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Educación 3D : LA ESCUELA QUE NO FORMA E INFORMA DESCONOCE LA INSTANCIA PRODUCTIVA DEL SABER

POR: PABLO DOBERTI – 14/10/2015

Nikolaos Gyzis,

Cada vez que escucho a un educador usar la palabra educación, o enseñanza, o aprendizaje, didáctica, pedagogía, conocimiento, saber, instrucción, etc., no sé muy bien de qué habla. No lo sé porque esas palabras se nos han gastado y los conceptos que suponen o podrían suponer están cada vez más confusos y mezclados.

Necesitamos una matriz conceptual eficiente para poder recuperar nuestro vocabulario esencial y nuestro trabajo teórico; y necesitamos explicitarla. Y entonces sí encajar cada una de estas palabras –y otras– en ella, para que las cosas vayan rearmándose en un ecosistema consistente y claro, para que cada vez que alguien del mundo educativo diga algo, esté diciendo realmente algo. Necesitamos poder acordar o disentir con él. Hoy hemos perdido tanto la posibilidad de consenso como la de disenso, porque todo es más o menos todo y más o menos nada y más o menos eso y más o menos también lo contrario.

En la escuela, o nos dedicamos a formar o nos dedicamos a informar. No se pueden hacer las dos cosas, hasta porque la misma etimología nos lo impide avisándonos que la una (información) niega a la otra (formación). No se puede ser moral e inmoral la vez; ni culto e inculto. Sin embargo, cuando los escucho hablar en nuestros constantes congresos, seminarios, encuentros, foros, espacios y talleres, nunca acabo de saber si están haciéndolo desde la cara formativa de la educación o desde la contracara informativa de ella. Y es ahí que me confundo y me pierdo.

Educar es formar; o sea, no es informar. Formar exige poner al sujeto siempre por delante del objeto. El saldo del proceso educativo no es la información sino el formado. Si para algo sirve la historia medieval es para hacer más sólido al alumno que la aprende; la química no vale por sí, vale –si vale– por el saldo que produce en el formado en química. La química debería constituirnos. Pero no lo hace. Y no lo hace porque llega en “modo informativo”, como la geografía, la biología, la física y en general lo demás. Todo el sistema educativo pasa cualquier tema a “modo informativo”; hasta la literatura, la geometría, la alfabetización y las ciencias. Todo llega empaquetado para que sea recibido y almacenado. Y a eso solemos llamarlo saber o conocimiento. Cuando decimos que “sabemos” algo o de algo estamos diciendo que podemos dar testimonio del paquete informativo de ese algo. Estamos equivocados.

Pero las cosas a veces se vuelven a confundir cuando vamos a las matemáticas o a la lengua; ahí no parece que se trate estrictamente de un proceso informativo. En matemáticas, los alumnos aprenden a resolver ejercicios, no solamente a conocer la información matemática. Saben –los buenos– resolver operaciones, ecuaciones, funciones de las más diversas complejidades. Lo mismo con la lengua, con la que acaban sabiendo escribir redacciones, frases gramaticalmente correctas, conjugar verbos, alinear géneros, números y demás, gobernar las formas sintácticas establecidas de su lengua. Pero lo curioso es que con eso ni hacen matemáticas ni tampoco literatura. Están aptos para ejecutar unas operaciones, pero no lo están para replantearlas, matizarlas o producirlas.

La escuela que no forma e informa desconoce la instancia productiva del saber (que algunos llaman “creatividad” y puede ser, aunque me suena un poco naif el sustantivo). Producir es construir con eso; proponer algo más que lo que había. Porque lo que había llegó a mí empaquetado en su “modo informativo”. Formar es trascender lo que se nos informa. Y eso es producir.

La información es medio para la formación y no fin en sí mismo; y lo es siempre y cuando tenga el tino suficiente como para no obturar, atrofiar, inhibir, reducir y pasivizar, que es lo que suele hacer en nuestras escuelas. Ese tino es timing; timing pedagógico; que la información entre cuando ya haya sujeto para hacer algo con ella.

