La producción en cadena de ciudadanos alienados

deliberada
Lo que sigue a continuación forma parte de un magistral libro del galardonado ex profesor John Taylor Gatto  (Historia secreta del sistema educativo):
La historia oficial de por qué escolarizamos no es más comprensible hoy en día de lo que era ayer. Pocos años antes de que yo abandonara, comencé a intentar encajar las piezas: de dónde venía este proyecto escolar, por qué tomó la forma que tomó y por qué cada intento de cambiar ha acabado en un fracaso abismal.
Por ahora he invertido la mayor parte de una década buscando respuestas. Si quiere una historia convencional de la escolarización, o educación como se la llama descuidadamente, mejor debería dejar de leer ahora.
Esto es en parte una narración privada, el mapa de la mente de un profesor a medida que seguía la pista de los hilos de la telaraña en que estaba envuelto, en parte una narración pública, un registro del último capítulo de una vieja guerra:el conflicto entre sistemas que ofrecen seguridad física y certidumbre a costa de suprimir la libre voluntad, y los que ofrecen libertad al precio de riesgo constante.
La gente corriente envía sus hijos a la escuela para que sean inteligentes, pero lo que enseña la escuela moderna es la estupidez. Es una idea religiosa fuera de control. No tiene que aceptar esto, sin embargo, para darse cuenta de que esta clase de economía estaría amenazada si demasiada gente inteligente supiera demasiado.
La estupidez a la antigua acostumbraba a ser simple ignorancia. Ahora la ignorancia ha sido transformada en categorías matemáticas permanentes de estupidez relativa como «dotados y con talento», «grupo principal» o «educación especial». Categorías en que el aprendizaje es racionado para bien de un sistema de orden. La gente estúpida ya no es simplemente ignorante. Ahora es adoctrinada, su mente condicionada con dosis sustanciales de desinformación preparada comercialmente con propósitos tranquilizadores.
 
Jacques Ellul, cuyo libro Propaganda es una reflexión sobre el fenómeno, nos avisó de que los niños prósperos son más susceptibles que los otros a los efectos de la escolarización, porque se les promete más confort y seguridad permanentes a cambio de la rendición total:
El juicio crítico desaparece completamente, porque de ninguna forma puede jamás existir juicio crítico colectivo […] El individuo no puede seguir juzgando por sí mismo porque inevitablemente relaciona sus pensamientos con todo el complejo de valores y prejuicios establecidos por la propaganda. Respecto a las situaciones políticas, se le dan hechos juicios de valor investidos con el poder de la verdad por […] la palabra de expertos.
 
La nueva estupidez es particularmente mortal para los chicos de clase media o media-alta, ya hechos superficiales por múltiples presiones para conformarse, impuestas por el mundo exterior a sus padres normalmente ligeramente arraigados. Cuando llegan a adultos, están convencidos de que tienen que saber algo porque sus títulos y licencias eso dicen. Permanecen así convencidos hasta que un divorcio inesperadamente brutal, una reducción de personal a media edad o ataques de pánico sin sentido perturban el equilibrio precario de su humanidad incompleta, de sus vidas adultas nacidas muertas. Alan Bullock, el historiador inglés, dijo que el mal era un estado de incompetencia. Si eso es cierto, nuestra aventura escolar ha llenado el siglo XX con el mal.
Ellul lo describe así:
El individuo no tiene ocasión de ejercer su juicio sea en cuestiones de principio o en sus implicaciones. Esto lleva a la atrofia de una facultad no ejercida con facilidad bajo [las mejores] condiciones […] Una vez el juicio personal y las facultades críticas han desaparecido o se han atrofiado, no reaparecerán simplemente cuando la propaganda se suprima […] se necesitarían años de educación intelectual y espiritual para restaurar esas facultades. El que está sometido al influjo de la propaganda, al ser privado de una propaganda, adoptará inmediatamente otra. Esto le ahorrará la agonía de encontrarse vis a vis con un acontecimiento sin una opinión confeccionada.
  
