Las artes en el ámbito escolar

En cualquier ajuste curricular ha sido siempre necesaria una justificación de la frágil presencia de las artes en los programas escolares. La escuela, entendida como institución para la transmisión de la cultura y el conocimiento, se ha debatido siempre en el diseño un currículo compensado que incluyera una necesaria formación humanística y, al mismo tiempo,  que preparase sujetos competentes en el actual contexto socioeconómico, donde existen unos valores más directamente ligados a la inserción en un mercado laboral productivo.  A veces no resulta fácil conciliar ambos planteamientos sin que uno de ellos se vea mermado en su esencia. Se hace necesario, pues, no sólo insistir en la ampliación de las opciones curriculares, sino también abogar por una profunda transformación del enfoque educativo vigente, donde las artes se revalorizarían como fundamento para el desarrollo del aprendizaje.

En relación con esta última idea, somos conscientes de que la reivindicación de solicitar más horas para las artes en el currículo escolar exige ya un cambio de estrategia. Está comprobado que no ha existido una argumentación convicente para las personas que,  desde las administraciones educativas, deben tomar estas decisiones (en este sentido, quizá debiéramos centrar más nuestra reflexión en el qué, cómo y porqué, más que en el cuanto). Tampoco se ha conseguido sustutuir el modelo de las artes entendidas sólo como desarrollo de habilidades y técnicas de expresión o como mera producción de objetos y representaciones subsidiarias de otras áreas de conocimiento. Y fuera del ámbito educativo, todavía está arraigada su comprensión como sostenimiento de una élite cultural que precisa del consumo del arte como un registro de lujo, modelo avalado muchas veces por políticas culturales que ofrecen cobertura a la producción y mercantilismo de las manifestaciones artísticas en general.

Pensamos que una definitiva orientación del sentido de las artes en los programas de todos los niveles educativos, desde los ciclos iniciales de la educación infantil hasta la formación universitaria, puede y debe ofrecer una trascendencia al proyecto de aprendizaje no sólo desde lo meramente académico, sino también desde una identificación y conexión con la vida y sus posibilidades. Es decir, concretar en el currículo todo lo que pueda resultar ajeno o poco significativo, para convertirlo en experiencias integradas con las necesidades e intereses de los educandos. Esto permitiría visualizar las relaciones simbólicas que estructuran el mundo que comparten y al que pertenecen. De esta manera, la escuela no sería sólo un lugar para transferir conocimientos, sino para interpretar los significados y significantes que permiten entender la educación como una manera de representar opciones de futuro en la transformación simbólica de la realidad; y el aprendizaje, una acción de placer psíquico que no puede estar desvinculada de lo afectivo y del bienestar emocional de los educandos, algo que sería fundamental para afianzar las competencias escolares.

Extracto de : Abad, Javier. Visibilidad del símbolo en la escuela a través de las artes. Aula de Innovación Educativa, 190, marzo 2010

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