La sobreeducación

sobreeducación La revista Papers publica en su nº 91 un artículo titulado Consecuencias sociales y culturales de la sobreeducación, cuyo autor es Rafael Gobernado Arribas. Su objetivo ha sido estudiar los efectos de la sobreeducación en la sociedad española actual .

Pero ¿qué es la sobreeducación? Existe sobreeducación cuando la población que constituye la demanda laboral posee un nivel educativo formal superior al que exige la oferta de empleo. Sobreeducación, por tanto, es sinónimo de infraocupación. Como se sabe, la educación (y también la sobreeducación)  es un concepto diferente al de formación en el puesto de trabajo : la educación se adquiere en organizaciones educativas al efecto y la formación se adquiere en las empresas o organizaciones en que se trabaja. Mientras que el ensamblaje entre formación y empleo es natural y espontáneo, el ensamblaje entre educación y empleo es más convencional.  La sobreeducación se produce no en el acceso al  mercado laboral o primera ocupación, sino también en la propia estructura del mercado de trabajo. Es decir,  tiene lugar en cualquier edad de la población ocupada

La educación, entiende el autor, es un factor relativamente controlado por el actor que sirve para mantener o mejorar el estatus. Por lo tanto, se debe entender que la sobreeducación es un fracaso y produce algún tipo de desazón que se manifiesta y compensa de diversas maneras. De acuerdo con esto,  se han determinado tres ámbitos en los que puede tener lugar esa desazón y su compensación posible : el ámbito laboral, el privado y el político.

Pero también, en una sociedad más moderna, se produce un mayor grado de incoherencia social y cultural en las mismas personas que en una sociedad más tradicional.  En una sociedad moderna se acaba por aceptar más fácilmente como normal la incoherencia entre educación y empleo. Posiblemente esto explique las escasas consecuencias sociales de la sobreeducación.

Estas  consecuencias han sido clasificadas en tres categorías : consecuencias empresariales u organizacionales, consecuencias privadas y consecuencias de carácter social o político. Se supone que los problemas de sobreeducación en la empresa u organización han de ser solucionados por el empresario o empleador, los problemas privados han de ser solucionados por cada cual y  los públicos han de ser solucionados por los políticos correspondientes.

La sobreeducación no plantea problema en la empresa. La población con estas características no es especialmente conflictiva ni está especialmente en contra del funcionamiento de la empresa u organización. Sin embargo, para que esa situación se mantenga, parece importante que la persona sobreeducada debe pensar que tiene expectativas de promoción, bien dentro de la empresa o bien en otra (el interés por cambiar de puesto de trabajo entre los sobreeducados es muy alto). En caso contrario, la población sobreeducada presenta insatisfacción en el trabajo y escaso interés por la empresa.

No parece tanto que la sobreeducación afecte mucho a la vida privada de la población en cuestión. Los niveles de satisfacción son semejantes a los del resto de la población. Esto se corresponde, no obstante, con un mayor interés por parte de los sobreeducados por estar con los amigos y por llevar a cabo actdividades de ocio y aficiones. Se aprecia que los amigos y aficiones pueden servir de compensación a nivel privado. Asimismo, la población sobreeducada tiene bastante más propensión a pertenecer a asociaciones (sobre todo asociaciones vecinales, culturales, benéficas, profesionales y políticas). En cierta forma, esta propensión al asociacionismo puede considerarse como otra forma de compensación privada el presumible descontento de la sobreeducación.

En España, el interés por la política es muy bajo en general. Sin embargo, la población sobreeducada tiene un marcado interés por hablar de política en su entorno social. También está más radicalizada, está más dispuesta a llevar a cabo actividades violentas para hacer valer sus derechos. No obstante, es ligeramente más de derechas y levemente más religiosa que el resto de la población no sobreeducada. La población sobreeducada tiende a identificarse con una clase social más alta que la no sobreeducada.

Para terminar la población sobreeducada en España prefiere volcar al espacio público su descontento o insatisfacción, en vez de hacerlo contra la empresa u organización en la que trabaja o contra sí mismo. Este tipo de persona consigue compensar de una u otra forma su desazón sin proyectarla sobre el ámbito laboral ni sobre el privado. Posiblemente culpen de su situación más al estado y a la sociedad que a otra cosa.

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