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Formación de profesores y Bolonia

Para comprender las reformas de los planes de estudio llevadas a cabo por los países de la UE, con el objetivo de cumplir con las exigencias del Espacio Europeo de Educación Superior, proceso conocido como la realización de los acuerdos de Bolonia, es necesario deslindar las medidas adoptadas y distinguir la autoría que corresponde a los diferentes niveles de decisión que han intervenido en el proceso de concretar las políticas hasta plasmarlas en los planes de estudio.

En el caso de la formación inicial del profesorado, a Bolonia únicamente le corresponde la responsabilidad de llamar título de grado al que se obtenía tras cursar el primer ciclo de la educación superior, lo que conocíamos como diplomatura. El ciclo de licenciatura ha pasado a denominarse master. Bolonia no ha dicho qué duración exactamente debían tener los estudios que conducen a esos dos niveles de titulaciones.

La formación para obtener el título de profesor o profesora de Infantil y de Primaria ha quedado ampliada de tres a cuatro cursos porque es un título de grado y el Gobierno de España decidió en su día que ese nivel de las titulaciones, en general, fuese de esa duración. La responsabilidad de que haya aumentado en un año la formación de profesores de estos dos niveles del sistema educativo ha sido de España y no de Bolonia. Así como también  ha sido responsabilidad del Gobierno español tomar la decisión de que el profesorado de Secundaria tuviese una formación de nivel de master, de un año de duración, que deberá cursarse una vez que se disponga de alguna de las titulaciones de grado.

No es Bolonia quien ha tomado la decisión de que el título de Maestro de Educación Infantil y el de Educación Primaria se hayan independizado (algo discutible por la señal que se emite al plantear esa frontera). La unidad de ambas titulaciones se recupera después parcialmente en la propuesta de elementos formativos comunes. Tampoco Bolonia dice que el nivel de créditos (o de cursos, hablando en un lenguaje más conocido) necesarios para obtener cualquiera de esos dos títulos tenga que ser inferior a los que habrá que cursar para el título (master) de Secundaria, manteniendo una desigual formación para ejercer en los distintos niveles educativos. Las recomendaciones de Bolonia, en este sentido, van en la dirección de que todo el profesorado no universitario tenga una formación equivalente a master.

Extracto de : Lo que se ha hecho en nombre de Bolonia en la formación del profesorado / Josè Gimeno Sacristán.  Cuadernos de Pedagogía, nº 398, febrero 2010, 82-86

El plan Bolonia ya está en marcha

Miles de universitarios de toda Europa tomaron las calles, se enfrentaron a la Policía, convocaron paros. Hubo centenares de heridos, detenciones, destrozos…pero el plan Bolonia ya está en marcha en casi todo el continente.

España ha sido uno de los últimos países en implantar los criterios de convergencia educativa acordados por 29 países europeos en Bolonia hace diez años. Pero después de muchos titubeos y dilaciones ya no hay marcha atrás. En el curso en marcha, 33 universidades están impartiendo 163 grados y se preparan más de 1.000 para el año que viene. El plan entrará en vigor en 2010-2011 y las antiguas enseñanzas se extinguirán en 2015. ¿Los objetivos? Incrementar la competitividad, promover la homologación de títulos, conseguir la movilidad de los estudiantes (y, por lo tanto, la de los futuros trabajadores) por Europa y ajustar la oferta a la demanda social. Sus defensores creen que es un cambio a mejor, sobre todo porque la Universidad tendrá un cariz más práctico y se convertirá en una escuela de futuros profesionales con una investigación rentable. Pero a sus detractores la palabra “rentabilidad” les produce sarpullidos y creen que el Plan Bolonia soluciona los problemas de la universidad pública como la guillotina cura los dolores de cabeza. Fernando Savater ha escrito que “la sustitución de las licenciaturas por grados es justamente una degradación de los estudios y de las titulaciones ; o sea, que los graduados de mañana sabrán menos que los licenciados de hoy y tendrán un título que les abrirá menos oportunidades laborales”. Y es que a la vez que las protestas incendiarias de los anti-Bolonia se han ido apagando,  ha ido creciendo el volumen de los catedráticos indignados con los cambios inminentes. ¿Y en qué consisten esos cambios? A saber : diplomaturas y licenciaturas son sustituidas por grados, que en España durarán cuatro años (en otros países, tres), excepto Medicina (seis) y Veterinaria y Arquitectura (cinco) y algunas ingenierías que se han  quedado fuera de Bolonia. Quien lo desee hará un posgrado : un máster de uno o dos años, obligatorio para abogados, ingenieros superiores y profesores de secundaria. En el currículo no sólo contarán las horas que el alumno pasa en clase, también las que invierte en la biblioteca, en casa, en el laboratorio, en un seminario… y el cómputo correrá a cargo del tutor. Se impone, además, la evaluación continua, lo que significa que cuando el alumno llegue al examen, tendrá en su haber un conjunto de notas previas con un valor del 60 por ciento en la nota final. Un cambio que supone más trabajo para el docente, a cuyo inmovilismo achacan algunos su airadas objeciones.

