Sonido y relajación en infantes

Actualmente, según la opinión de muchos profesores, el mayor problema de las niños en la escuela es la dispersión y la falta de atención. Aumentan los casos de niños que, sin ser hiperactivos, tienen problemas de atención y de concentración.

Es importante empezar a dar prioridad a la atención y a la relajación como base para cualquier actividad que queramos introducir de dominio académico o artístico.

Si bien es cierto que los niños en estas edades suelen tener una capacidad de atención de duración breve, al potenciar la relajación, mejoramos considerablemente los resultados auditivos, memorísticos y una mejor concentración.

Parar es importante para la mente. Podemos obtener un mayor equilibrio psicológico y emocional, y a la vez, conseguimos que el tiempo de escucha vaya aumentando.

Crear el hábito de “aprender a escuchar” a edades tempranas puede ser útil a muchos niveles.

Desde el día de su nacimiendo el bebé se encuentra rodeado de ruidos y de sonidos mezclados. Aterrizar en un mundo de ruidos no es agradable, y el bebé se ve envuelto en toda clase de sonidos agresivos. Las canciones de cuna de la madre o del padre le producirán placer, y pueden ser como un bálsamo afectivo, pero no siempre llegarán a calmar todos sus miedos e inseguridades para relajarle y ayudarle a conciliar el sueño.

Es el momento para empezar a aprender a escuchar.

Será entonces cuando podremos ayudarle a discriminar a nivel auditivo y así podrá disfrutar de los sonidos agradables, procurando que escuche el canto de los pájaros o los sonidos de la naturaleza como el mar o la lluvia. Estos sonidos le prepararán para tener una mayor sensibilidad a nivel musical, para centrarse, para iniciarse en la relajación. Si no lo hacemos estos primeros años, en poco tiempo aprenderá a cerrar sus oídos.

La desatención del oído lleva a un mayor empobrecimiento de nuesto sentido auditivo. En realidad nos induce a oír sin escuchar.

La escucha de diferentes sonidos musicales tiene como respuesta reacciones con movimientos físicos y alteraciones del ritmo cardiaco. Se ha constatado que las frecuencias graves tienen un efecto más relajante que las agudas, y que un ritmo regular, suave, repetitivo y lento, calma y tranquiliza.

Si queremos aportar un grano de arena para mejorar nuesrtra futura sociedad, los niños que aprendan a escuchar conseguirán mejores resultados a nivel escolar, pero también a nivel humano ya que se trata de difundir el intercambio, la comunicación social, y abrir las puertas al diálogo.

Si queremos vivir en un mundo en el que podamos comunicar unos valores, de poco servirá transmitirlos si tenemos futuros adultos incapaces de disfrutar del silencio y de la escucha.

Extracto de : Eulàlia Abad. Observación de la relajación y el sonido en niños de dos años. En : Música y educación, nº 81

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