Formarme es aprender a hacer algo con lo que sé. Hacer es más que saber. No quiero que en educación sexual me informen sobre la sexualidad, sino que me formen para ella y que yo pueda hacer más y mejores cosas con mi sexualidad. Pero la escuela no me entiende.

Te estarás preguntando –lector– por qué entonces titulé esta nota “Educación 3D”, si nada he dicho de eso. Tienes razón; lo he dejado para el final. Necesitaba este contexto para planteártelo.

Estamos convencidos de que la educación se debe organizar por temas; así son los currículos. La noción de tema parece axiomática. Eventualmente, la comunidad educativa se muestra a veces dispuesta a discutir qué temas y en qué orden, pero no la noción misma de tema. Sin embargo, bajo la matriz de formación-información, lo que debemos discutir es el concepto de tema.

Solemos entender por tema un recorte; por ejemplo, la esclavitud o los números romanos; y estamos convencidos de que se deben estudiar en sí mismos, cada uno a su hora. Los temas en el mundo educativo son unidimensionales. Recortamos el período colonial y lo desarrollamos centrípetamente, como si se pudiera. No se nos ocurre que sería mucho mejor hacerlo centrífugamente y dejarlo que nos lleve a las monarquías europeas, a la religión católica, a las creencias geográficas y astronómicas o a donde desee llevarnos. Nos da miedo la multidimensionalidad. Nos resistimos a poner la redacción a trabajar junto con la literatura y dejar que esa tensión total entre ellas alimente el objeto y fortalezca la formación del sujeto. Por eso lo de 3D; porque cuando conectamos se rompe el modo informativo y se pone en marcha el modo formativo. Todo es infinitamente más complejo de lo que parece, más relativo de lo que quisiéramos y mucho pero mucho más atractivo. Pero hace falta ponernos las gafas y verlo en 3D; desde todos los lados y para todos los lados, en volumetría. Si no las cosas no se entienden, aunque se recuerden. La esclavitud, el racismo, la colonia, los sistemas de perspectivas… Si logramos enfocar en 3D el objeto de estudio, entonces el sujeto de la formación aparece y se constituye. Si no, no.

Por eso me gustan tanto las asignaturas rebeldes a su reducción al modo informativo, como el inglés –por ejemplo. ¿De qué sirve tener información sobre el inglés si no conseguimos hablar en inglés? Ahí es fácil ridiculizar el modo informativo; pero en el fondo, es el mismo ridículo que surge si nos preguntáramos de qué sirve tener información sobre la historia de Brasil si no conseguimos tomar una posición política sobre Brasil. Y así con la mecánica de la función de segundo grado, si no somos capaces de construir una ecuación de segundo grado o del teorema de Pitágoras, si somos incapaces de producir algo a partir de él.

O nos dedicamos a formar o nos dedicamos a informar. No se pueden hacer las dos cosas. Propongo esa matriz dicotómica y excluyente para comenzar a entendernos.

Twitter del autor: @dobertipablo

Fuente : Pijamasurf.com

Educar para crear

Imagen

   Foto : es.sott.net

En un mundo en el que impera un capitalismo salvaje y deshumanizador, se buscan nuevos paradigmas educativos para acabar con injusticias y permitir el desarrollo de personas libres e íntegras.

La llave de este cambio está en las escuelas que, como ejes vertebradores de la sociedad, pueden contribuir a formar personas más justas y felices, responsables de sus decisiones e inmunes al sistema consumista que domina nuestras vidas.

Sin embargo, la escuela  muchas veces no es sinónimo de educación porque el actual sistema educativo aún se basa en la obediencia y en la competencia.

Durante el siglo XIX y ante el avance de la Revolución Industrial se necesitaba una masa” de trabajadores útiles para el sistema capitalista y, por ello, comenzaron a importar la idea de la educación prusiana. Las escuelas se organizaron como fábricas con instalaciones separadas, toque de timbres, horarios estrictos y una estructura verticalista. Así, los Estados con la excusa de la igualdad que suponía una educación pública, gratuita y obligatoria, encontraron un método eficaz para controlar el parecer de su población y mantener la estructura social.

