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La risa en el aula

risa

 

     Cuando un niño o niña corre, salta, baila, manipula sus juguetes, lucha o se lanza por el tobogán, está aprendiendo a relacionarse con su propio cuerpo y con el universo que le rodea. Y la risa, esa reacción somática que acompaña el juego, es como una recompensa emocional que estimula al niño a buscar el juego.  En nuestra especie, a diferencia de otras,  el proceso de aprendizaje es más largo y complejo : en ese proceso, la risa y el juego son fundamentales. El humor y el aprendizaje están unidos por naturaleza. El juego es el sistema que heredamos para aprender y la risa que provoca implica que las emociones positivas nos estimulan a ampliar y construir recursos. El humor y el juego, lejos de ser perniciosos para el aprendizaje, deberían formar parte integral de cualquier metodología educativa : su inclusión probablemente proporcionaría importantes ventajas.

   La principal ventaja de introducir el humor en el aula tiene que ver con el aspecto placentero de la risa. Está bastante demostrado que el humor, al menos cuando consigue estimular la hilaridad espontánea de una persona, proporciona un bienestar emocional a corto plazo. El uso adecuado del humor en el aula, para crear un clima positivo y divertido en el que la equivocación no implica rechazo, en el que las tensiones interpersonales se resuelven con ingenio, y en el que predominan las emociones positivas, sin duda contribuirá a fomentar la salud mental de todos los participantes en el proceso docente. El humor puede también servir para motivar el esfuerzo educativo tanto para profesores como para alumnos. Una clase en la que prolifera la risa y las emociones positivas es un lugar en el que apetece estar, aprender y prestar atención, o, en el caso del profesor, de trabajar y enseñar.

   La cercanía que produce el humor positivo contribuye a otro de los efectos conocidos del humor : su capacidad para potenciar la eficacia comunicativa.  El docente que cuenta un chiste o emplea un recurso divertido a menudo consigue atraer poderosamente la atención de sus estudiantes. Incluso se produce un efecto mnemónico : los elementos divertidos resultan más memorables.

  Pera terminar, decir que  el humor, como la labor docente en general, es un arte que requiere criterio, trabajo y muchas horas de experiencia. No es ninguna panacea y ni siquiera podemos afirmar que se trate de algo prioritario. Pero sí se trata de un elemento que el proceso evolutivo ha incorporado, mediante el juego, al proceso natural de aprendizaje y sus beneficios están bien constatados. Un toque de humor empleado juiciosamente puede reducir tensiones y barreras, motivar el aprendizaje y estimular los procesos cognitivos tan fundamentales en el proceso educativo.

Extracto de : Jáuregui Narváez, Eduardo y Fernandez Solís, Jesús Damián. “Risa y aprendizaje : el papel del humor en la labor docente”. En : Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 66, (23,3) pp. 203-215

 

 

La risa en el aula

¿Tiene la risa lugar en el aula? ¿Qué papel juega el juego en el aprendizaje? ¿Cuál es el valor pedagógico del humor? Aunque sin duda la educación es un tema bien serio, incluso de una importancia prioritaria en cualquier sociedad humana, existen numerosas corrientes pedagógicas que en las últimas decadas han fomentado el humor, la diversión y la risa en la labor docente como aliadas, argumentando que no hace falta ser solemne para ser serio en este ámbito profesional. Quienes recomiendan un estilo más desdenfadado en la labor docente citan numerosos beneficios tanto para el profesor como para el alumno : establecer una mejor relación con los estudiantes, reducir el estrés y la ansiedad, gestionar el conflicto, proporcionar una recompensa emocional que motive la participación y el estudio y comunicar la materia más eficazmente, estimulando la atención, la creatividad y la memoria.

Extracto de : Eduardo Jáuregui Narváez, Jesús Damián Fernández Solís. Risa  y aprendizaje : el papel del humor en la labor docente. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 66 (23,3)(2009), 203-215