vale y suma.

La escuela sólo trabaja en los aprendizajes directos; por eso es inútil. Y además, reniega de los aprendizajes indirectos, como si no los viera o no los quisiera ver. La escuela planifica y planifica su registro directo y deja librado un azar que es sólo inercial e igual al mar de registros indirectos que nos impactan y nos determinan a todos siempre. Como si no entendiera que para enseñar la belleza, más que definirla hay que hacérsela experimentar a nuestros alumnos, una y otra vez; y lo mismo con la generosidad o con la creatividad.

Los aprendizajes directos trabajan en una sola dimensión, en un registro explícito plano, mediante modelos expositivos literales; básicamente, su paisaje es el maestro dando clase y/o el libro abierto encima del pupitre. Y se despliegan por repetición. En la escuela todo se enseña así y nada se aprende entonces. Por eso las evaluaciones son tan inmediatistas, porque es lo único que queda de un proceso pedagógico tan falto de sentido. Si la enseñanza es plana, de nada servirá después pretender darle volumetría al proceso mediante evaluaciones sofisticadas, abiertas, adaptativas y de matrices múltiples.

¿Cómo se deberían trabajar los aprendizajes indirectos? Por medio de la generación de ambientes, situaciones, problemas y atmósferas cargadas de sentido. Es decir, por medio de estrategias experienciales, no literales sino metafóricas, abiertas y tranquilas. Definir la escuela a partir de ambientes y símbolos que carguen contenidos pero que no bajen contenidos. Estabilizar y difundir culturas, modelos y procesos cargados de intencionalidad formativa. Inundar y dejar que los alumnos comiencen sus propios procesos de flotación; y acompañarlos –que no es lo mismo que trazarles el camino. Practicar antes de predicar. Dejar que las cosas y los casos hablen, que los colegas enseñen, que las pautas sean construidas y reconstruidas y que los símbolos acaben formándonos. Comprometer a la institución con sus ambientes y no con sus discursos; obligarla a que se defina por lo que es y no por lo que dice que es. Rankearla por la calidad de sus ambientes y no por la cantidad de sus resultados. Huir en general de todas las declaraciones.

Los aprendizajes indirectos son inevitables –decíamos, que quiere decir que por lo que edifican o por lo que denigran, ellos siempre nos constituyen. Aunque nadie se ocupe de los registros indirectos, ellos existen; por eso mejor ocuparse, porque si no, ellos quedan a merced de inercias anquilosadas, tendencias sociales de baja calaña, corruptelas endémicas, estereotipos insoportables. La escuela que cree que ella es apenas su literalidad es la peor de todas, porque no lee lo que en ella nos está constituyendo, encandilada en lo que es inútil. Es un peligro.

Me canso de ver cómo las justificaciones suelen anteponerse a las acciones y las negaciones a las reflexiones. Me aburro de verificar que se creen lo que se cuentan y quieren que les creamos la historia que se han contado. Me saca de quicio ese deporte tóxico tan frecuente de la reducción de las complejidades humanas y conceptuales a discursos ramplones de corte positivo; para todo, para las drogas, la sexualidad, la historia americana, la geometría, la democracia o el emprendedurismo. Me da tristeza encontrarme con una instancia tan precaria que niega porque se muere de miedo y rechaza porque no sabe qué hacer.

Queridos papás y mamás que buscan escuela para sus hijos, por favor, no escuchen lo que les cuentan; hagan al contrario, imaginen que si se los cuentan es porque no sucede. Y entren y vean. Y sientan y experimenten. Pidan quedarse una mañana en la escuela, en el patio, en las salas múltiples, en la biblioteca, en la cancha y pregúntense si algo relevante sucede allí, si ese cuerpo social que debería ser rico y complejo que es una escuela es realmente rico y complejo; porque si no lo es, entonces mejor ir a otra escuela. Claro, me contarán luego que la otra escuela tampoco lo es y yo deberé darles la razón. Por eso –esencialmente– escribo mis notas en los periódicos, una tras otra.

Twitter del autor: @dobertipablo

Fuente : Pijamasurf.com

Educar para crear

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   Foto : es.sott.net

En un mundo en el que impera un capitalismo salvaje y deshumanizador, se buscan nuevos paradigmas educativos para acabar con injusticias y permitir el desarrollo de personas libres e íntegras.

