De cómo los libros llegaron a ser una parte importante en la lucha de la II Guerra Mundial

La autora Molly Guptill Manning explica la importancia de la lectura en la victoria americana (When Books Went to War: The Stories that Helped Us Win World War II)

Autora del artículo : Joanna Scutts

SMITHSONIAN.COM 22 de Diciembre de 2014.

La fuerzas armadas de los Estados Unidos no son generalmente conocidas por ser defensoras acérrimas de la libertad de expresión, pero esa es la historia que emerge del nuevo y fascinante libro de Molly Guptill Manning When Books Went to War, una historia del importante programa militar americano de la II Guerra Mundial para imprimir y distribuir libros par los miembros del servicio. En 1944, con la inminente elección presidencial, los Republicanos y Demócratas en el Congreso discutieron los detalles de un nuevo sistema para calcular los votos de las tropas. Cuando se hizo el recuento de los votos de los soldados, el senador republicano Robert A. Taft añadió una enmienda prohibiendo al gobierno distribuir ningún material que pudiera ser considerado propaganda. Para el Consejo sobre Libros en Tiempos de Guerra de los militares, la enmienda era un desastre potencial para el popular programa. La Marina protestó en el sentido de que borrar pasajes ofensivos políticament podría “dar como resultado un cambio en la intención del autor” y dar la impresión de que a los soldados se les ofrecían “medias verdades”. Pero la alternativa-prohibir libros completamente-llevó al consejo a la incómoda posición cercana a la censura de ideas nazi contra la que los americanos se supone que estaban luchando.

La idea de que “los libros estaban interconectados con los valores en cuestión en la guerra” es un punt central del estudio de Manning, que comienza con un relato de una quema de libros en Berlín en 1933, y describe cómo estas provocaciones públicas conmocionaron y enfurecieron a la prensa extranjera. Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra, fueron los bibliotecarios norteamericanos los que encabezaron una campaña nacional para recoger libros para los soldados y enviárselos a las zonas de guerr armados con ideas. Cuando el Departamento de Guerra se encargó en 1943, trabajó con los editores para producir volúmenes especialmente ligeros dentro de un enorme número de géneros, desde novelas de vaqueros hasta poesía victoriana, y desde misterios de asesinatos hasta El Gran Gatsby (el libro incluye un apéndice con una lista de 1.200 títulos). Llegaron hasta teatros de todo el mundo, a vehículos de la policía también, e incluso, si los títulos pasaban la censura, a los campos POW (campos de prisioneros).

Para los mismos soldados los libros eran más prácticos que simbólicos. Nostálgicos del hogar, aburridos y ansiosos, los jóvenes cogían cualquier material de lectura que pudiesen encontrar para pasa el tiempo, y sus cartas expresan vívidamente la importancia de los libros (una carta privada expresa que “son tan populares como las chicas pin-up”.) El enorme alcance de las Ediciones de los Servicios Armados (las tiradas comenzaron en 50.000 y aumentaron a partir de ahí) podía convertir un libro popular en un clásico en un instante. La novela de Betty Smith de 1943 A Tree Grows in Brooklyn-una colección de historias de adultos entre una comunidadde inmigrantes pobre pero amorosa en Nueva York- repercutió tan profundamente en los soldados, que reconocieron su mundo como el de ellos mismos, que varios llegaron a escribir a la autora. “Un arranque de confianza me ha arrebatado y siento que quizás un tipo tiene una oportunidad de luchar en este mundo después de todo”, le contaba a Smith un joven marine herido en batalla.

Después de la prohibición contemplada en el Título V del Senador Taft sobre la distribución de material político, el Consejo de Libros en Tiempos de Guerra movilizó a los medios para protestar por la censura en los términos más fuertes en que fuera posible. La primavera y el verano de 1944 contemplaron una riada de editoriales furiosos condenando la prohibición, mientras el consejo se aseguraba de que los soldados fueran plenamente conscientes de sus consecuencias potenciales. Cuando Taft se reunió con el ejército para discutir la enmienda del Título V, los periodistas le escucharon decir que tres cuartos de los soldados votarían por FDR (Franklin D. Roosevelt) y que los tropas en el extranjero estaban tan ajenas de los temas de actualidad que no se les permitiría votar de todos modos. Una vez hechos públicos, sus comentarios hicieron que la prohibición apareciera como una estratagema política abiertament e incluso sus partidarios lo abandonaron. El Título V fue enmendado de manera que la única restricción permisible sobre qué libros podrían leer los soldados era la dificultad física de transportarlos.
Hablamos con Molly Guptill sobre los libros de la guerra y su legado.