Una vez los mejores niños son rotos por un sistema así, se desintegran moralmente, pasando a ser dependientes de la aprobación del grupo. Una alumna de mérito nacional de mi propia familia escribió una vez que su sueño era ser «una pequeña parte de una gran máquina». Eso me rompió el corazón. Lo que los chicos atontados por la escolarización no pueden hacer es pensar por sí mismos o estarse tranquilos alguna vez durante mucho rato sin sentirse locos. Los chicos y chicas idiotizados muestran dependencia explotable de muchas formas por las personas mayores especialistas en ello.
De acuerdo con los análisis oficiales, la estupidez no se enseña (como sí mantengo), sino que es innata en un gran porcentaje de lo que se ha venido en denominar «fuerza de trabajo». La expresión misma fuerza de trabajo debería decirle a usted mucho sobre la mente que gobierna la sociedad moderna. De acuerdo a los informes oficiales, sólo una pequeña fracción de la población es capaz de lo que usted y yo llamamos vida mental: pensamiento creativo, pensamiento analítico, pensamiento crítico, una tríada que ocupa las tres posiciones más altas en la Taxonomía de objetivos educativos [Taxonomy of Educational Objectives] de Bloom. Sólo una fracción tan pequeña que le impresionaría. De acuerdo con los expertos, la gran mayoría de la masa es estúpida más allá de cualquier esperanza, incluso de forma peligrosa. Quizás sea usted cómplice voluntarioso de este golpe social que ha hecho revivir el sistema de clases inglés.
Si cree que no se puede hacer nada por el tonto excepto dar amabilidad, porque se trata de la biología (el modelo de la curva de campana); si cree que los opresores capitalistas han arruinado a los estúpidos porque son malos (el modelo neomarxista); si cree que la estupidez refleja una fibra moral depravada (el modelo calvinista); o que es el modo de la naturaleza de descalificar a los inadaptados de las oportunidades de reproducción (modelo darwinista); o que es el modo de la naturaleza de proveer alguien que le limpie el baño (el modelo elitista pragmático); o que es evidencia de mal karma (el modelo budista); si cree cualquiera de las diferentes explicaciones dadas para la posición de los estúpidos en el orden social que tenemos, entonces estará obligado a admitir que una vasta burocracia es verdaderamente necesaria para dirigir a los estúpidos. De otra forma nos asesinarían en la cama.
La sorprendente posibilidad de que la gente tonta no exista en suficiente número para garantizar las carreras dedicadas a vigilarla le parecerá increíble. Sin embargo esa es mi proposición: la estupidez masiva tuvo que ser imaginada primero. No es real.
La escolarización obligatoria surgió de la nueva lógica de la Era Industrial, la lógica impuesta en la naturaleza humana por el combustible fósil y la maquinaria de gran velocidad.
Tras la Guerra Civil, el análisis especulativo utópico respecto al aislamiento de los niños en recintos de custodia, donde podían ser sometidos a prácticas deliberadas de moldeado, comenzó a discutirse seriamente por las élites políticas del Nordeste de los negocios, gobierno y vida universitaria. Estas discusiones fueron inspiradas por una creciente comprensión de que el potencial productivo de la maquinaria impulsada con carbón era ilimitada. El desarrollo del ferrocarril, hecho posible por el carbón, y sorprendentes nuevas invenciones, como el telégrafo, parecían de repente hacer la vida de pueblo y los sueños locales irrelevantes. Estaba surgiendo una nueva mente gobernante en armonía con la nueva realidad.
La motivación principal para esta revolución en la vida familiar y comunitaria podría parecer ser la codicia, pero esta apariencia superficial esconde visiones filosóficas que se aproximan en intensidad a la exaltación religiosa: de que el efectivo adoctrinamiento precoz de todos los niños debería llevar a una sociedad ordenada científicamente, controlada por la mejor gente, liberada ya de la obsoleta camisa de fuerza de las tradiciones democráticas e históricas actitudes libertarias norteamericanas.
La escolarización obligatoria era la medicina para llevar a toda la población continental a la conformidad con estos planes, de forma que pudiera ser considerada como un «recurso humano» y gestionada como una «fuerza de trabajo». No se permitirían más Ben Franklin ni Tom Edison: constituían un mal ejemplo. Una forma de controlar esto era ocuparse de que se impidiera a los individuos hacerse cargo de sus vidas activas hasta una edad avanzada, cuando el ardor de la juventud y su insufrible autoconfianza se hubieran enfriado.