La llave de este cambio está en las escuelas que, como ejes vertebradores de la sociedad, pueden contribuir a formar personas más justas y felices, responsables de sus decisiones e inmunes al sistema consumista que domina nuestras vidas.

Sin embargo, la escuela  muchas veces no es sinónimo de educación porque el actual sistema educativo aún se basa en la obediencia y en la competencia.

Durante el siglo XIX y ante el avance de la Revolución Industrial se necesitaba una masa” de trabajadores útiles para el sistema capitalista y, por ello, comenzaron a importar la idea de la educación prusiana. Las escuelas se organizaron como fábricas con instalaciones separadas, toque de timbres, horarios estrictos y una estructura verticalista. Así, los Estados con la excusa de la igualdad que suponía una educación pública, gratuita y obligatoria, encontraron un método eficaz para controlar el parecer de su población y mantener la estructura social.

Más de un siglo después poco o nada ha cambiado. La educación sigue fragmentada en asignaturas inconexas, los niños continúan encerrados en aulas alejadas de la naturaleza y la materia sigue siendo estática y sin movimiento, únicamente formada por palabras.

Por ello, no es de extrañar que los niños se aburran en clase y pierdan la curiosidad innata que les lleva a aprender, y que la genialidad en el pensamiento divergente, que es la capacidad para buscar más de una solución a los problemas y un ingrediente básico de la creatividad, caiga a medida que los niños pasan por la escuela, desde un 98% a los tres años de edad a un 30%, tras 10 años de educación. Tampoco que, en estos últimos años, haya habido un gran aumento en la tasa de Trastornos del Déficit de Atención diagnosticados en todo mundo. No es lógico que, para poder pasar por la escuela, uno de cada diez niños tenga que ser medicado con psicofármacos que anestesian sus capacidades y duermen sus grandes potenciales.

Frente a este panorama tan desolador surgen diferentes alternativas pedagógicas que buscan desarrollar las competencias necesarias que cada niño necesita para alcanzar el éxito en su vida y ser feliz. Estas escuelas integrales, a través de la interacción con un entorno natural, consiguen que los niños desarrollen su pensamieto crítico, su capacidad de comunicación y de trabajo en equipo, además de una gran inteligencia emocional. En ellas se respetan los distintos ritmos de aprendizaje e intereses de cada niño, y se fomenta la pregunta y la indagación antes que el consumo de ideas.

Así se forman personas que mantienen la alegría y las ganas de vivir propias de la infancia y se cumple el verdadero objetivo de la educación: lograr una buena calidad de vida.

Sara Mosleh Moreno
Periodista

Fuente : http://ccs.org.es/2015/06/26/educar-para-crear/

La escuela neurótica

LA ESCUELA NECESITA UN SHOCK. UN SILENCIO QUE LE DEVUELVA SU PROPIA ESTRUCTURAL DESESPERACIÓN DE YA NO SER; DE YA NO SERVIR

POR: PABLO DOBERTI

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…explica Alonso González de Gregorio, de la consultora de educación The Gregorian Manor House:

la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada. Y aunque los colegios más famosos siguen teniendo muy buenos programas, son antiguos y les está costando renovar su sistema educativo.

Explica el experto en un artículo de título presuntuoso y que me generó interés: “Aquí fabricamos líderes” (El País, 22 de julio de 2014).

La nota habla sobre las escuelas de élite mundial, las poquísimas escuelas de élite mundial que a sus alumnos “les llevarán a ser líderes en el mundo de la política, la empresa, la banca y la cultura”.

Es –como debí prever– una nota pobrísima. No por la nota, que también, sino porque en esas escuelas, como en todas, no hay nada. O si no, lo que en ellas hay, no proviene de la escuela. Estirpe, networks, dineros, élite en general… La escuela es apenas el alojamiento.

No hay nada porque al paradigma vigente no le escapa ni la élite. Es un condicionante demasiado potente que todo lo atraviesa. Las élites griegas también eran ptolemaicas, aunque estuvieran equivocadas. La escuela que no sirve es todas las escuelas.

Y los consultores de siempre, por más reputación que ellos tengan, nos dicen otra vez las mismas obvias cosas. Como Alonso González de Gregorio. Básicamente, nos dicen que estamos equivocados y que la escuela no hace lo que debería hacer.

