Las alturas y la marcha atlética

Existen dos razones fundamentales  para preparar la marcha en altura : 1) los efectos fisiológicos ; 2)los efectos sobre el resultado o performance.

El tema de los efectos fisiológicos es el  gran clásico en materia de alturas. La hipoxia (menos oxígeno debido a la altura) tiene como objetivo mejorar la eficacia de metabolismo aerobio en el organismo : se trata de mejorar y optimizar el transporte de oxígeno en el organismo, de su captación en los pulmones hasta su transformación en energía en el músculo.

Uno de los objetivos es el aumento del número de glóbulos rojos, que juegan un papel capital en la utilización y el transporte de oxígeno.

Para conseguir este objetivo, es necesario que la duración de la práctica   sea lo suficientemente larga : existe acuerdo en especificar que sean al menos 3 semanas y que ésta se desarrolle a una altura suficientemente elevada, como mínimo 1500 m. hasta un máximo de 2400-2500 (más allá los mecanismos de adaptación se complican).

Cuando un atleta practica varias veces en las alturas a lo largo de una temporada, la duración es de menor importancia en tanto en cuanto el organismo esta habituado al entrenamiento en hipoxia.

En cuanto a los efectos sobre la performance hay que recurrir al conocimiento práctico esta vez, en lugar de a la ciencia como en el anterior. Se trata de constatar si, a la vuelta de una sesión en las alturas, el atleta está más fuerte que antes de esta práctica.

Uno de los objetivos de base del entrenamiento es mejorar la performance. Para juzgar la eficacia de una preparación en altura, no vamos simplemente a verificar que las performances mejoran, también se va a investigar si esta mejora es superior a la que tendría lugar en un entrenamiento sobre suelo llano.

Este aspecto es fundamental : si un atleta obtiene una performance mejor a la  vuelta de una sesión en altura que la que tenía antes de practicarla, y si su performance es mejor que si se entrena a nivel del mar, entonces la cuestión de recurrir o no a la altura no ha lugar : hay que utilizar la altura. Por el contrario, si no se constata esta mejora tras la marcha en altura, no es necesario recurrir a ella. Hoy en día está en boga la tendencia a considerar que no hay buena preparación si no se recurre a la altura. Esto no son más que prejuicios. Un atleta al que la altura no le aporte nada o que se adapta mal a la misma, tiene que convencerse de que una  buena preparación al nivel del mar será más benéfica que una sesión en altura en condiciones óptimas.

Extracto de : Chirat, Pascal. “Intérêt de l’altitude pour la marche athletique”. En : AEFA : la revue de l’Association des entraîneurs français d’athletisme, nº 204, dec. 2011, 4º trim.

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