Más de un siglo después poco o nada ha cambiado. La educación sigue fragmentada en asignaturas inconexas, los niños continúan encerrados en aulas alejadas de la naturaleza y la materia sigue siendo estática y sin movimiento, únicamente formada por palabras.

Por ello, no es de extrañar que los niños se aburran en clase y pierdan la curiosidad innata que les lleva a aprender, y que la genialidad en el pensamiento divergente, que es la capacidad para buscar más de una solución a los problemas y un ingrediente básico de la creatividad, caiga a medida que los niños pasan por la escuela, desde un 98% a los tres años de edad a un 30%, tras 10 años de educación. Tampoco que, en estos últimos años, haya habido un gran aumento en la tasa de Trastornos del Déficit de Atención diagnosticados en todo mundo. No es lógico que, para poder pasar por la escuela, uno de cada diez niños tenga que ser medicado con psicofármacos que anestesian sus capacidades y duermen sus grandes potenciales.

Frente a este panorama tan desolador surgen diferentes alternativas pedagógicas que buscan desarrollar las competencias necesarias que cada niño necesita para alcanzar el éxito en su vida y ser feliz. Estas escuelas integrales, a través de la interacción con un entorno natural, consiguen que los niños desarrollen su pensamieto crítico, su capacidad de comunicación y de trabajo en equipo, además de una gran inteligencia emocional. En ellas se respetan los distintos ritmos de aprendizaje e intereses de cada niño, y se fomenta la pregunta y la indagación antes que el consumo de ideas.

Así se forman personas que mantienen la alegría y las ganas de vivir propias de la infancia y se cumple el verdadero objetivo de la educación: lograr una buena calidad de vida.

Sara Mosleh Moreno
Periodista

Fuente : http://ccs.org.es/2015/06/26/educar-para-crear/

La secreta razón por la cual la escuela y la política aburren tanto

APTOPIX China 30 Years Reforms

UN NUEVO DOCUMENTAL LLAMADO BOREDOM EXPLICA LA PRINCIPAL RAZÓN POR LA CUAL TANTA GENTE SE ABURRE EN CLASES Y ESCUCHANDO DISCURSOS POLÍTICOS

POR: PIJAMASURF – 08/10/2014 A LAS 12:10:56

El aburrimiento en las escuelas es imperante, pero no por las razones que la mayoría cree. De acuerdo con el nuevo documental Boredom no son los temas a estudiar lo que hace que los alumnos se aburran terriblemente, sino la cultura sedentaria de estar constantemente sentado. “Estar sentado demasiado tiempo hace que el cerebro de la gente se convierta en papilla”, apunta Albert Nerenberg, director del documental.

El psicólogo Earl Henslin explica en la película que es la naturaleza inmóvil de los estudiantes lo que eventualmente hará que la mayoría de las experiencias sean aburridas. “Cuando una persona deja de moverse, el cerebelo comienza a ir más lento”. Debido a que el cerebelo, el cual se activa principalmente con movimiento, es tan central al cerebro, cuando se desactiva, todo el cerebro va más lento. Literalmente, la inmovilidad física se traduce en inmovilidad mental –la mente y el cuerpo tienen menos división de lo que pensamos.

Hace sentido pensar que, si no podemos poner atención porque nuestro cerebelo está aletargado, eventualmente caeremos en un aburrimiento brutal. Pero no sólo son los salones de clase los que fomentan esta niebla mental; el efecto sedentario también se da en arenas políticas donde se sabe que algunas personas incluso se desmayan mientras escuchan un discurso político. Por si fuera poco estar sentados, en esa oprimente inmovilidad, hay que aguantar la retórica de los discursos que se repiten –lo que llamaba Baudrillard “el infierno de lo mismo”.

“Cuando el cerebelo se aletarga y la respiración se ahoga, es más fácil desmayarse”, anota Nerenberg. “Particularmente cuando un discurso es extremadamente monótono (como suelen ser)”.

Una escena impresionante en Boredom muestra a personas cayendo inconscientes mientras atienden a discursos del presidente Obama y el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, entre otros. Palabras que literalmente dejan inconscientes, llevan al cuerpo a escapar del tedio que lo invade.