¿Qué pasa? ¿Tan tontos somos todos? ¿O tan difícil es todo esto?

¿Incluso yo, desde acá, estoy diciendo acaso algo diferente? No. Pero sí estoy seguro de que el proceso de cambio escolar no pasa porque escriba para mis lectores que “la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy…”.

Nuestro problema es que no tenemos bien identificado el problema. Y nos vamos con la finta de los falsos problemas. Nuestro problema (el de los sistemas educativos, quiero decir) no es cómo debería ser la otra escuela, la del futuro. Eso lo sabemos; al menos, lo sabemos decir: “Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada”, como nos dice el preclaro consultor. O, como nos lo dice otro consultor, Stephen Kosslyn:

Cuanto una persona más reflexiona sobre un asunto, cuanto más profundamente procesa una información, más fácil le resulta recordarla, porque la reflexión va a desencadenar asociaciones mentales entre aquel asunto y lo que ya está almacenado en su memoria” (…) “El profesor no puede ser más apenas un transmisor de conocimiento” (…) “ tiene que dar clases de aprendizaje activo, involucrando a los alumnos.” (…) “Las clases tradicionales son expositivas, lo que es una excelente manera de enseñar, porque el profesor alcanza al mismo tiempo muchos oyentes, pero es una manera horrible de aprender.

Y podríamos seguir citando.

El problema –me parece– es que dada la configuración simbólica actual de la institución escolar, ese paso de cambio que nos parece obvio y tiene consenso, es en realidad imposible. Imposible estructural. No lo daremos, por más clarividentes que nos bombardeen desde los medios de comunicación.

O sea, nuestro problema no es de orden conceptual, sino simbólico. Para poder ver lo que no vemos (ser lo que no somos), deberíamos cambiar de encuadre simbólico. Ser otros, constitutivamente hablando. Y eso sí que es difícil.

No difícil de dificultad; difícil de imposible. No se puede ser otro. Si se es otro, ya no se es uno. Por eso digo que es imposible.

La escuela no está entendiendo (ni los consultores, claro) que los sistemas educativos necesitan psicoanalistas y no consultores. No necesitamos gente que nos diga qué deberíamos hacer y no hacemos. No lo hacemos no porque no sepamos que lo deberíamos hacer. Nada más obvio para un maestro de cualquier escuela de cualquier ciudad del mundo, que “los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías”. No lo hacemos porque no se puede, porque nos es imposible hacerlo.

Recordemos que una buena definición de la posición del neurótico –que le aplica a la escuela– es que es quien sabe perfectamente bien, mejor que nadie, por qué no es feliz. Es decir, por qué no hace lo que debería hacer para serlo.

La única manera es transformarnos de cuajo. Y todos a la vez. Pasar al otro lado y tragarnos la llave. Girar. Reconfigurarnos. Dar un salto simbólico. Ser otros, como definición institucional. Dejar esta escuela y hacer otra. Mudarnos, en lo simbólico.

Ese proceso depende de otras variables; se mueve sobre otras guías; tiene otros roles para el tiempo y la escala; pasa –si pasa– por otras cosas. En ese tipo de procesos, casi todo lo que hacemos como corporación educativa (hablar, discutir, publicar, hacer experimentos, probar, aplaudir, justificarnos) no sirve; o peor aún, atenta contra él. En esos procesos no hay progresividad ni planificación. Allí las cosas deben suceder antes de entenderlas y ponderarlas. Allí los actos se imponen a las reflexiones y los silencios tienen más significado que las palabras.

La escuela necesita un shock. Un silencio que le devuelva su propia estructural desesperación de ya no ser; de ya no servir. Un sinceramiento esencial. Un corte. Un acto fuerte y masivo que la ponga de lleno ante lo que no es y debe ser.

Estamos cansados de que nos hablen y estoy cansándome de que nos hablemos. Estoy preocupado por la saturación de discurso justificativo que nos tiene presos. Y de tanta obviedad no realizada. ¿Cuánto más soportaremos que sea Gallup, tras una “investigación”, quien nos venga a contar ahora que “publicó una encuesta que revelaba que haber pasado por estos colegios (los de la élite mundial) o por las mejores universidades no es sinónimo de éxito y felicidad”.

