Estrategias para promover el desarrollo del lenguaje oral en la clase de ciencias


En las clases, tan diversas en los últimos tiempos en cuanto a alumnos, es importante que los profesores recuerden que cada lección de ciencias ofrece una oportunidad para el desarrollo del lenguaje tanto para los que hablan español como para los alumnos de otras procedencias.

Existen diversas estrategias que dan al alumnado la oportunidad de desarrollar sus capacidades de expresión oral.  Todas estas estrategias apoyan el desarrollo conceptual al tiempo que ofrecen oportunidades para practicar un lenguaje oral académico relevante. Los objetivos serán : autoexpresión, habilidades de interacción, un uso apropiado de las estructuras lingüísticas y desarrollo del vocabulario.  Las estrategias que vamos a proponer podrían utilizarse en cualquier grupo de aprendizaje elemental de la lengua. Estas estrategias disponen a los estudiantes en dúos o tríos, de esa manera es fácil para los profesores controlar la comprensión, evaluar el progreso y adaptar apropiadamente su nivel de lenguaje.  Veamos ejemplos de estas estrategias :

– Informar a un compañero sobre la lección recién impartida:  Cada estudiante informa con su propio lenguaje al compañero a derecha e izquierda. Los demás estudiantes escuchan esta información  de su compañero. – Esto permite  a los estudiantes hablar a diferentes compañeros en la clase y da a cada estudiante la oportunidad de compartir y escuchar varias respuestas y estructuras lingüísticas.  Hablar de uno en uno con una variedad de compañeros otorga una capacidad de lenguaje fluido y libre de riesgos.

– Entrevista en tres direcciones : Los estudiantes forman pares. Un primer estudiante entrevista a un segundo sobre un tema. Luego ambos invierten los roles. El primer estudiante comparte con la clase la información del segundo ; luego el segundo estudiante comparte la información del primer estudiante. – Las entrevistas apoyan el desarrollo del lenguaje en cuanto a formación de preguntas. Los estudiantes participan hablando y con una escucha activa. Esto asegura que todos los estudiantes participen.

– Cabezas numeradas : Se forman grupos y los estudiantes se numeran dentro de cada uno. El profesor da una directriz. Los estudiantes piensan individualmente sobre el tema. Luego los grupos discuten el tema de manera que cualquier miembro del grupo pueda informar en nombre del mismo. A continuación el profesor nombra un número y el estudiante con ese número de cada grupo informa en nombre del grupo. – La discusión en grupo de distintas materias provee  a cada estudiante de comprensión del lenguaje y de los conceptos. El recitar en orden aleatorio ofrece una oportunidad de evaluar el progreso tanto del individuo como del grupo.

– Mesa redonda : El profesor sienta a los estudiantes en pequeños grupos en torno a mesas. Luego hace una pregunta con muchas posibles respuestas. Cada estudiante sentado en torno a la mesa responde a la pregunta de manera diferente. – Apoyar la elaboración que supone la respuesta crea un aprecio de la diversidad de opiniones y de pensamiento.  Provocar repuestas múltiples mejora la fluidez lingüística.

– Pensar, Emparejarse,Compartir : Los estudiantes piensan sobre una materia que sugiera el profesor. Luego la discuten por parejas. El profesor elige estratégicamente a ciertos estudiantes para que compartan de manera indivual la información de su discusión con la clase. – La oportunidad de reflexionar durante el tiempo de pensar individualmente permite a los estudiantes formular los pensamientos antes de hablar. El tiempo dedicado a pensar permite a los estudiantes pensar sobre los conceptos y el lenguaje antes de exponerlo. La discusión con un compañero reduce la ansiedad de la intervención y mejora la comprensión.

Fuente : Shea, Lauren M. y Shanahan, Therese B. “Talk Strategies : How to promote oral language development through science”. En : Science & Children, nov. 2011, vol. 49, n. 3, pp. 62-66

Museos de ciencia y educación

Ciencia Habitualmente se habla de los museos de ciencia interactivos, y de otros establecimientos museísticos, como “espacios para el aprendizaje”. También habitualmente la palabra “aprendizaje” suele usarse en su acepción más clásica, la que define una experiencia cognitiva de asunción de conocmientos, en este caso científicos.  Esta vocación docente normalmente manifestada por estos museos se traduce en la existencia de departamentos educativos propios, en los que se ponen a punto productos didácticos para uso en las salas, los cuales suelen estar marcados por una inspiración fuertemente racional. Como espacio de aprendizaje, el museo de ciencia es un lugar de características muy especiales – son generalmente llamados centros de aprendizaje “no formal” – . No obstante, la línea educativa que desarrollan estos departamentos educativos propios de los museos suele estar muy mediatizada por los contenidos curriculares y las formas típicas de la escuela (aulas de impartición de talleres, dossiers didácticos, proyecciones de audiovisuales, etc.). No es raro que sea así, pues estos museos deben gran parte de sus cifras de visitantes al público escolar y es lógico que dediquen a este segmento importantes esfuerzos.

Hoy en día, el catálogo de actividades en torno a una exposición de ciencia suele ser muy extenso,  y debe decirse que los esfuerzos de los especialistas de la educación en este sentido han dado lugar a productos complementarios a las exposiciones de mucha calidad. Es posible ver funciones de teatro referidas a una exposición de ciencia o representaciones de cuenta-cuentos en ámbitos museísticos. Aún aplaudiendo estas labores complementarias, cabe destacar la importancia de la visita a una exposición o museo como una experiencia plenamente personal. Aquellas actividades son magníficas como elementos enriquecedores de la visita, pero no deberían sustituir la plena experiencia museística que vive un escolar recorriendo una sala y tomando contacto “tú a tú” con la exposición, en una dimensión personal e íntima.

Fuente : Museos de ciencia interactivos : ¿ciencia o arte? / Guillermo Fernández Navarro. Revista de Museología, 44, 2009, 22-29