En cualquier área de formación profesional, más sobre todo en aquellas de énfasis científico técnico, es una necesidad apremiante equilibrar los conocimientos especializado y social. En este sentido, la formación centrada en desarrollar expertos con capacidad para tomar decisiones, con habilidades para buscar la información necesaria, pero que a su vez estimule las relaciones interpersonales y la ubicación en contextos generales y específicos, además de formar buenos profesionales, favorecería su reconocimiento como sujetos sociales.
En aras del equilibrio aludido, la universidad, así como la escuela en general, ha de convertirse en un escenario tanto para el aprendizaje especializado y disciplinar como para la socialización. En este contexto, la universidad también ha de asumirse como un espacio para el encuentro, es decir, adecuado para el aprendizaje en coexistencia y convivencia, donde los encuentros cara a cara entre los distintos actores que la conforman permitan el forjamiento de seres políticos y sociales.
El individuo autodeterminante y responsable no se puede constituir sin los aportes de las dos dimensiones humanística y científicotécnica. Una instrumentación científico técnica y de calidad desprovista de una formación ética y política no permite alcanzar los fines generales de toda educación, es decir, configurar personas libres y responsables ; por lo que la misión de formar personas en su rol de ciudadanos y seres sociales y políticos es competencia de todo docente, indistintamente de su especialidad disciplinar. En esta vía, bien puede decirse que la formación en valores éticos y sociales constituye uno de los principales ejes conductores del trabajo inter y transdisciplinar docente. Asumiendo que, por encima de la mera profesionalización, la misión de la universidad en cuanto escuela es dar continuidad al proceso de formación del ser social ; función que ha de adquirir un carácter transversal.
En estos términos, si una salida es la integración inter y transdisciplinaria entre lo socio humanístico y lo científico técnico, ¿en qué dirección avanzar en pro de su logro efectivo?. Una de las principales respuestas es derribar la barrerar disciplinares. En esta direccion insistimos en la necesidad de formar profesionales íntegros ; dicha premisa también se ha de aplicar a los propios docentes. Hoy día, además de especialistas, necesitamos ser generalistas capacitados para reconocer y ubicar la práctica docente y profesional como parte de un todo, esto es, inserta en un mundo más amplio y compartido con otros, a su vez mediado por las peculiaridades sociales, culturales, políticas y ambientales de los ámbitos en que nos desenvolvemos.
Fuente : La formación socio humanística en contexto de dominancia científico técnica : reflexiones en torno a la práctica docente/ Marlon Javier Ménez Sastoque Paradigma, vol. XXIX, nº 1 (junio 2008)
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Junto con la familia, la escuela es otro gran agente educativo y socializador de primer orden. En la escuela será donde realmente el niño encuentre el grupo de pares, algo que le permitirá aumentar los entornos en los que se desenvuelve y que incrementará progresivamente (familia, escuela, compañeros, barrio, trabajo…) hasta la inclusión total como ciudadanos que aportan a la sociedad.
La manera en que los temas democráticos se tratan en preescolar y el tipo de conocimiento moral que los niños desarrollan respecto a sí mismos y a los otros son temas de importancia vital para el futuro. La idea de ciudadano del mundo se relaciona con la solidaridad y la individualidad y con la manera en que los niños se cuidarán a sí mismos, y también a los otros, y al mundo. Es imprescindible una práctica educativa en preescolar que eduque sobre derechos, justicia y el bienestar de los demás. También habrá que educar en democracia en términos de participación y de influencia. Estos temas son prioritarios en todas las sociedades incluso si sus implicaciones difieren según qué sociedad y qué cultura.
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