Los profesores dicen que no ha habido un debate sobre la reforma en la Universidad, sino una orden del legislador que los rectorados han tenido que ejecutar. Y reclaman (con razón) que no haya más recursos para implantar el nuevo modelo, ya que una reforma sin dotación económica es sencillamente un cambio de nomenclatura.

Si las catastróficas predicciones sobre Bolonia se cumplen, o no, sólo podremos juzgarlo con el tiempo.

Fuente : XLSemanal, nº 1.159

Bolonia, irremisiblemente…

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2010 es el año que fija en el horizonte la definitiva puesta en marcha de la polémica reforma universitaria a nivel europeo. La crítica de muchos sectores ha puesto en tela de juicio este proceso. Estos son los puntos clave para entenderlo:

* Sistema comparable de titulaciones. Con ello se persigue una convergencia a nivel de reconocimiento de titulación, pero no de conocimientos, por lo que las universidades tienen libertad para realizar la configuración de sus títulos, ya que se considera que así explotarán mejor sus fortalezas y serán más competititvas.

* Tres ciclos. Partiendo del modelo anglosajón, el sistema consiste en tres etapas o ciclos : grado, máster y doctorado. El primer ciclo tendra un caráctr más genérico, mientras que los que siguen estarán más centrados en la especialización y su precio rondará los 2.000 € por curso.

En España los grados sustituyen a las anteriores licenciaturas y diplomaturas y durarán cuatro años, excepto las carreras de Medicina, Arquitectura y Veterinaria, que se prolongarán hasta los cinco.

*Equivalencia. Nace el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS), mediante el cual a un estudiante, por ejemplo, que haya hecho su carrera en España le resultará más fácil acreditar su titulación en otro país. Además, se crea también el Suplemento de Diploma (SD), un documento en el que se detallan las habilidades y competencias de cada titulado.

* Nuevo modelo de evaluación. El proceso implica un cambio en la forma de enseñanza, a partir de ahora más centrada en el estudiante como protagonista del proceso. Y es que con el nuevo plan, éste deberá tener un papel más activo a través de prácticas, trabajos individuales y en grupo, comentarios, debates… Asimismo, la evaluación por parte del profesor será continua, evitando la acumulación de trabajo en las fechas previas a los exámenes.

* Movilidad y adaptación. A través de los ECTS se quiere favorecer la movilidad estudiantil y laboral en el espacio europeo, en consonancia con el actual programa Erasmus. Un objetivo, no obstante, que está reñido con la actual creación de planes de estudio, ya que no se establecen criterios de convergencia.

* Financiación. Se trata de uno de los puntos más controvertidos y criticados del proceso, ya que la reforma de la financiación universitaria se basará en la diversificación de los fondos, bien mediante el aumento de las tasas a los alumnos, bien mediante inversiones de empresas privadas. En este punto la financiación pública se verá reducida, ya que el fin último es que sean las universidades las encargadas de su mantenimiento económico, propiciando así un sistema mixto de financiación.

Fuente : Educación. Suplemento especial de ABC, 26/06/09