“Lo que la gente no comprende es que una cultura monótona y sedentaria es una amenaza para la sociedad”, comenta Nerenberg. “Es aburrido y es fatal”. El comportamiento sedentario, de hecho, ha sido vinculado a condiciones crónicas que incluyen la depresión, la diabetes, enfermedades del corazón y paros cardíacos. Existe, entonces, la muerte por aburrimiento.

Numerosos científicos coinciden en que uno de los principales problemas de salud en la actualidad es pasar 8 horas al día sentados trabajando; este hábito, propio de la era de la información y los ordenadores, merma al cuerpo y la mente de diferentes maneras que apenas estamos detectando. Algunos estudios han vinculado el estar sentado por mucho tiempo con el cáncer de cólon, pecho y endometrio. La razón no es clara, pero se cree que el exceso de insulina favorece el crecimiento celular del cáncer. También debido a que moverse regularmente provoca la liberación de antioxidantes, los cuales acaban con los radicales libres que atacan a las células.

Otras enfermedades vinculadas al sedentarismo son la degeneración muscular, el cansancio crónico, problemas en la columna, pancreatitis y paros cardíacos, estas últimas debido a que los músculos queman menos grasa y la sangre fluye más lentamente cuando se pasa mucho tiempo sentado, haciendo que los ácidos grasos puedan atascar más fácilmente alguna arteria. Además, se ha relacionado el estar mucho tiempo sentado con un aumento en la presión sanguínea y con el colesterol elevado. Tus hábitos sedentarios pueden hacerte más proclive a tener algún problema cardíaco.

Fuente : http://pijamasurf.com/2014/10/la-secreta-razon-por-la-cual-la-escuela-y-la-politica-aburren-tanto/

La escuela neurótica

LA ESCUELA NECESITA UN SHOCK. UN SILENCIO QUE LE DEVUELVA SU PROPIA ESTRUCTURAL DESESPERACIÓN DE YA NO SER; DE YA NO SERVIR

POR: PABLO DOBERTI

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…explica Alonso González de Gregorio, de la consultora de educación The Gregorian Manor House:

la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada. Y aunque los colegios más famosos siguen teniendo muy buenos programas, son antiguos y les está costando renovar su sistema educativo.

Explica el experto en un artículo de título presuntuoso y que me generó interés: “Aquí fabricamos líderes” (El País, 22 de julio de 2014).

La nota habla sobre las escuelas de élite mundial, las poquísimas escuelas de élite mundial que a sus alumnos “les llevarán a ser líderes en el mundo de la política, la empresa, la banca y la cultura”.

Es –como debí prever– una nota pobrísima. No por la nota, que también, sino porque en esas escuelas, como en todas, no hay nada. O si no, lo que en ellas hay, no proviene de la escuela. Estirpe, networks, dineros, élite en general… La escuela es apenas el alojamiento.

No hay nada porque al paradigma vigente no le escapa ni la élite. Es un condicionante demasiado potente que todo lo atraviesa. Las élites griegas también eran ptolemaicas, aunque estuvieran equivocadas. La escuela que no sirve es todas las escuelas.

Y los consultores de siempre, por más reputación que ellos tengan, nos dicen otra vez las mismas obvias cosas. Como Alonso González de Gregorio. Básicamente, nos dicen que estamos equivocados y que la escuela no hace lo que debería hacer.

¿Qué pasa? ¿Tan tontos somos todos? ¿O tan difícil es todo esto?

¿Incluso yo, desde acá, estoy diciendo acaso algo diferente? No. Pero sí estoy seguro de que el proceso de cambio escolar no pasa porque escriba para mis lectores que “la educación actualmente responde a las necesidades de la anterior revolución industrial: lo necesario es hacer el trabajo a tiempo, bien, memorizar. Pero la del futuro es distinta. Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy…”.