Ya es hora. O no lo será.

Twitter del autor: @dobertipablo

Fuente : pijamasurf.com

La otra escuela

EL MODELO ESCOLAR VIGENTE OPERA CREANDO TRAMAS DE OPINIÓN QUE JUSTIFICAN COMO FATALIDAD LO QUE TENEMOS Y ESTIGMATIZAN COMO AVENTURA SIN SUSTENTO LO QUE SE OFRECE COMO ALTERNATIVA

POR: PABLO DOBERTI – 05/06/2014 A LAS 11:06:16

foto¡Qué complejas somos las personas! Vemos la audacia como riesgo y el miedo y la culpa como buenos consejeros. Todo sería más fácil sin nosotros. Entre otras cosas, tener una escuela mejor.

Estamos atrapados en nosotros mismos. Por eso es tan difícil. Nos domina el argumentario neurótico; la rosca emocional nos tiene secuestrados. Le damos la razón a nuestras miserias. Nos dejamos llevar. Rechazamos por culpa y aseguramos porque nos morimos de miedo. Pero, en lugar de doblegarnos ante nosotros mismos y asumir nuestras innegables dependencias psíquicas y sociales, las volvemos argumentos, razones, premisas, convicciones y hasta causas nobles. Nos enredamos. Nos enfrascamos. Todo lo complicamos. Lo hacemos más difícil de lo que es.

Si algo no funciona y tenemos al menos algunas ideas de cómo podría ser mejor, lo más sensato sería intentarlo, ¿no? Y saber que esas ideas en boceto evolucionarían si se les desplegara, si se les probara y si se les diera confianza. Pero no. En la medida en que el fracaso de lo que tenemos se nos vuelve más evidente, más difícil nos la ponemos. Nos aferramos a lo que no funciona. La neurosis. La ética de la culpa. El elogio del conservadurismo por la conservación misma. Hemos convertido a la escuela en nuestro bastión. Queremos que se justifique, porque se resiste. Nos obsesionamos con que su valor sea su necedad. Nos vale por terca. Se ufana de su atemporalidad antigua. Se autoelogia melosa y constantemente y, si no lo consigue, enseguida se autojustifica en sus fracasos para no dar resquicio. Trabaja para no quebrarse. Trabaja para no modificarse. Se siente pétrea. Y trabaja duro.

Como muchas otras justificaciones de lo injustificable, el modelo escolar vigente opera creando tramas de opinión que justifican como fatalidad lo que tenemos y estigmatizan como aventura sin sustento lo que se ofrece como alternativa. Protegen con una coraza de culpa lo que hay y fuerzan a heroísmos antisociales rayanos en el ridículo a los modelos que podrían venir. Manipulan. Operan políticamente. No dan chance; obligan a máximas aventuras. Arrinconan. Desprestigian.

Es más fácil resistir que proponer. El mundo al revés, otra vez. Eso sucede en la sociedad en su conjunto y lo mismo dentro de la escuela. Es fácil repetir y dificilísimo proponer. Toda una estructura de valores eficiente y dañina. El riesgo del “A ver cómo sería” es enorme. Nos exigen pasar pruebas que no aprobaría el modelo establecido; nos imponen respuestas que no son necesarias; nos juzgan mediante matrices tendenciosas que solo valoran lo que las genera, en una espiral perversa y cerrada. Nos tienen en su trampa.

Por todo esto, nuestra misión es tan obvia como difícil. Y si queremos ir despacio, sentimos que no avanzamos y se nos pasa la vida, y si aceleramos, sentimos el vértigo del ridículo y del aislamiento. Y si nos olvidamos de todo y vamos al frente como si fuera simple y evidente, entonces nuestras propias dudas nos acosan y lo que no viene de fuera nos viene de adentro y nos vuelve a trabar. Pues así somos las personas y así son las cosas. Y la escuela está ahí, inútil y estancada, esperando que la audacia le gane algún día a la cobardía; que la intrepidez se imponga de una buena vez y pasemos al otro lado, hagamos de una vez la otra escuela y luego, más luego y recién luego, en unos 150 años, discutamos profundamente si lo hecho valió la pena.