Una vez se desea la existencia de los tontos, estos sirven para valiosas funciones: como peligro que son para sí mismos y para los otros tienen que ser vigilados, clasificados, disciplinados, adiestrados, medicados, esterilizados, metidos en guetos, engañados, coaccionados, metidos en la cárcel. Para los idealistas representan un desafío, réprobos a quienes hacer socialmente útiles. No importa del modo que quiera verlo, cientos de millones de niños perpetuos requieren atención pagada de millones de adultos custodios. Una horda ignorante que ser escolarizada de una forma u otra.
La dinámica decisiva que hizo a la escolarización obligatoria venenosa para el saludable desarrollo humano no es difícil de detectar. El trabajo en las aulas no es un trabajo significativo: falla en satisfacer las necesidades reales que urgen al individuo. No responde a preguntas reales que la experiencia despierta en la mente joven. No contribuye a resolver ningún problema encontrado en la vida real. El efecto neto de hacer todo el trabajo escolar externo a los anhelos, experiencias, preguntas y problemas individuales es hacer a la víctima apática.Este fenómeno ha sido bien entendido por lo menos desde el tiempo del movimiento de cercado británico, que sacó a los pequeños granjeros fuera de sus tierras para trabajar en fábricas. El crecimiento y la maestría llegan sólo a quienes se guían vigorosamente por sí mismos. Iniciar, crear, hacer, reflexionar, asociar libremente, disfrutar la privacidad, eso es precisamente lo que las estructuras de la escolarización están preparadas para impedir, con un pretexto u otro.
El texto escolar de Moby Dick había sido desnaturalizado sutilmente: peor que inútil, era de hecho peligroso. Por eso lo deseché y compré un conjunto de textos no amañados con mi propio dinero. La edición escolar de Moby Dick planteaba todas las preguntas debidas, así que tuve que tirarlo. Los libros de verdad no hacen eso. Los libros de verdad exigen a la gente que participe activamente planteando sus propias preguntas. Los libros que muestran las mejores preguntas que plantear no son simplemente estúpidos, dañan a la mente bajo el disfraz de ayudarla: exactamente lo que hacen los exámenes estandarizados. Los libros de verdad, a diferencia de los libros escolares, no pueden ser estandarizados. Son excéntricos: ningún libro encaja en todo el mundo.
Si piensa sobre ello, la gente escolarizada, como los libros escolares, es muy parecida. Algunos encuentran eso deseable por razones económicas. La disciplina que organiza nuestra economía y nuestra política deriva de ejercicios matemáticos e interpretativos, la exactitud de los cuales depende de que los clientes sean muy parecidos y muy predecibles. La gente que lee demasiados libros se vuelve estrafalaria. No podemos tener demasiada excentricidad o ella nos llevaría a la ruina. El estudio de mercado depende de que las personas se comporten como si fueran iguales. No importa en realidad si lo son o no.
El propósito religioso de la escolarización moderna fue anunciado claramente por el legendario sociólogo de la Universidad de Wisconsin Edward A. Ross en 1901 en su famoso libro, Social Control. Su bibliotecario debería poder localizar un ejemplar para usted sin mucho esfuerzo. En él Ed Ross escribió estas palabras para sus destacados seguidores: «Hay planes en marcha para reemplazar a la comunidad, familia e iglesia con propaganda, educación y medios de comunicación de masas […] el Estado se sacude sus ataduras con la Iglesia, se extiende hasta la Escuela […] Las personas son sólo pequeños terrones maleables de pasta humana».
 
La escuela fue diseñada para servir a una oculta economía de mando y a un orden social deliberadamente reestratificado. No fue hecha para el beneficio de los niños y las familias tal como esos individuos e instituciones definirían sus propias necesidades. La escuela es la primera impresión que los niños tienen de una sociedad organizada: como la mayoría de las primeras impresiones, es la que queda. La vida según la escuela es aburrida y estúpida, sólo el consumo promete alivio: Coca-Cola, Big Macs, vaqueros de moda, ahí es donde se encuentra el significado real, esa es la lección del aula, aunque sea dada indirectamente.

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