El creciente uso de la enseñanza constructivista en programas de educación de profesores y en las escuelas es una bendición a medias. Por una parte, el uso creciente de las pedagogías constructivistas es bueno puesto que indica que cada vez más profesores y escuelas se están alejando de los modelos tradicionales de enseñanza, los cuales no animaban a los profesores a construir sus propias concepciones del contenido ni tampoco atendían las necesidades de muchos estudiantes. Muchos profesores, como Peterson y Dusting, que se apoyan en las estrategias de enseñanza constructivista, han sido capaces de hacer que sus estudiantes se impliquen más en el proceso de enseñanza y lleguen a un conocimiento más profundo de la materia enseñada. Por otra parte, la prevalencia de la práctica de la enseñanza constructivista sugiere que los educadores tienen que estar mucho más alerta sobre lo que queremos decir con constructivismo y cómo aplicamos la enseñanza constructivista. Tenemos que tener cuidado en no confundir el constructivismo con la enseñanza centrada en el alumno o en asumir que los profesores que se deciden por este enfoque no tienen un buen conocimiento del contenido. Más aún, los profesores que se apoyan en prácticas pedagógicas constructivistas tienen que tener cuidado en evitar algunos puntos negros como reducir la enseñanza a entretenimiento o requerir de los estudiantes que se enseñen a sí mismos. Sobre todo, los profesores, teóricos de la educación y educadores en general deberían recordar que, como cualquier modelo efectivo de enseñanza y aprendizaje, el constructivismo no es una panacea que pueda curarnos de todos los males educativos. La enseñanza constructivista puede producir resultados estupendos cuando se usa correcta y juiciosamente ; también puede producir unos pobres resultados y una enseñanza inefectiva cuando se construye o se usa mal.
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Si analizamos la relación entre la conformidad y el carácter podemos descubrir dos tipos de individuos, el que acusa gran conformidad de comportamiento y el que se caracteriza por su independencia e inconformidad. Las personas que manifiestan una conducta conformista y convencional pertenecen en su mayoría a lo que se podría denominar personalidad autoritaria. Caracterizada por los siguientes rasgos : rigidez e inflexibilidad, prefiere los términos absolutos, no gusta de someter a examen sus ideas y huye de la introspección, es sistemáticamente hostil y tiene prejuicios frente a grupos ajenos al suyo propio, tiende a hacer todo aquello que está prescrito, máximo control de impulsos e inhibición. Son personas inseguras, carentes de confianza en sí mismas. que se sienten amenazadas y que tienden a un estilo cognoscitivo rígido, concreto y acomodaticio. Las personas que dan muestras de independencia en su comportamiento parecen hallarse en posesión de las siguientes características : carencia de sentimientos de inferioridad, de autocontrol rígido y de actitudes autoritarias, individuos con confianza en ellos mismos, independientes en sus juicios y capaces de pensar por sí mismos. Son sujetos creadores, flexibles y fluidos. Sus percepciones y conocimientos son singulares, para abordar los problemas se muestran intuitivos, empáticos y – perceptualmente – abiertos.
En cualquier área de formación profesional, más sobre todo en aquellas de énfasis científico técnico, es una necesidad apremiante equilibrar los conocimientos especializado y social. En este sentido, la formación centrada en desarrollar expertos con capacidad para tomar decisiones, con habilidades para buscar la información necesaria, pero que a su vez estimule las relaciones interpersonales y la ubicación en contextos generales y específicos, además de formar buenos profesionales, favorecería su reconocimiento como sujetos sociales.