Twitter del autor: @dobertipablo

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de este blog

Nuestra fuente : http://pijamasurf.com/

Una visión de la educación y de la escuela

La escuela y sus críticos : para una amplia discusión

contra la escuela

      (El movimiento cuyo cartel nos sirve de ilustración no
        es el autor del escrito, hasta donde sabemos)

Del blog paramisonemigmas entresacamos su última entrada, que nos ha parecido que merecía la pena leer y plantearse, dados los problemas que presenta la escuela en nuestro mundo y la diversidad de enfoques que se pueden dar a esta institución, a veces rechazada de plano en los casos de “home education” (en EEUU hay seria y amplia literatura sobre el tema antiescuela), que ya se están dando en España. Su inclusión en nuestro blog no significa que el mismo asuma los pareceres de quien escribeNO DEJES TUS DERECHOS EN LA PUERTA DE TU CENTRO ESCOLAR”, aunque sí los considera como una reflexión a tener en cuenta y merecedora de discusión. En realidad, el escrito plantea de manera resumida lo que ya se dice en la literatura estadounidense, quizá más agresiva.

Por otra parte, sabemos que en la educación de los maestros se asumen y corrigen muchas de estas críticas. Otra cosa será la escuela real cuando la cuentan así

Transcribimos, pues, dicho artículo, que, aparentemente, recoge un panfleto que se distribuye libremente. Para quien tenga curiosidad, el mismo panfleto aparece como vídeo en Youtube :

“NO DEJES TUS DERECHOS EN LA PUERTA DE TU CENTRO ESCOLAR”

Difundimos este papel porque pensamos que la educación no debe ser una parte obligatoria e impuesta de la vida de una persona, sino una etapa de crecimiento personal que se debe disfrutar y para eso es necesario ser responsable de ella.

1)       En la escuela pierdes tu libertad para desplazarte y moverte, un derecho fundamental del ser humano. Un horario y un timbre deciden cuándo y por cuánto tiempo puedes hacer ciertas actividades, estudiar ciertas materias, hablar, jugar, comer y hasta estornudar, según la disciplina del centro. Esta libertad nunca debería perderse. Al privarte de ella no te están favoreciendo, sino haciéndote un flaco favor. No eres un esclavo, y no necesitas que te la quiten por tu bien.

2)       En la escuela pierdes el derecho de pensar libremente y de seguir tus propios intereses. Los profesores, que siguen un calendario y un temario oficiales, son inmunes a las críticas y a veces a las preguntas: muy rara vez proponen debates abiertos o participación: esto iría en contra de su trabajo. Pero, tú no tienes por qué favorecer esta función asalariada del profesor. Tienes derecho de preguntar y de pedir explicaciones, de profundizar en los temas que te interesan y dedicarte a ellos todo el tiempo que quieras. Y también a entender lo que estás haciendo y por qué. Piensa que educar seres humanos no es lo mismo que criar animales de granja: la educación humana no tiene por qué tener unos objetivos predefinidos ni ser igual para todos y todas.

3)       En la escuela, dejas que te clasifiquen en un grupo solamente por tu edad. Tienes el compromiso de permanecer junto a ese grupo y hacer lo mismo que ellos y ellas. ¿De verdad necesitas esto para convertirte en una mejor persona o para aprender a valerte por ti mismo en la vida futura? No, esto solo favorece tu sentimiento de pertenencia a una clase social. Nadie tiene derecho a clasificarte de esta forma indigna ni a decidir con quién te puedes relacionar o asociar para tu educación.

4)       Lo que en la escuela llaman absentismo, en realidad se llama responsabilidad. Si no eres responsable de tu propia educación, ¿cómo podrás ser responsable de otras cosas en el futuro?

5)       En la escuela, dejas que otros te evalúen y juzguen en base a repetir como una cacatúa lo que dicen unos libros que tú no has elegido. Te obligan así a ocupar tu tiempo escolar y el tiempo “libre” en unos contenidos predeterminados que al ser impuestos dejan de lado cualquier motivación que tengas, y que no incluyen muchas cosas importantes. La formación escolar tiene graves carencias de cosas realmente importantes para la vida, y lo que se enseña no es lo esencial para valerse por uno mismo o misma. La mayoría del contenido se olvidará porque no será necesario. Además, eso permite que haya el condicionamiento ideológico e incluso a veces religioso que claramente hay en libros de texto.