Nuestro problema es que no tenemos bien identificado el problema. Y nos vamos con la finta de los falsos problemas. Nuestro problema (el de los sistemas educativos, quiero decir) no es cómo debería ser la otra escuela, la del futuro. Eso lo sabemos; al menos, lo sabemos decir: “Los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías. Una educación muy personalizada”, como nos dice el preclaro consultor. O, como nos lo dice otro consultor, Stephen Kosslyn:

Cuanto una persona más reflexiona sobre un asunto, cuanto más profundamente procesa una información, más fácil le resulta recordarla, porque la reflexión va a desencadenar asociaciones mentales entre aquel asunto y lo que ya está almacenado en su memoria” (…) “El profesor no puede ser más apenas un transmisor de conocimiento” (…) “ tiene que dar clases de aprendizaje activo, involucrando a los alumnos.” (…) “Las clases tradicionales son expositivas, lo que es una excelente manera de enseñar, porque el profesor alcanza al mismo tiempo muchos oyentes, pero es una manera horrible de aprender.

Y podríamos seguir citando.

El problema –me parece– es que dada la configuración simbólica actual de la institución escolar, ese paso de cambio que nos parece obvio y tiene consenso, es en realidad imposible. Imposible estructural. No lo daremos, por más clarividentes que nos bombardeen desde los medios de comunicación.

O sea, nuestro problema no es de orden conceptual, sino simbólico. Para poder ver lo que no vemos (ser lo que no somos), deberíamos cambiar de encuadre simbólico. Ser otros, constitutivamente hablando. Y eso sí que es difícil.

No difícil de dificultad; difícil de imposible. No se puede ser otro. Si se es otro, ya no se es uno. Por eso digo que es imposible.

La escuela no está entendiendo (ni los consultores, claro) que los sistemas educativos necesitan psicoanalistas y no consultores. No necesitamos gente que nos diga qué deberíamos hacer y no hacemos. No lo hacemos no porque no sepamos que lo deberíamos hacer. Nada más obvio para un maestro de cualquier escuela de cualquier ciudad del mundo, que “los alumnos deben ser emprendedores, saber gestionar su tiempo. Y los profesores se convierten en guías”. No lo hacemos porque no se puede, porque nos es imposible hacerlo.

Recordemos que una buena definición de la posición del neurótico –que le aplica a la escuela– es que es quien sabe perfectamente bien, mejor que nadie, por qué no es feliz. Es decir, por qué no hace lo que debería hacer para serlo.

La única manera es transformarnos de cuajo. Y todos a la vez. Pasar al otro lado y tragarnos la llave. Girar. Reconfigurarnos. Dar un salto simbólico. Ser otros, como definición institucional. Dejar esta escuela y hacer otra. Mudarnos, en lo simbólico.

Ese proceso depende de otras variables; se mueve sobre otras guías; tiene otros roles para el tiempo y la escala; pasa –si pasa– por otras cosas. En ese tipo de procesos, casi todo lo que hacemos como corporación educativa (hablar, discutir, publicar, hacer experimentos, probar, aplaudir, justificarnos) no sirve; o peor aún, atenta contra él. En esos procesos no hay progresividad ni planificación. Allí las cosas deben suceder antes de entenderlas y ponderarlas. Allí los actos se imponen a las reflexiones y los silencios tienen más significado que las palabras.

La escuela necesita un shock. Un silencio que le devuelva su propia estructural desesperación de ya no ser; de ya no servir. Un sinceramiento esencial. Un corte. Un acto fuerte y masivo que la ponga de lleno ante lo que no es y debe ser.

Estamos cansados de que nos hablen y estoy cansándome de que nos hablemos. Estoy preocupado por la saturación de discurso justificativo que nos tiene presos. Y de tanta obviedad no realizada. ¿Cuánto más soportaremos que sea Gallup, tras una “investigación”, quien nos venga a contar ahora que “publicó una encuesta que revelaba que haber pasado por estos colegios (los de la élite mundial) o por las mejores universidades no es sinónimo de éxito y felicidad”.

Ya es hora. O no lo será.

