Educación artística y educación para la vida

Debemos educar – por supuesto – para la convivencia eficiente, útil y práctica del mundo del trabajo, del comercio o del consumo. Pero también debemos educar para la vida plena y trascendente que surge de la convivencia solidaria, del afecto desinteresado, de la responsabilidad on el medio y de la expresión de nuestros sentimientos. Debemos educar para la vida.

Pero vivimos en un mundo incierto en el que parece que todo vale ; y en el que se vuelve casi indistinguible lo que vale más de lo que vale menos; en un mundo en el que prevalece el miedo. En ese contexto, ¿qué significa educar para la vida? Frente a la incertidumbre, nos dice Savater, la humanidad  debe aferrarse a esas grandes fuerzas que la han guiado a lo largo de su historia ; la ética y la estética.

Nuestros jóvenes no pueden crecer sin criterios propios en un mundo en el que se diluyen el imperativo moral de luchar por aquello que es humanamente correcto o noble o el imperativo estético de expresarnos mediante creaciones artísticas que nos conmuevan. Pero cuidado : no podemos educar ni en los valores inmutables de los conservadores ni en la cómoda ambigüedad de los relativistas, sino en la búsqueda de qué es lo que nos permite vivir juntos, con respeto, con simpatía, con solidaridad, con afecto, con  gusto ; reconociéndonos y aceptándonos en nuestra diversidad.

Educamos para cultivar esa parte de nuestra naturaleza humana que no viene inscrita en el código genético, sino en nuestra historia. Educamos para la cultura, para los derechos humanos y para eso que hemos llamando un desarrollo sostenible. Educamos para el ejercio crítico pero sensato – o sensato pero crítico- de la ciudadanía democrática. Educamos para identificar y enfrentar la injusticia y para cerrar esas brechas que nos separan. Educamos para asimilar las nociones más abstractas del pensamiento, para entender y disfrutar las formas más sublimes del arte, así como para manejarnos en los aspectos más triviales pero indispensables de la vida cotidiana : cambiar un fusible, abrir una cuenta bancaria, reparar una silla rota,  instalar la computadora, pegar un botón.

Finalmente, educamos contra la superstición y la tiranía, que suelen alimentarse mutuamente ; educamos para que prevalezcan la memoria, el afecto, y la razón, de manera que no se repitan los errores del pasado.

Fueron palabras de : Garnier, Leonardo. Educación artística : educación para la vida. En : Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. IIª época, octubre 2009, nº 74-75, pp.21-26

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