6)       La memorización y el método de exámenes no son un buen método para la enseñanza, de hecho, está considerado como uno de los peores. Solamente inculca el criterio de autoridad (necesitar siempre a otra persona que te diga si lo que piensas es correcto o no), se elimina todo tipo de creatividad (una cosa solo puede ser verdadera o falsa, sin más opciones) y califica a los alumnos en tontos y listos, fracasados o exitosos, como si tuvieran que competir entre ellos por un premio. Así se educa también a los perros. ¿Se da cuenta de cuántas cosas será incapaz de opinar por no haberlo estudiado en una escuela y pasado un examen?

7)       En los centros escolares está mal visto la colaboración para lograr un fin determinado, una cosa que ha sido básica en la especie humana desde la prehistoria. Hoy, no hay nada que se logre sin una colaboración: nada se puede conseguir en solitario, o muy pocas cosas. En cambio, en la escuela a la colaboración lo llaman “copiar”. Piensa bien en esto y verás el tremendo error que implica. Si no podéis ayudaros entre vosotros, solo vais a desear competir por el premio gordo.

8)       Muchas personas que permanecen en la educación obligatoria, no continúan estudiando porque para ellos la educación ha perdido todo su sentido o porque se les han tachado excesivamente de fracasados. El problema, es que no ven sentido en la cultura, en leer, en la información, todo les parece lo mismo. Creen realmente que son fracasados. Este “fracaso escolar” no es poca inteligencia, sino que la persona está hundida por culpa del sistema educativo competitivo. España es uno de los países con mayor “fracaso escolar” de toda Europa.

9)       La educación pública obligatoria pagada por el Estado existe desde hace muy poco tiempo y sigue el mismo modelo en todo el mundo donde exista, con muy pocas variaciones. Esto significa que NO es necesario el compromiso de obediencia leal a un centro educativo o a un “poder público” para que existan personas capaces de ser buenas en cualquier oficio, aprender, ser creativas, saber idiomas, hacer el bien por la sociedad o valerse por si mismas. Todo esto se aprende más con la experiencia del trabajo o de la comunicación, o al tener libertad para experimentar, cosas que la escuela no respeta al volver dependientes y casi esclavas durante ese tiempo a las personas que acuden a ella. Piense en todo esto.

10)   Este papel va dirigido a estudiantes, profesores y a padres y madres, sin ningún ánimo de querer imponer ideas. Solamente esperamos que sirva para hacer pensar y para dar inicio a iniciativas pacíficas. Si aplica estas ideas en su vida, no lo haga de forma violenta, sino cordialmente. Con violencia las cosas no cambian a mejor, como se ha comprobado tantas veces en la historia y en la vida misma. Si crees que merece la pena, difunde estas ideas, háblalo con tus conocidos y amigos y ponlo en práctica. Muchos autores han defendido que es necesaria una educación más libre, responsable y democrática que la que se aplica en el sistema hoy en día, como Francisco Ferrer i Guardia.

“Comiéncese la instrucción cuando el mismo niño la pida. (…) A las 9 de la mañana sabe el ministro de Instrucción Pública que todos los niños leen, escriben y calculan. ¿Tienen todos los niños y también los profesores el mismo deseo a la misma hora? ¿Por qué no dejar al profesor la iniciativa de hacer lo que le parezca, ya que ha de conocer a sus alumnos mejor que el señor ministro o cualquier burócrata, y debe tener la libertad necesaria para arreglar la instrucción a su gusto y al de sus alumnos?”

(La Escuela Moderna, Francisco Ferrer i Guardia)

Aclararle que este documento no dice en ningún sitio que no deba haber escuelas ni centros educativos, ni que la labor de un profesor sea despreciable* (al contrario: también los profesores deberían poder enseñar libremente). No estamos atacando a la educación en si misma, sino al modo en que se realiza, un método que tiene pésimos resultados y que empeora cada año el nivel cultural general. Queremos que eso cambie, que se haga más libre para mejorar a todos los niveles. Este proyecto no implica acabar con las escuelas sino ampliar enormemente sus funciones, y proporcionar una educación de verdad en la que el estudiante mismo participe.

*El subrayado es nuestro.