¿Cuáles fueron los orígenes de la Campaña del Libro para la Victoria?
Las quemas de libros en Alemania en los años 30 provocaron discusión en América y en todo el mundo sobre por qué se atacaban los libros y cómo los americanos podrían contrarrestar esta purga de ideas. En todos los países que Alemania invadía, los libros
que contenían puntos de vista antagonistas a la plataforma nazi eran destruidos. Los bibliotecarios americanos decidieron que la mejor manera de contraatacar era animar a los americanos a leer más, haciendo de los libros armas en la “guerra de ideas”.
Así que comenzaron a recoger libros para distribuirlos a los miembros del servicio, lo que ofrecería un entretenimiento muy necesitado y reforzaría la moral en los campos de entrenamiento.
Lo que llegó a ser conocido como la Campaña del Libro para la Victoria movilizó a los civiles americanos a donar 18 millones de libros entre 1942 y 1943. Los bibliotecarios organizaron campañas de publicidad, concursos de colecciones, trabajaron con organizaciones como los Boy y Girl Scouts para recoger colecciones de puerta en puerta, lanzaron historias a los periódicos, y repartieron receptáculos de donaciones de libros a través de sus ciudades y poblaciones.

¿ Por qué se dió fin a la campaña de donaciones, para reemplazarla por las Ediciones de los Servicios Armados?
Primero, muchos de los libros donados no encajaban con los gustos de lectura de los jóvenes (se donaron miles de libros infantiles, por ejemplo). Los bibliotecarios tuvieron que ordenar laboriosamente los libros que recogían, para enviar sólo los mejores. Y los libros donados eran básicamente de pastas duras, de manera que cuando se enviaban al extranjero resultaban demasiado pesados y difíciles de transportar.
Estos problemas plantearon la necesidad de edicione en rústica de los libros que les gustan especialmentea los jóvenes. Los editores americanos se unieron y
formaron un grupo llamado el Consejo de Libros en Tiempos de Guerra, y finalmente desarrollaron libros en rústica a la medida de las tropas llamados Ediciones de los Servicios Armados, que estaban diseñados para ajustarse en el bolsillo de la cadera o del pecho de un uniforme militar y se imprimieron títulos que los soldados acogieron con gusto.

¿Cómo fueron elegidos los libros de Ediciones de
los Servicios Armados?
Con gran cuidado. Los editores recopilaron primero listas de bestsellers y otros títulos atractivos ; luego un grupo de lectores pagados examinó cada libr y subrayó todos los pasajes que fueran ofensivos, discriminatorios o pudiesen favorecer al enemigo.
Estos se revisaban más a fondo, y el ejército y la marina tenían la última palabra.
Los editores fueron sorprendentemente liberales en los títulos que imprimieron. En lugar de evitar libros sobre Hiler o la Alemania nazi, el consejo publicó Der Fuehrer : Hitler’s Rise to Power, una biografía del líder nazi escrita por el periodista
germanojudío Konrad Heiden. También imprimieron libros considerados indecentes en los Estados Unidos: títulos como Strange Fruit y Forever Amber estaban ambos prohibidos en algunos estados y ciudades porque contenían escenas de sexo. [Strange Fruit, la historia de un romance interracial : su distribución a través del Servicio Postal de los EEUU fue brevemente prohibida hasta que Eleanor Roosevelt
empujó a su marido a intervenir.] Los lectores pagados del consejo aconsejaron en contra de imprimir esos libros “basura”, y la discusión se puso tan al rojo vivo que se presentó al comité ejecutivo del consejo, que decidió a favor de su publicación.

¿Cuál fue el impacto perdurable de la campaña?
El recluta medio de la II Guerra Mundial tenía una educación de grado 11 y no leía libros. Durante la guerra, éstos eran el único entretenimiento. Muchos miembros del servicio volvieron a casa con un gusto por los libros. Gracias a la popularidad de estas
ediciones de los Servicios Armados, los editores empezaron a lanzar ediciones de bolsillo para civiles,de manera que los veteranos volvieron para encontrarse con un comercio floreciente de libros de bolsillo.
Las Ediciones de los Servicios Armados también motivaron a muchos soldados a ir a la universidad, una vez que les quedó claro que podían disfrutar de la lectura y el estudio. Unos dos millones de veteranos, que nunca habrían ido a la universidad antes de la guerra, se vieron firmando la matrícula de una universidad gratuita.
En 2002 el proyecto Legacy revitalizó las Ediciones de los Servicios Armados y envió libros de bolsillo a los americanos que  sirven en todo el mundo. A día de hoy la marina es distribuyendo lectores electrónicos cargados con libros populares de manera que los miembros del servicio siempre tengan siempre cientos de libros al alcance de sus dedos. Así que la tradición de ofrecer libros para ayudar a hombres y mujeres en su servicio lejos de casa continúa.

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