Twitter del autor: @dobertipablo

Fuente : pijamasurf.com

La otra escuela

EL MODELO ESCOLAR VIGENTE OPERA CREANDO TRAMAS DE OPINIÓN QUE JUSTIFICAN COMO FATALIDAD LO QUE TENEMOS Y ESTIGMATIZAN COMO AVENTURA SIN SUSTENTO LO QUE SE OFRECE COMO ALTERNATIVA

POR: PABLO DOBERTI – 05/06/2014 A LAS 11:06:16

foto¡Qué complejas somos las personas! Vemos la audacia como riesgo y el miedo y la culpa como buenos consejeros. Todo sería más fácil sin nosotros. Entre otras cosas, tener una escuela mejor.

Estamos atrapados en nosotros mismos. Por eso es tan difícil. Nos domina el argumentario neurótico; la rosca emocional nos tiene secuestrados. Le damos la razón a nuestras miserias. Nos dejamos llevar. Rechazamos por culpa y aseguramos porque nos morimos de miedo. Pero, en lugar de doblegarnos ante nosotros mismos y asumir nuestras innegables dependencias psíquicas y sociales, las volvemos argumentos, razones, premisas, convicciones y hasta causas nobles. Nos enredamos. Nos enfrascamos. Todo lo complicamos. Lo hacemos más difícil de lo que es.

Si algo no funciona y tenemos al menos algunas ideas de cómo podría ser mejor, lo más sensato sería intentarlo, ¿no? Y saber que esas ideas en boceto evolucionarían si se les desplegara, si se les probara y si se les diera confianza. Pero no. En la medida en que el fracaso de lo que tenemos se nos vuelve más evidente, más difícil nos la ponemos. Nos aferramos a lo que no funciona. La neurosis. La ética de la culpa. El elogio del conservadurismo por la conservación misma. Hemos convertido a la escuela en nuestro bastión. Queremos que se justifique, porque se resiste. Nos obsesionamos con que su valor sea su necedad. Nos vale por terca. Se ufana de su atemporalidad antigua. Se autoelogia melosa y constantemente y, si no lo consigue, enseguida se autojustifica en sus fracasos para no dar resquicio. Trabaja para no quebrarse. Trabaja para no modificarse. Se siente pétrea. Y trabaja duro.

Como muchas otras justificaciones de lo injustificable, el modelo escolar vigente opera creando tramas de opinión que justifican como fatalidad lo que tenemos y estigmatizan como aventura sin sustento lo que se ofrece como alternativa. Protegen con una coraza de culpa lo que hay y fuerzan a heroísmos antisociales rayanos en el ridículo a los modelos que podrían venir. Manipulan. Operan políticamente. No dan chance; obligan a máximas aventuras. Arrinconan. Desprestigian.

Es más fácil resistir que proponer. El mundo al revés, otra vez. Eso sucede en la sociedad en su conjunto y lo mismo dentro de la escuela. Es fácil repetir y dificilísimo proponer. Toda una estructura de valores eficiente y dañina. El riesgo del “A ver cómo sería” es enorme. Nos exigen pasar pruebas que no aprobaría el modelo establecido; nos imponen respuestas que no son necesarias; nos juzgan mediante matrices tendenciosas que solo valoran lo que las genera, en una espiral perversa y cerrada. Nos tienen en su trampa.

Por todo esto, nuestra misión es tan obvia como difícil. Y si queremos ir despacio, sentimos que no avanzamos y se nos pasa la vida, y si aceleramos, sentimos el vértigo del ridículo y del aislamiento. Y si nos olvidamos de todo y vamos al frente como si fuera simple y evidente, entonces nuestras propias dudas nos acosan y lo que no viene de fuera nos viene de adentro y nos vuelve a trabar. Pues así somos las personas y así son las cosas. Y la escuela está ahí, inútil y estancada, esperando que la audacia le gane algún día a la cobardía; que la intrepidez se imponga de una buena vez y pasemos al otro lado, hagamos de una vez la otra escuela y luego, más luego y recién luego, en unos 150 años, discutamos profundamente si lo hecho valió la pena.

Twitter del autor: @dobertipablo

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de este blog

Nuestra fuente : http://pijamasurf.com/

Una visión de la educación y de la escuela